J. A.
Publicada

La Basílica del Pilar es uno de esos monumentos que se ven a kilómetros de distancia cuando te estás acercando a Zaragoza. Pero una ciudad, y la capital de Aragón no es una excepción, no solo es lo que se ve, sino lo que no. Y cualquier núcleo poblacional no existe porque tenga un monumento espectacular, sino que se sostiene gracias a algo invisible: su red de alcantarillado.

En el caso de Zaragoza, esta red comprende exactamente 1.297 kilómetros y el Ayuntamiento ha decidido que ha llegado el momento de realizarle un imponente lavado de cara. Como ya habrá deducido el lector, la tecnología va a tener un papel muy importante.

Primero, el contexto. Zaragoza ha iniciado en su Estrategia Integral de la Red de Distribución de Agua Potable que tiene como principales objetivos la renovación de tuberías, la detección de fugas y la digitalización de un entramado urbano compuesto por esos casi 1.300 kilómetros de tuberías que permiten el consumo de agua a los zaragozanos.

"El objetivo es mejorar la prestación del servicio de abastecimiento de agua potable en condiciones de calidad, eficiencia y con criterios de sostenibilidad medioambiental y económica", ha resumido el consejero de Urbanismo, Infraestructuras, Energía y Vivienda, Víctor Serrano, quien ha destacado "la gran apuesta y la ambición de un proyecto necesario para la ciudad".

Lo cierto, como ejemplifica el edil, es que "existe una ciudad bajo nuestros pies que trabaja en silencio las 24 horas del día para garantizar uno de los servicios más básicos y vitales: que al abrir el grifo en casa, salga agua de calidad y con suficiente caudal".

"Esa inmensa red de conducciones subterráneas ha sido una infraestructura injustamente olvidada durante demasiado tiempo. Hay una verdad incómoda en la gestión pública: es difícil invertir en lo que no se ve, y esto ha llevado a una falta de renovación continuada que ha provocado que, en muchas zonas de Zaragoza, contemos con materiales envejecidos y obsoletos", explica.

Por ello, los trabajadores municipales del Ciclo Integral del Agua "están volcados" -añade Serrano- en una estrategia que ya ha empezado a dar los primeros resultados y que se sustenta en cuatro acciones fundamentales: el Plan de Renovación Tuberías, el Plan de Localización Activa de Fugas, el Plan de Inspección de Hidrantes y el Plan de Sectorización de la Red.

Es este último plan es el que incluye una importante apuesta por la digitalización y la tecnología. Y es que una de las principales acciones está enfocada en la prevención. Y, para ello, "resulta imprescindible la digitalización del sistema en su totalidad, con lo que se gana en precisión, información y análisis de comportamiento de toda la red", ha avanzado Víctor Serrano.

En este sentido, la Oficina Técnica del Ciclo Integral del Agua desarrolla junto a Ecociudad (que gestiona la otra parte de las tuberías, las de saneamiento y depuración) el proyecto Digitaliza, que cuenta con subvención dentro de los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE) financiados por la Unión Europea, en el que Zaragoza recibió un total de 7,4 millones de euros.

Con esta aportación más los fondos municipales, se avanza notablemente en el proceso de control, gestión inteligente y mantenimiento de toda la red.

De hecho, los trabajadores municipales avanzan en el Plan de Sectorización de la Red de Distribución de Agua. Estiman que el término municipal se puede dividir en 102 zonas para llevar un mayor control del sistema. En la actualidad hay operativos 58 sectores, de los que 20 han sido ejecutados gracias al proyecto Digitaliza.

PERTE

En este sentido, y con un presupuesto de 4,5 millones de euros, ya se han ejecutado algunas de las acciones planteadas en dicho PERTE como el desarrollo e integración de la sensórica de los puntos de control de la sectorización de la red; la incorporación de nuevos puntos de control a la red arterial con parámetros hidráulicos y de calidad: caudal-presión-calidad; la creación del plan para modernizar la red de abastecimiento de agua a los edificios de la ciudad con el que se han inspeccionado cerca de 9.000 instalaciones domiciliarias; el desarrollo y adaptación del software para el análisis de pérdidas de agua y ahorro energético; y la implantación de sistemas de telelectura de contadores electrónicos instalados en edificios.

Ahora los esfuerzos se centran sobre todo en la implantación de la plataforma digitalización que hará posible el seguimiento, lo que conlleva la elaboración del proyecto. Pero también se está definiendo la estructura digital común de comunicaciones y gestión de los datos, la integración de los datos proporcionados por la sensórica instalada y la monitorización de los consumos mediante la telelectura simultánea en depósitos domiciliarios.

En resumen, parte del ambicioso plan de lavado de cara de la red de tuberías de la ciudad, la digitalización va a tener un papel capital a la hora ya no solo de prevenir sino de una toma de decisiones más efectiva.