La soberanía tecnológica es una de las grandes obsesiones de la política europea. Y una de las encrucijadas fundamentales es la nube. Europe for Europe lanzó un proyecto para crear una 'infraestructura europea de datos' con el nombre de Gaia-X.

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Esta iniciativa ha sido abrazada por científicos y políticos de la Unión Europea para establecer "un sistema seguro y federado que cumpla con los más altos estándares de soberanía digital al tiempo que promueve la innovación. Este proyecto es la cuna de un ecosistema digital abierto y transparente, donde los datos y servicios pueden estar disponibles, cotejados y compartidos en un entorno de confianza", según se define en su web.

Dicho con palabras llanas, lo que se pretende es crear una 'nube europea' que se ajuste a normativas y protocolos comunitarios estandarizados, para atraer a las empresas continentales, frente al funcionamiento de los gigantes Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud (y, por supuesto, también a IBM, la china Alibaba…).

Pero la estructura física no es fácil de entender. No se trata de crear centros de datos y desplegar cables por toda Europa, sino de "construir sobre iniciativas existentes en la UE y sus países miembros, formando núcleos para establecer Gaia-X Hubs".

Según la organización, "los hubs actuarán como las voces de los usuarios del sistema a nivel nacional, para desarrollar ecosistemas, aunar iniciativas nacionales y actuar como punto de contacto en los respectivos países". Serían un segundo nivel de organización para ese funcionamiento "federado" del que se habla. Y eso incluye utilizar las grandes nubes comerciales, si se atienen a las reglas y estándares. Será una red sin red, o un conglomerado de redes.

Impulsar infaestructuras y aplicaciones

Los principales responsables de Gaia-X presentaron días atrás en un webinar, al que asistió D+I, el momento en el que se encuentra el proyecto, bajo el título ¿Puede Gaia-X transformar la tecnología industrial de Europa?

El presidente del Consejo, Hubert Tardieu, CEO provisional para los primeros pasos de la organización, explica que ya han "reclutado a todo el equipo y estará operativo a finales de este mes". Tardieu propone analizar Gaia-X en dos aspectos diferentes, sus objetivos y lo que supone como organización.

Sobre el primer aspecto subraya que "es probablemente la primera vez que se hace una aproximación desde Europa a la oportunidad que supone la nube, cuando las estadísticas señalan que sólo el 26% de los procesamientos se hacen a través de la nube, cuando en Estados Unidos es el doble".

Para matizar el dato, Tardieu indica que "en el norte de Europa, especialmente Finlandia, Suecia y Dinamarca, está por encima del 60% y en el resto, muy por debajo. Francia con el 21% y Alemania, 20%, quedan en el medio".

¿Motivos que aduce? "Las compañías no quieren moverse a la nube para quedar prisioneras de la ausencia de portabilidad. Lo que quieren es no estar bloqueadas, tener interoperabilidad para compartir datos con otras empresas que no están en el mismo proveedor. Y quieren tener la soberanía para el uso de sus datos. Esa es la cuestión básica de Gaia-X".

El otro objetivo que plantea Tardieu es "organizar lo que llamamos 'espacios de datos'. Nuestro ecosistema de socios ha decidido compartir sus datos de manera que puedan mejorar el rendimiento y facilitar la penetración en el mercado. La compartición de datos en el mundo de los negocios se está convirtiendo en un factor muy importante". Cita, como ejemplo de un área específica que está abordando el proyecto, el IoT en la actividad aerospacial, de lo que se está ocupando especialmente el CEO de Airbus.

"La decisión en Gaia-X es combinar los dos aspectos, que podríamos llamar infraestructura y aplicación, dentro del mismo proyecto. Si tienes las 'cañerías' adecuadas sin uso, no son necesarias. Pero, también, si sólo tienes la capacidad de compartir, sin la infraestructura, no puedes hacer nada", añade Tardieu.

"Por eso hemos decidido abordar ambos puntos reuniendo a usuarios y proveedores europeos del servicio, y a la vez, proveedores internacionales, para discutir con ellos a fondo cuáles son las mejores prácticas que necesitamos impulsar. Y establecer juntos las políticas, publicadas y por publicar en el futuro, como parte de una arquitectura de estándares".

Mejora del mercado 'cloud' europeo

El presidente del Consejo detalla que la asociación AISBL, de la que nace Gaia-X, surgió en Bélgica con apoyo Alemania y Francia. Cuenta ya con 230 integrantes, usuarios internacionales y proveedores de servicio europeos. Pero precisa que, si bien se aceptan compañías de todo el mundo, sólo entran en el Consejo, para tomar las decisiones, las que tengan sede en territorio europeo. Lo cual, al ser anunciado, "irritó a las hiperescalares estadounidenses y chinas".

Cree que en cuatro o cinco años se puede doblar el mercado cloud en Europa y espera que los proveedores locales sean capaces de hacerse con más del 30%, contando con los cambios que van a traer el edge y la inteligencia artificial.

Lo que Tardieu deja bien claro es que el intercambio de datos entre compañías y otras entidades siempre será un ejercicio "voluntario", sometido a normas contractuales y basado en las reglas establecidas por Gaia-X. "Los usuarios no quieren ser prisioneros de la estrategia de un único tipo de industria europea".

