El español Adrián García-Aranyos es el presidente global de Endeavor, la organización de emprendedores más reconocida internacionalmente. Nacida en 1997 de la mano de Linda Rottenberg y Peter Kellner, esta red ya apoya a más de 2.000 fundadores que han generado más de 3 millones de empleos en todo el mundo. 

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El directivo responde a D+I poco antes de que termine el año, desde una solitaria oficina de Endeavor en Manhattan. La organización sigue activa, pero en la oficina solo está él que, de manera excepcional, se ha desplazado para resolver asuntos pendientes. Este 2020 ha sido un reto para todos. Él lo interpreta en clave positiva, como un punto de inflexión que traerá gran innovación.

¿Cómo se encara la COVID desde una organización global?

Al inicio, mirando a nuestro alrededor. Observando cómo impactaba en los emprendedores, tanto de manera directa como indirecta. Nuestra misión es ayudar a los emprendedores y ésa ha sido nuestra máxima prioridad. Hablamos de empresas de crecimiento rápido para las que cuidar el empleo ha sido crucial. 

Entre las lecciones aprendidas, creo que hicimos bien en mirar primero a Italia, Vietnam e Indonesia, que fueron pasos por delante.

Entre las consecuencias directas de esta crisis, en Endeavor hemos sufrido la caída de algunos de nuestros sponsors, como es natural. Las prioridades cambian. 

Y, en el día a día, Zoom se ha convertido en nuestra gran liada.

¿Esta vida virtual ha afectado al desarrollo habitual de actividades?

En absoluto. Ha cambiado el escenario y todos nuestros procesos se hacen ahora en remoto. Por ejemplo, hemos organizado diez Paneles de Selección Internacional (ISP) y tan solo uno presencial, en Riad, que fue a comienzos de año. Es decir, prácticamente uno por mes.

Endeavor empezó como un gran sello latino y ahora es una organización mundial. ¿Cómo ha sido la evolución? 

Endeavor nació en Chile y Argentina, donde vieron la oportunidad de dar un gran impulso. Era finales de la década de los noventa. Entonces se hablaba aún del “empresario”, como una élite separada. Ahora se ve al emprendedor como alguien que hace avanzar la sociedad. 

Después de expandirnos por América Latina, pasamos a Sudáfrica y Oriente Medio. Hace ocho años, vimos que Endeavor tenía sentido también en otros mercados.

En Estados Unidos nos estrenamos en Miami, por su carácter latino encajaba. Después nos estrenamos en Grecia, Italia y España, en 2014. La última apertura ha sido Irlanda. Pronto estaremos en Rumanía. En 2021 también habrá estreno en Canadá.

En este tiempo, ¿cómo ha cambiado América Latina?

¡Uf!, ha tenido una evolución fascinante. La mentalidad del emprendedor ha cambiado mucho allí. Ya se plantean solucionar problemas grandes, escalables. América Latina atrae talento de todo el mundo y ha despertado gran apetencia por la región en Estados Unidos.

¿Y España?

Volví a España, mi país, desde Estados Unidos, donde venía de un entorno más corporativo. Durante los cinco años al frente de la oficina en Madrid estuve expuesto a un gran avance de innovación. En España hay muchas ganas de ayudar, de aportar. 

¿Que hay oportunistas? Sí, claro, pero por lo general en España si lo haces bien, brillas. En Europa se nos valora y en América Latina con el idioma y cultura común se tiene una gran entrada. Hay casos como el de Julio Casal con Alienvault primero y ahora con 4iQ, recién renombrada como Constella, o el de Juan de Antonio, de Cabify, que son para sentirse muy orgullosos.

García-Aranyos, junto con el equipo de Endeavor España, en el Palacio de Linares (Madrid).

¿Cómo llega un español cuya carrera se ha desarrollado en Nueva York a presidente global?

Siempre he buscado hacer lo mejor posible mi trabajo, esté en el rol que esté. Cuando me fui como director a España, en 2014, estaba encantado con ello. Me fui solo, como el primer empleado. A finales de 2018, cuando me escogieron para dirigir Endeavor a nivel global, ya eran 10 en la oficina de Madrid. 

Hoy, Endeavor suma más de 500 empleados en el mundo. Nuestras oficinas tienen entre cinco y 20 personas, salvo en Brasil, donde son caso aparte. Son más de 90 personas, pero también cuentan con más unicornios. Más de 15.

