El 23 de noviembre de 2014, la capitana de la fuerza aérea italiana Samantha Cristoforetti (43 años) se convirtió en la primera ciudadana europea que salió al espacio. Viajó en una nave rusa Soyuz y permaneció 199 días y unas horas en la Estación Espacial Internacional (ISS).

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En algún momento de 2022, probablemente en primavera, será la primera ciudadana europea que viaje por segunda vez a la ISS, si bien ni ella ni David Parker, director de exploración humana y robótica de la Agencia Espacial Europea (ESA) pueden detallar por ahora cuándo será, ni cuánto durará su viaje.

"Está inscrita para el cuarto vuelo comercial de NASA", afirma Parker. "Probablemente será un turno normal de reemplazo en la ISS, unos seis meses", concreta vagamente Cristoforetti.     

Insistamos en dos palabras: 'ciudadana europea'. Es decir, natural de un país de Europa Occidental integrado en la Unión Europea. Antes que ella, la mitificada soviética Valentina Tereskova (84 años, cumplidos este sábado), nacida en Malesnnikovo, a unos 275 kilómetros de Moscú, fue no sólo la primera astronauta europea, sino la primera mujer que abandonó el planeta. Lo hizo en una Vostok, el 16 de junio de 1963. Durante tres días orbitó 48 veces la Tierra.

Después de Tereskova, la soviética Sevtlana Savitskaya viajó a la estación espacial Saliut, en 1982. Yelena Kondakova, ya como 'rusa', estuvo en la MIR del 4 de octubre de 1994 al 22 de marzo de 1995 y en 1997 voló durante nueve días en el transbordador estadounidense Atlantis.

El anuncio del próximo, aunque todavía no inminente, viaje de Cristoforetti se convirtió esta semana en el gran acontecimiento de la ESA para poner de largo a su nuevo director general, Josef Aschbacher, que está "en la oficina" desde el lunes día 1, tras haberse adelantado cuatro meses el traspaso de poderes, de mutuo acuerdo con su antecesor Jan Wörner.

La brava Cristoforetti, ingeniera mecánica por la Universidad Técnica de Múnich además de piloto militar, no sólo es la primera 'ciudadana europea' astronauta, sino que también es la única mujer cualificada como tal por ESA.

Es integrante de la promoción de 2009. La última, hasta que dé frutos la convocatoria recién anunciada, el pasado 16 de febrero, de la que deben salir entre cuatro y seis graduados en 2025 (se admiten candidaturas hasta el 31 de marzo). La Agencia pone especial énfasis en animar a las mujeres a presentarse a la llamada del espacio.

"Tenemos siete astronautas muy capaces y está claro que Samantha y sus colegas son muy jóvenes para pensar que pronto dejen de viajar en el espacio", advierte Aschbacher, subrayando que seguirán participando muchos años en misiones a la ISS, "a Gateway, a la Luna y, eventualmente, en la próxima década, más lejos. A Marte".

Gateway será una estación orbital sobre la Luna, prevista como parte del programa Artemis de NASA para regresar al satélite a partir de 2024. La estación se convertirá en un punto intermedio para descensos, ascensos y aprovisionamiento, cuando se vuelva a pisar la superficie lunar y se llegue a instalar una base permanente.

Es un proyecto conjunto de NASA con ESA, en el que la propia Cristoforetti ha trabajado en el proyecto como representante de la Agencia hace un par de años.

Acercándose a un futuro más inmediato, la astronauta Cristoforetti celebra esta "oportunidad de crecer profesionalmente" y ofrecer su experiencia en la "increíble ISS". Se congratula "especialmente por la contribución de Italia y la industria italiana para liderar el desarrollo de nuevos módulos [espaciales] para ESA".

En realidad, no puede decir todavía cuáles serán los objetivos específicos de su misión, que tendrán todavía que definirse, aparte de "continuar los experimentos ya realizados por [el también italiano] Luca Parmitano, sobre el control de la energía y los alimentos que ingiere el cuerpo humano". Datos que servirán para analizar esos efectos, con vistas a largos viajes, según detalles ofrecidos por Sergio Saccocia, presidente de la Agencia Espacial Italiana.

Saccocia aprovecha para subrayar el papel que Cristoforetti juega como ejemplo y reclamo "para las jóvenes generaciones de chicas y chicos hacia [la educación] STEM [ciencias, matemáticas y tecnología]".

La astronauta añade que su trabajo "no será sólo para la ciencia italiana y europea, sino estará abierto a todo el mundo". Subraya, además, dos puntos de gran interés. Uno, la instalación en la ISS de un "espacio para algo verdaderamente excitante para el futuro de la exploración, una impresora 3D para metal, no plástico".

El otro, la habilitación "en el laboratorio del módulo comercial Columbus de un lugar para cargamentos que deban ser expuestos al ambiente espacial, como el experimento que medirá y analizará la densidad de electrones en el plasma de la atmósfera superior. Es relevante para entender cómo afecta a los satélites de comunicaciones y navegación".

"Hay muchas cosas que damos por seguras en nuestra vida cotidiana basadas en elementos en el espacio", añade Cristoforetti, citando otros experimentos relacionados con la psicología, el soporte vital y biotecnología, con cianobacterias como la que produce "la espirulina" (suplemento dietético), que se desarrolla en un fotobiorreactor y puede depurar la atmósfera generando oxígeno.

Quedan muchas cosas por definir hasta su viaje, que ni siquiera se sabe en qué vehículo será. Parker puntualiza que será en el cuarto vuelo organizado por NASA "con una nave comercial". Pero podría ser con la cápsula Dragon Crew, de SpaceX, propulsada por su lanzador Falcon 9, o el estreno de la Starliner, de Boeing en colaboración con Bigelow, que todavía no ha debutado y podría ser lanzada por un cohete Altas V, si supera las pruebas que ha de realizar durante este año.

Antes de la misión de Cristoforetti, dos astronautas de ESA, el francés Thomas Pesquet y el alemán Matthias Maurer, subirán a la ISS en los vuelos comerciales segundo y tercero, respectivamente, en primavera y otoño. En ambos casos, con la nave de SpaceX.  

En un plano más emocional, ella recuerda que la primera vez que voló al espacio, con 37 años, "no tenía una familia, no tenía hijos. Sin embargo, eso es bastante inusual. La mayoría de los astronautas tenemos familia y nos apoyamos en ella". Ahora tiene una hija, Kelsey, de cuatro años.

Está ansiosa por volver a la ISS, donde disfrutó "de un periodo magnífico, la primera vez", con una mezcla de emociones por volver al espacio y por ver cómo ha cambiado y madurado la Estación estos años. Cristoforetti la siente como algo propio: "Lo llamo mi hogar lejos de mi hogar".