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Las claves

Cuando tres ingenieros españoles -Rafel Jordà, Jordi Barrera y Aleix Megías- decidieron fundar Open Cosmos, apenas estábamos en la antesala de la revolución espacial que vivimos hoy en día. Era el ya lejano 2015, y lo que se buscaba era abaratar y simplificar el acceso al espacio mediante satélites pequeños en órbita baja. Ahora, una década más tarde, la soberanía europea entra en juego como un factor más a favor de empresas como ésta que albergan la esperanza del Viejo Continente de plantar batalla a los colosos extranjeros más allá del cielo.

No en vano, este proveedor integral de misiones espaciales (cubre desde el diseño y la fabricación hasta el lanzamiento, la operación y la explotación de los datos generados desde órbita) viene ampliando año a año sus credenciales. En 2023, Open Cosmos cerró una ronda de financiación por valor de 50 millones de dólares; poco antes de firmar un contrato de 34,6 millones de euros con la Agencia Europea del Espacio para construir tres satélites de la misión NanoMagSat.

Justo este septiembre, ha culminado una nueva ronda en la que ha cosechado 300 millones de euros de inversores como Lightrock, ETF Partners, Institut Català de Finances (ICF), Entrepreneurs First y dos importantes fondos de pensiones internacionales, así como de A&G Global Investors, Santander Alternative Investments y Sankara.

En esta senda, el pasado mayo, la firma nombró a Pedro Mier presidente de su filial española. El expresidente de Ametic, con una trayectoria de más de tres décadas en la industria digital, las telecomunicaciones y el ámbito espacial, conocía a Rafel Jordà desde los primeros años de la empresa. No aterriza, por tanto, en una compañía desconocida, sino en un proyecto al que siguió desde que su fundador apenas comenzaba a levantar una startup que hoy trata de competir en una órbita bastante más poblada y políticamente cargada.

Y es que los rivales se multiplican, pero también la ambición de la startup española, con sede legal en Reino Unido. A comienzos de 2026, Open Cosmos activó los primeros satélites de una constelación de conectividad en banda Ka y anunció ConnectedCosmos, una iniciativa con la que pretende ofrecer comunicaciones seguras, resilientes y de orientación europea, combinadas con observación de la Tierra. El proyecto se apoya en derechos prioritarios de espectro concedidos por Liechtenstein y aspira a desplegar una primera fase de 48 satélites antes de finales de 2027, dentro de una arquitectura que podría alcanzar varios centenares de unidades.

Con la playa del Sardinero como telón de fondo, Pedro Mier se sienta con DISRUPTORES - EL ESPAÑOL para repasar la trayectoria de la firma que ahora representa y sus planes más inmediatos. Comienza alabando la labor de los fundadores de Open Cosmos, con una visión joven y marcadamente internacional desde un inicio.

"Yo conocí a Rafel cuando llevaba un año con la empresa y, ya desde el inicio, me pareció una persona con ideas muy, muy brillantes. La trayectoria suya y de la empresa lo demuestra. La fundaron tres ingenieros españoles con 25 años y han construido una compañía con una expansión francamente grande, pero sobre todo con un modelo de negocio y una forma de hacer muy diferentes. Cada vez que interviene en un país actúa de una manera muy local: tenemos sedes tecnológicas y de fabricación en España, Portugal o Grecia. Es más que una multinacional: tiene una lógica multinacional en todos los sentidos, desde la mentalidad hasta la forma de proceder", explica el ejecutivo.

Pedro Mier, presidente de Open Cosmos España. DISRUPTORES

Dicha vocación distribuida responde también a un criterio industrial. Así pues, la fabricación no se concentra en una única planta, sino que se reparte en función de la carga de trabajo, las necesidades de flexibilidad y, de manera creciente, las exigencias de producción local que imponen algunos contratos. En el caso de la futura constelación de conectividad, Mier asegura que la empresa ha alcanzado una cadencia de un satélite al día, aunque evita concretar las cifras completas de unidades ya fabricadas o la secuencia de lanzamientos prevista.

"Tenemos un concepto de fabricación extendida y ahora mismo somos la empresa de satélites que fabrica más satélites en Europa. Estamos fabricando un satélite diario para atender a esta constelación, y la ampliación de capital va por esa vía", señala. "Lo que estamos haciendo es lanzar esa constelación y ampliar la capacidad industrial para atenderla".

Tres negocios para un mismo espacio

La empresa organiza su actividad en tres áreas, puesto que su modelo de negocio no consiste únicamente en entregar hardware a una administración o compañía. Lo que Open Cosmos plantea es que un cliente pueda contratar una misión completa, adquirir imágenes, utilizar una plataforma para desarrollar aplicaciones propias o reservar el uso de un satélite durante un periodo determinado.