Ser aceptado como ‘emprendedor Endeavor’ es un galardón codiciado, ¿cómo es el proceso?

Primero se hace una selección inicial, para ver si encajan. Después, una revisión por parte de otros que ya forman parte de la red. De igual a igual, entre emprendedores. Luego, una entrevista personal en la que se habla de qué le preocupa, qué reto afronta. Por último, una segunda opinión de un mentor que sea de su sector o tenga experiencia probada para estar seguros de que encajamos mutuamente. 

En el caso de España contamos con algunos patronos y mentores muy reconocidos como Carlos Torres, presidente ejecutivo de BBVA, o Juan de Antonio, fundador de Cabify.

¿Y qué beneficios tiene?

Además de una gran red de contactos de la que se forma parte de manera activa, consejo valioso para evitar que se vaya por caminos equivocados. Puedes tener un consejo que no esté alineado con tu espíritu. Eso no pasa en Endeavor. Nos encargamos de que conectes con gente como tú, que ya tuvo éxito, que pasó por ese camino. Son más de 8.000 miembros en 40 mercados. La red es parte de la esencia que levanta e impulsa al emprendedor.

¿Cómo se sabe que alguien está listo para ser ‘emprendedor Endeavor’?

Suele ser alguien cuya empresa está en un punto de inflexión con un modelo probado, pero con nueva visión. Está en lo que se suele llamar la curva del palo de hockey (hockey stick): contratando masivamente, mejorando el equipo. 

Además, siempre deseamos que sean receptivos al feedback. Buscamos personas que crean su propia empresa, pero que también sean un modelo a seguir. Lo que en Estados Unidos se suele llamar role models. La esencia es el efecto multiplicador, porque los emprendedores suelen invertir en otros emprendedores.

¿Qué hace tan especial al emprendedor?

El emprendedor es un optimista paranoico. Soluciona problemas en los que otros no se meten. En general, el ‘emprendedor Endeavor’ ya tiene cierta experiencia laboral, tiene experiencia internacional, ya sea por haber ido de Erasmus, como expatriado, por su vida personal… Es habitual que estén en la treintena.

¿Y mujeres? ¿Están haciendo algo para tener más?

Buscamos más, sí. Y las encontramos más diversas. Especialmente en Estados Unidos y Sudáfrica, donde son especialmente importantes las de color. En España tenemos a las hermanas Iborra, a Pepita Marín, a Yaiza Canosa, a Verónica Pascual… Necesitamos más, sin duda. También en la directiva: solo tres de los 12 patronos son mujeres.

¿Cómo se financia Endeavor?

Con aportaciones de los miembros del consejo y también aportaciones corporativas. 

Pero Endeavor también invierte. ¿Cómo lo hace?

Inicialmente Endeavor no invertía. Pero nos dimos cuenta de que además de que los miembros de la red invirtieran entre sí, había una necesidad que nosotros podíamos cubrir, así que nos decidimos a lanzar un fondo con un lema “entrepreneur first”. En ningún momento se debe entorpecer la misión social.

Para recibir inversión es necesario ser ‘emprendedor Endeavor’, buscar una ronda de más de cinco millones y contar con un inversor institucional previamente. Nuestro fondo, Catalyst, replica los términos del inversor que lidera la ronda, pero sí asesoramos al fundador. Normalmente no nos sentamos en el consejo, salvo que nos lo pidan de manera explícita. El primer fondo fue de 20 millones de dólares. El segundo, de 85. Y el último, el tercero, lo acabamos de cerrar en 135 millones de dólares. 

En España hemos invertido en Worldsensing, Cabify, Glamping Hub, Mr. Jeff, Odilo, OnTruck, Glovo, Wallbox y Ladorian.

¿Qué papel juega la tecnología en Endeavor?

Por definición somos agnósticos en cuanto al sector, pero sí tenemos claro que todos los negocios que usan la tecnología son los que tienen un crecimiento notable. 

Un ejemplo reciente y muy positivo es RobinFood, de Colombia. Gracias a la tecnología ha crecido mucho y, durante la pandemia, ha dado empleo y alimento a miles de personas. Ha desarrollado cocinas cloud sin despedir a nadie. Es un caso precioso.