Y por si no ha quedado bastante explícito lo que aspira a ser Gaia-X, el presidente del Consejo especifica que "no hay ninguna intención de poner en el mercado productos comerciales. Lo que queremos es construir y diseñar reglas políticas, diseñar estándares de arquitectura y de federación de servicio, hasta ofrecer la implementación de referencias que puedan adaptarse muy claramente a mercados específicos".

Datos para un sistema de salud integrado

Otro líder relevante es Jeroen Tas, jefe de innovación y miembro del Consejo de Philips, que habla de cómo los datos impactan en los procesos del día a día de los ciudadanos refiriéndose a un asunto muy concreto: la pandemia.

Menciona la vacunación contra la covid-19, "muy parada en Europa por el asunto AstraZeneca", y compara con Israel, donde "gran parte de la población ha sido vacunada, por un planteamiento guiado por los datos. Ellos han negociado con las farmacéuticas darles datos anonimizados de pacientes, que ayudarán a conocer los protocolos correctos, efectos secundarios y los problemas que puedan surgir con la vacunación".

"En otras palabras, es una aproximación con datos a un problema emergente que nosotros no tenemos todavía bajo control. Y no estoy hablando de otros problemas que afrontamos en la sanidad, sus costes y la gran innovación que necesitamos en un modelo que básicamente no ha cambiado en los últimos 70 años", añade.

"Los gastos en sanidad van a seguir excediendo a nuestro crecimiento del PIB, tenemos poblaciones envejecidas, con aumento de enfermedades crónicas que complican los efectos de la pandemia. Cada sistema sanitario europeo está muy fragmentado y es muy lenta la transición porque no tenemos los datos disponibles. Cada hospital y clínica son pequeñas islas que no se conectan al gran mundo", lamenta.

"Es nuestro gran obstáculo, cuando hay un montón de oportunidades", prosigue. "Vemos explotar la medicina virtual, con los pacientes relacionándose con sus médicos por canales digitales. Los hospitales empiezan a ayudarse con los protocolos para, por ejemplo, problemas con la covid. Y vemos una tendencia que presiona para la interoperabilidad y movimiento de los datos entre los núcleos del sistema".

Tas ve "surgir un nuevo mundo de innovación, estamos ante el nacimiento de algo grande" que requiere escribir las reglas. "Los datos y la inteligencia artificial pueden mejorar espectacularmente el diagnóstico de las enfermedades, relacionarlas con la genómica, vincular comportamientos con el uso de pequeños wearables, personalizarlo para detectar infecciones…".

El jefe de innovación de Philips comenta que él usa desde hace un par de meses un dispositivo que puede indicarle en tiempo real si tiene síntomas de haber contraído el coronavirus, pero "para viajar" tiene que seguir haciéndose "PCRs de 120 euros".

Respecto a los costes de infraestructuras, añade, con cierto estupor, que construir un nuevo hospital "cuesta mil millones y de siete a nueve años" (no ha oído hablar del Isabel Zendal: 153 millones y 114 días para construirlo). Se pregunta, por qué es tan difícil, entonces, gastar dinero en una infraestructura esencial para entrar en ese nuevo mundo de la sanidad con datos "y abrazar la nube".

Aunque se responde a sí mismo que "la gente tiene miedo a poner sus datos en los grandes players por todo tipo de razones. Muchas de ellas, emocionales. Pero es que todavía no tenemos esos espacios donde federar los datos, ni una identidad digital que los apuntale, con seguridad de punto a punto y garantía de normalización para gestionar los datos personales".

Antoine Petit, CEO y presidente del CNRS, el organismo francés equivalente al CSIC español, plantea que el gran desafío para Europa es decidir a qué nivel desea establecer la soberanía: si al de los países miembros, o a un nivel global.

Llama la atención sobre la necesidad de "dar continuidad a la investigación en la fabricación", pero "la presencia académica en Gaia-X parece ser mínima". En su análisis, de cuatro puntos, el segundo es "posicionar Gaia-X en la escena internacional", estableciendo su relación con los gigantes de la nube no europeos.

Aprecia la necesidad de balancear prioridades. Por una parte, "la ciencia abierta y la innovación abierta" y por la otra, "la seguridad". Señala que muchas personas ceden sin pensárselo dos veces sus datos a plataformas en la red, "pero rechazan dar una pequeña parte de esos mismos datos a una plataforma gubernamental que intenta frenar el virus. Es una cuestión de confianza".

Su última consideración es que el proyecto, "particularmente ambicioso", ha sido presentado para trabajar con "datos industriales y también datos de organizaciones públicas" afrontando diferentes reglas y estándares.

Al respecto, Jaana Sinipuro, directora de proyecto en la Fundación finlandesa de innovación Sitra, que tiene experiencia con la Comisión Europea, confía en "ver en dos o tres años las recomendaciones políticas y sugerencias y prioridades" de grupos consultados en el mundo de la industria para establecer las prioridades de diversos niveles en la construcción de Gaia-X.