"Nuestra primera área de actividad es la infraestructura orbital: construir un satélite, diseñar la misión, fabricarlo, lanzarlo y explotarlo. La segunda es data, la explotación de datos: puedes comprar imágenes en crudo, contratar una plataforma GIS o utilizar nuestra plataforma para desarrollar aplicaciones. Hay empresas que trabajan, por ejemplo, sobre riesgos de estabilidad de terrenos o sobre el crecimiento del nivel del mar, y pueden operar sobre ella. Después está la conectividad, que es la más nueva", detalla Mier.

La tesis de Open Cosmos está, en cualquier caso, muy ligada a la observación de la Tierra y al tiempo de revisita, una de las variables decisivas para convertir los satélites en una herramienta útil ante incendios, inundaciones, cambios en la costa o emergencias. Un satélite aislado ofrece una fotografía con una periodicidad limitada; una constelación permite aumentar la frecuencia de observación.

En ese sentido, la empresa sostiene que su modelo de constelación abierta permite además que satélites de clientes diferentes se federen y compartan capacidad: "Si tienes un satélite, puedes federarlo con otros y formar parte de una constelación. Eso tiene muchas ventajas, sobre todo en observación de la Tierra, donde los parámetros esenciales son la precisión con la que ves y el tiempo de revisita. Si tienes una constelación, los satélites pasan con más frecuencia. Open Constellation permite que, construyendo un satélite, puedas ser parte de una constelación y beneficiarte de esa capacidad", indica el presidente de Open Cosmos España.

Muestra de una imagen satelital ofrecida por Open Cosmos. DISRUPTORES

Pero el incremento de la capacidad orbital no resuelve por sí solo el problema de la inmediatez. Aquí es donde la empresa trata de reducir también el tiempo que transcurre desde la captura de una imagen hasta su disponibilidad para un usuario final. Para ello, Pedro Mier afirma que Open Cosmos incorpora modelos de inteligencia artificial embarcados que procesan información directamente en el satélite y aprovecha enlaces entre satélites para reducir la dependencia de los centros terrestres.

"Los modelos procesan las imágenes a bordo y, por tanto, se reducen no solo los tiempos de revisita, sino también el tiempo para que las imágenes procesadas lleguen al cliente. Además, como hay un enlace entre satélites, pueden trabajar con mucha autonomía, sin depender tanto de los centros de tierra como sucede en otras configuraciones", explica a renglón seguido.

Hasta las comunicaciones y más allá

Hablando de comunicaciones, es justo aquí donde pretende reforzarse la startup, con ConnectedCosmos. La compañía ha presentado el programa como una alternativa europea a las redes de conectividad no soberanas, con foco en el IoT, y ha vinculado su desarrollo a la banda Ka, una franja de frecuencias utilizada para comunicaciones de alta capacidad.

Esta aventura no es sencilla, puesto que la construcción de una constelación no depende únicamente de que los satélites estén listos. Hay que asegurar lanzamientos, cumplir obligaciones regulatorias, coordinar derechos de espectro y absorber los retrasos propios de este sector. Por ejemplo, el pasado junio, Open Cosmos solicitó una variación ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones después de que un incidente con un lanzador indio afectara a sus planes de despliegue.

Pero Mier resta dramatismo a ese riesgo y afirma que la empresa mantiene acuerdos con múltiples operadores: "Trabajamos con todos los proveedores de lanzadores; tenemos acuerdos firmados de lanzamiento y, por tanto, estamos cubiertos con todos los lanzadores. Cuando Miura [el lanzador español] esté disponible, también lo utilizaremos. Le tenemos un gran cariño y respeto. La situación es compleja porque hay operadores que tienen su propia capacidad de lanzamiento y, además, prioridades marcadas por el Gobierno de Estados Unidos, pero nuestra estrategia es trabajar con una cartera amplia", asegura.

El plan llega además en un momento en que las constelaciones de órbita baja han dejado de ser un asunto exclusivo de operadores comerciales -como el famoso Starlink de Elon Musk- y se han convertido en una infraestructura crítica más, con implicaciones militares, regulatorias y geopolíticas tan volátiles como lo es la actualidad del planeta en que vivimos.

Pedro Mier no concreta a DISRUPTORES - EL ESPAÑOL el número definitivo de satélites de la red, pero sí confirma que se trata de una constelación de varios centenares de unidades. Tampoco sitúa la comunicación directa a particulares como objetivo inmediato: su prioridad es ofrecer conectividad y datos a gobiernos, empresas y servicios que requieran capacidad resistente, especialmente en escenarios donde la infraestructura terrestre pueda quedar inutilizada o resultar insuficiente.

