El emprendimiento de impacto avanza con paso firme en España, pero ha llegado el momento de imprimir un nuevo ritmo y enfoque para fomentar una evolución de la innovación social hacia un nuevo enfoque sistémico.
Es la propuesta defendida por Impact Hub, la red que echaba a andar hace ya quince años en España -20 años a escala global- y cuyas tesis recogimos recientemente en DISRUPTORES - EL ESPAÑOL, de la mano de Antonio González, CEO de Impact Hub Madrid.
Con unas startups más maduras y grandes retos por delante que van desde la emergencia climática a la urgencia por alimentar a una población global en continuo crecimiento, se necesita más que nunca pasar de una visión del emprendedor "héroe" a una estrategia sistémica o "multisectorial", defendía González ante esta redacción.
"Emerge la necesidad de generar procesos más sistémicos. Que la innovación, en lugar de estar tan basada en una startup concreta que soluciona un problema específico, debe abordar problemas complejos que no se solucionan con un 'emprendedor héroe'".
En esta nueva coyuntura, Impact Hub Madrid e Impact Hub Donistia acaban de presentar un documento que servirá a todos los participantes del ecosistema de emprendimiento español, especialmente a las Administraciones Públicas, a dotarse de las herramientas necesarias para favorecer la colaboración, el análisis certero y la implementación de medidas.
El 'Índice de Ecosistemas de Emprendimiento de Impacto', que hace referencia a 2025 y alcanza ya su segunda edición, analiza las 50 provincias españolas a través de más de 120 indicadores organizados en tres dimensiones interdependientes: salud ecológica, social y económica-emprendedora.
El estudio brinda una nueva forma de leer los territorios españoles: no desde la competitividad, sino desde la salud ecológica, social y económica. "Una herramienta para quienes tienen que tomar decisiones que importen", destacan los autores.
"Estamos en un momento en el que las crisis no llegan de una en una. La urgencia climática, la transformación demográfica, la pérdida de biodiversidad y el aumento de la desigualdad se superponen y se refuerzan mutuamente. Frente a esa complejidad, los instrumentos de análisis habituales -centrados casi siempre en la competitividad económica y la creación de empresas- se quedan cortos", añaden las mismas fuentes.
El documento se ha desarrollado a lo largo de 2025-2026 con el apoyo técnico de Mercatec Investigación Estratégica y con financiación del Programa ALIANZAS ES del Ministerio de Trabajo y Economía Social.
Una mirada diferente: salud, no ranking
El índice no constituye "una competición entre territorios, ni un ranking definitivo sobre quién lo hace mejor o peor". Es un diagnóstico de salud sistémica: la capacidad de un territorio para generar vitalidad propia, sostenerse en el tiempo y evolucionar hacia formas más complejas y cohesionadas de crear valor.
Las personas responsables de la investigación señalan una limitación honesta: "muchos de los procesos de transformación más importantes en un ecosistema no son todavía visibles en los datos estadísticos disponibles. Los cambios reales en un ecosistema tardan entre cuatro y cinco años en reflejarse en indicadores". Un territorio puede estar en plena transición -nuevas redes, nuevas gobernanzas, nuevas formas de colaboración- sin que eso aparezca todavía en ninguna estadística oficial, insisten.
"El emprendimiento ha sido motor de innovación durante las dos últimas décadas, y ahora debe dar un salto cualitativo: pasar de innovar en el sistema a innovar el sistema"
Alberto Alonso, director de Impact Hub Madrid
"El Índice no busca únicamente medir o comparar, sino ofrecer una visión más amplia sobre las condiciones que permiten a los ecosistemas generar bienestar, resiliencia y capacidad de transformación. Precisamente, el emprendimiento ha sido motor de innovación durante las dos últimas décadas, y ahora debe dar un salto cualitativo: pasar de innovar en el sistema a innovar el sistema", explica Alberto Alonso, director de Impact Hub Madrid.
Las diez provincias mejor posicionadas en el índice global son Madrid, Navarra, Girona, Huesca, La Rioja, Gipuzkoa, Bizkaia, Teruel, Lleida y Álava. Pero más que el orden, lo que el análisis pone de relieve son los patrones comunes entre los territorios más saludables: mayor conectividad entre actores, gobernanzas más colaborativas, mejor articulación entre las tres dimensiones del modelo.
