Barcelona

Se investiga, se realizan estudios y se prueban prototipos, pero la robótica asistencial todavía está en los laboratorios, se acumula en la puerta de salida hacia la fabricación y comercialización, y sigue siendo un campo virgen en el panorama económico. Los actores implicados piden, en este punto, pactos público-privados para acelerar la salida de estos robots al mercado, que implicaría una mejora para la vida de muchas personas y profesionales, y una nueva ventana de oportunidad para las empresas del país.

A pesar de las dificultades normativas y de escalabilidad del negocio, esta disciplina avanza. De hecho, la robótica asistencial ha sido la antesala de la colaborativa en la industria, según sostiene en una entrevista con D+I - EL ESPAÑOL el director del Instituto de Robótica e Informática Industrial (IRI, CSIC-UPC), Guillem Alenyà, y conferenciante invitado a la novena edición de la Noche de la Robótica, organizada por la Comisión de Industria 4.0 de Ingenieros de Cataluña, celebrada hace escasos días en Barcelona.

“Empezamos a trabajar con robots industriales, intentando situar a las personas cerca de ellos, pero fuera de estos entornos”. El equipo de Alenyà investigó sobre el contacto seguro de los robots con las personas. “Queríamos poderlos tocar, enseñarles a realizar tareas e hicimos que empezaran a poner bufandas y gorras. Este era un reto muy importante a nivel de investigación y la industria vio sus ventajas. Así surgieron los robots colaborativos industriales”, detalla.

Entrenamiento cognitivo

El proceso de ida y vuelta lo define como “una evolución con doble espiral”, y está convencido de que “desde la robótica asistencial se continuaran desarrollando nuevas características que retornaran a la industria a través del mismo proceso”. 

Ahora centran sus investigaciones en “cómo los robots entienden la situación en la que se encuentran y cómo deben reaccionar a ella”, apunta Alenyà. Según él, existen tres aspectos básicos que entran en juego en la robótica asistencial: la percepción, es decir, el robot debe entender la situación en la que se encuentra; el control, que le permitirá moverse de una manera adecuada; y la toma de decisiones, que le faculta para seleccionar correctamente la próxima acción que realizará.

"Queríamos poderlos tocar, enseñarles a realizar tareas e hicimos que empezaran a poner bufandas y gorras"

En el IRI han desarrollado robots que pueden moverse, hablar, que disponen de componentes sociales y que pueden mostrar emociones con rapidez. Un ejemplo de las funciones que puede asumir un robot surgió de una colaboración que realizó el IRI con la Fundación ACE (Alzheimer Center Barcelona).

“Desarrollamos un robot que tenía como tarea realizar entrenamiento cognitivo con pacientes de la fundación a través de un juego que diseñamos junto a sus terapeutas. Hicimos pruebas y el resultado fue un desastre”, admite este investigador.

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Se encontraron con una comunicación nada fluida entre máquina y persona. Revisaron el trabajo, observaron in situ cómo realizaban su tarea los terapeutas “y descubrimos una comunicación no verbal, continuada y muy rápida, que no habíamos tenido en cuenta. Vimos que el paciente observaba el terapeuta antes de colocar la ficha en su posición y en caso de haber elegido erróneamente, el profesional fruncía el ceño. De esta manera, el paciente dejaba la ficha en su lugar y escogía otra. Si era correcta, el terapeuta sonreía”. 

Modificaron el robot, le colocaron una cabeza con una pantalla y unos leds que simulaban ojos, le añadieron sonidos y sensorizaron el tablero de juego, “de manera que cuando el paciente cogía una pieza, el robot lo detectaba de inmediato y respondía a la elección”, explica Alenyà, que destaca que “esto sólo es posible si sacamos los robots del laboratorio, pero es algo que nos cuesta mucho”. De ahí el anhelo de un impulso tanto por parte pública como privada.

Asistencia robótica personalizada

El camino de la robótica asistencial todavía debe superar muchos retos. Se intenta que detecte emociones, “pero tienen que ser muy evidentes para que el robot las pueda interpretar”. También que sea capaz de entender todo tipo de órdenes verbales, “incluso de las personas mayores, que muy a menudo no vocalizan de manera estándar, por eso justamente ahora estamos desarrollando la parte del lenguaje natural”, afirma Alenyà.

"Queremos que el robot se adapte a la persona y no la persona al robot, aunque seguramente se adaptaran mutuamente”

Mientras que los robots industriales y los colaborativos están programados para realizar tareas repetitivas, para los asistenciales el objetivo que se marcan los investigadores es la personalización de la máquina. “El robot no puede hacer lo mismo con todo el mundo, tiene que entender las diferencias entre pacientes y actuar en consecuencia. Queremos que el robot se adapte a la persona y no la persona al robot, aunque seguramente acabará pasando que se adaptaran mutuamente”. 

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Para Alenyà, este tipo de unidades robóticas “, aunque lo último que veremos serán los que se integrarán a la familia. Antes vendrán los que se incorporarán al ámbito hospitalario, a los centros de día o residencias geriátricas, simplemente porque económicamente tiene más sentido. Pero sobre todo necesitamos que las instituciones públicas crean en este modelo”.

Lo que el director del IRI tiene claro es que “los robots asistenciales no sustituirán a las personas, serán un complemento, una herramienta que ayudará a los cuidadores y médicos, a las personas dependientes o que están solas en casa para que aumenten su autonomía”.



Alenyà defendió, durante la Noche de la Robótica, que “tenemos una oportunidad de oro” para asistir a la población que está envejeciendo y para “las personas cuidadoras, que necesitarán más herramientas de soporte para llevar a cabo sus tareas de cuidado”. La robótica asistencial pide paso.