El caso de Terra fue paradigmático. Sí, una startup puede morir de éxito. Todo depende de un concepto financiero que es la generación de flujo de caja o cash flow. La tesorería es el engranaje financiero que necesita una empresa para sobrevivir y puede resultar difícil de planificar o gestionar. Asimismo, muchas startups en etapas tempranas no disponen de los recursos necesarios para contratar a un director financiero o para que el equipo fundador le dedique el suficiente tiempo.

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“Normalmente, cuando el emprendedor empieza con su idea de negocio, no le presta importancia a la parte financiera. En la mayoría de los casos prescinden de un financiero porque, o bien alguien cercano les echa una mano con los números, o aprenden ellos mismos a hacerlos. Sin embargo, no se dan cuenta de la importancia de tener un plan financiero detallado gracias al cual van a saber si su idea de negocio es rentable o no, o en qué momento lo va a ser”, defiende Eduardo Flores, el emprendedor que está detrás de Mi Director Financiero.

Este servicio de externalización de finanzas nació hace tres años después de que, al propio Flores, un antiguo jefe le pidiera que le revisase todos los datos del ejercicio 2016 de su filial en Brasil. Todo ese ejercicio lo hizo telemáticamente, lo que le animó a desarrollar este negocio dirigido a pymes y startups. “Ahora que se pone tanto énfasis en el MVP (mínimo producto viable) y en el márketing, si no tienes una buena estrategia financiera que te guíe en el crecimiento, estarás peor situado que tu competencia”, plantea.

La misión de un director financiero -propio o externalizado- es también determinar cuánta financiación necesita una startup para desarrollar un negocio. “Si esto se hace desde el principio, el emprendedor se asegura no meterse en negocios ruinosos que pueden acabar con todos sus ahorros y, en algunos casos, con deudas con bancos y allegados”, afirma Flores.

Entre el 15% y el 20% de los clientes de Mi Director Financiero son startups. Los problemas más recurrentes que encuentran en estas empresas son “el de la falta de financiación para impulsar el crecimiento y, una vez que las startups están en marcha, encontramos problemas de tesorería o liquidez”. “Lo que hay que ver es de dónde provienen estos problemas de tesorería. Está claro que, en los momentos iniciales de los proyectos, el origen viene fundamentalmente por las pocas ventas que tiene la startup, lo que hace que no tengan masa crítica para generar la caja suficiente para crecer”, valora este experto.

En etapas algo posteriores, cuando el emprendimiento ya está en marcha e incluso creciendo a buen ritmo, “los problemas pueden venir por una estructura de personal demasiado cara o unos precios que no hacen el producto o el servicio rentable”.

Rentabilidad y crecimiento, de hecho, pueden convertirse en objetivos antagónicos. Flores propone alternar ambos objetivos: centrarse primero en mejorar la rentabilidad, a partir de las ventas, para generar caja. Una vez que se alcanza un nivel determinado de liquidez, se prioriza el crecimiento a través de la reinversión de ese dinero. Y una vez superado el punto de crecimiento proyectado, centrarse nuevamente en la rentabilidad. “Este método de trabajo que estamos aplicando con algunos clientes nos está dando un resultado extraordinario”, afirma Flores.

Por otra parte, “no es lo mismo preparar un plan de negocio para una empresa de corte tradicional que para una empresa digital: ni tienen la misma filosofía, ni los objetivos, ni los KPI’s utilizados son iguales, por mencionar algunos aspectos que las diferencian”, advierte el fundador de Mi Director Financiero.

En cualquier caso, “una cosa está clara, y es que el control del cash flow y la generación de caja tiene que ser el objetivo prioritario de toda empresa. Casi todos los negocios mueren por la tesorería y ésta es la que nos ayuda a subsistir como empresas y nos permite crecer sin endeudarnos en demasía”, concluye.