Un hallazgo especialmente relevante es que "el tamaño económico no determina la salud del ecosistema". Navarra, por ejemplo, ocupa el primer puesto tanto en salud ecológica como en salud económica. La Rioja es segunda en salud social con una economía situada en el puesto 18. Provincias medianas como Huesca o Teruel superan a capitales de provincia mucho más pobladas y con mayor actividad empresarial.
"Los resultados muestran que la fortaleza de un ecosistema no depende únicamente de indicadores económicos. La calidad de las relaciones, la diversidad de actores y la capacidad de colaboración son elementos fundamentales para afrontar los retos presentes y futuros de cada territorio", señala Nerea González, responsable de Proyectos y Ecoinnovación de Impact Hub Donostia.
"La calidad de las relaciones, la diversidad de actores y la capacidad de colaboración son elementos fundamentales para afrontar los retos presentes y futuros de cada territorio"
Nerea González, responsable de Proyectos y Ecoinnovación de Impact Hub Donostia.
Las provincias del sur de España y los archipiélagos presentan el mayor margen de mejora, especialmente en las dimensiones de salud ecológica y gobernanza.
El modelo seguido en este estudio parte de una premisa: "un ecosistema de emprendimiento funciona como un sistema vivo donde lo económico, lo social y lo ecológico están anidados, no separados. La salud emprendedora de un territorio depende tanto de su base natural como del tejido social y cultural que la sostiene".
Para operacionalizar esto, el índice evalúa tres capacidades clave en cada provincia. La primera, la vitalidad: es la capacidad de generar y sostener energía propia, actuar con autonomía, preservar los ciclos esenciales (agua, suelos, biodiversidad, bienestar)
En segundo lugar, la viabilidad: refleja la capacidad de mantenerse vivo en el tiempo interactuando con sistemas mayores desde su vocación y especialización. Por último, la evolución, como el potencial para avanzar hacia formas más complejas, integrar mayor cohesión y generar aprendizaje colectivo.
Estos tres objetivos se alimentan de ocho flujos de valor que el índice analiza en cada territorio: el cuidado de los recursos naturales, la diversidad de hábitats, las fuentes de energía y circularidad, el bienestar y los cuidados, la infraestructura y conectividad, la cultura, el conocimiento y la transferencia, y la gobernanza y financiación.
El índice está diseñado como instrumento de trabajo para decisores que necesitan entender su territorio antes de actuar.
Administraciones públicas, empresas y universidades
Entre ellos, destacan las Administraciones públicas que diseñan políticas de transición ecológica y social; pero también empresas que buscan modelos de valor más sostenibles; universidades y centros de conocimiento que acompañan procesos de cambio; organizaciones sociales que actúan sobre el territorio.
"Cuando observamos los territorios desde esta perspectiva aparecen nuevas oportunidades para diseñar políticas, inversiones y estrategias que refuercen su capacidad de evolución y regeneración a largo plazo", añade Rafa Cobo, Regenerative Lead en Impact Hub.
El propósito "no es que un territorio compita con otro, sino que cada uno comprenda sus fortalezas", identifique sus desequilibrios y active los procesos de transformación que se ajusten a su singularidad, añaden los impulsores del estudio.
La presentación del II Índice de Ecosistemas de Emprendimiento de Impacto ha contado con la participación de Yolanda Alcalá, subdirectora general de Emprendimiento y Pyme del Ministerio de Industria y Turismo, quien ha destacado que “este índice es una herramienta muy ambiciosa y oportuna, que nos invita a pensar en la transformación, un proceso que no se puede llevar a cabo individualmente sino de manera colectiva y desde el territorio”.
También han participado representantes del ámbito público, privado, académico y social para compartir experiencias y explorar nuevas formas de impulsar proyectos con impacto desde los territorios, como Teresa Botargues, asesora en Transformación Económica de la Diputació de Lleida; Mercedes Valcárcel, directora general de SpainNAB; Raúl Sánchez, responsable de Inversiones con Impacto de Cofides; y Juan Manuel Ávila, jefe de Departamento de Innovación Social de Redeia, que han compartido sus aprendizajes sobre el momento transformador que existe entre la transición territorial y ecosistema emprendedor.
Por otra parte, Francisco Javier Campos, responsable de Análisis y Visualización de Datos de COTEC; Concepción Galdón, vicedecana de Empresas con Propósito de IE Business School; y Ana Fernández Laviada, directora del Centro Yunus de la Universidad de Cantabria, han analizado cómo las herramientas tecnológicas de diagnóstico y seguimiento pueden ofrecer una visión más precisa de los ecosistemas territoriales.