"La constelación es de más de tres cifras, no puedo dar el dato exacto porque no está publicado todavía. Tenemos una asignación global en banda ancha con prioridad mundial, y eso nos da un potencial importante. La combinación de imágenes y conectividad permite trabajar mucho más en tiempo real porque los satélites no tienen que ir necesariamente a tierra. El objetivo es tener imágenes en tiempo real de todo el planeta. En circunstancias de crisis, como incendios, danas o conflictos armados, eso es decisivo", sostiene.

Soberanía europea en el espacio

Mentar en una misma frase conflictos armados y satélites obliga, inevitablemente, a hablar de soberanía tecnológica y del papel que empresas como Open Cosmos pueden jugar en favor de Europa.

El concepto, defiende su presidente, no se limita a disponer de satélites fabricados en Europa, sino que alcanza el espectro, la capacidad de lanzamiento, el control de los datos y la posibilidad de operar redes sin depender de infraestructuras o decisiones externas. El contexto ayuda a su discurso: la guerra de Ucrania, el peso creciente de Starlink y la competencia entre Estados Unidos, China, India y Europa han convertido la conectividad orbital en una cuestión de seguridad nacional y regional.

"La soberanía estratégica es absolutamente relevante en una situación de conflicto armado y cuando no quieres depender de intereses ajenos. Tener acceso a una capacidad de este estilo te da autonomía estratégica de verdad. Ahora mismo no nos hemos planteado la comunicación directa a personas o a máquinas, pero nuestra vocación es ser un referente europeo en comunicaciones resilientes para aplicaciones distintas, tanto de conectividad como de observación de la Tierra", afirma Mier.

No podemos obviar el elefante en la habitación: Open Cosmos habla español, pero legalmente es una compañía británica. Y bien es sabido que Reino Unido juega a ser europea a su conveniencia, en especial desde el brexit, con lo que ahondamos en esa particular condición a propósito del concepto de soberanía del bloque comunitario.

"Primero hablamos de una empresa fundada por españoles, controlada por españoles y gestionada desde España. Es cierto que la sede está en Reino Unido por circunstancias históricas, porque se intentó abrir a la vez en Reino Unido y España y allí fue más rápido. Pero la voluntad ha sido actuar localmente en cada país. Estar en Europa y en Reino Unido, porque aunque Reino Unido no sea de la Unión Europea y sí sea socio de la ESA, puede ser una ventaja si se juega inteligentemente", defiende Pedro Mier.

La dimensión británica también aporta contratos y respaldo institucional. El directivo señala que Open Cosmos ha sido seleccionada por el Gobierno británico entre cinco empresas para participar en proyectos estratégicos y de defensa, junto a actores de mayor tamaño. La compañía ha recibido asimismo una subvención de cinco millones de libras de la UK Space Agency para ampliar sus capacidades de I+D y fabricación en Harwell.

El sostén de los contratos públicos

Open Cosmos trabaja con clientes privados, pero el sector público ocupa una posición central en su cartera. Gobiernos regionales, Estados, agencias internacionales y programas europeos recurren a satélites para vigilancia ambiental, control de costas, gestión de emergencias o producción de información geoespacial. No en vano, desde los 16 satélites ya en órbita en España se desarrollan proyectos para Cataluña, Baleares, Canarias y Andalucía, entre otros.

Una de las iniciativas más relevantes en la península es la Atlantic Constellation, una iniciativa hispano-portuguesa que prevé 14 satélites. Open Cosmos construirá 12 de ellos, todos los españoles y parte de los portugueses, según Mier. La compañía también participa en un programa para Grecia: en julio lanzó Hyperion, el primer satélite de la constelación griega, junto a Posidonia, orientado al control de costas para el gobierno balear.

La empresa también ha reforzado su relación con la Agencia Espacial Europea. En noviembre de 2024 firmó el antes mencionado contrato de 34,6 millones de euros para construir tres satélites NanoMagSat, destinados a estudiar el campo magnético terrestre y la ionosfera, con lanzamientos previstos desde 2026.

Y como culmen, junto a la constelación de conectividad, Open Cosmos participa asimismo en 6GStarLab, un satélite-laboratorio de i2CAT para investigar redes 6G no terrestres. El proyecto, financiado con 1,65 millones de euros dentro del programa UNICO I+D 6G y con fondos NextGenerationEU, busca crear un entorno abierto de experimentación orbital para probar tecnologías de conectividad avanzadas e integración entre redes terrestres y satelitales.