Los Ángeles (EEUU)
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El auge de la inteligencia artificial ha llevado a las grandes firmas de Silicon Valley a buscar soluciones drásticas para seguir expandiendo la tecnología y ahora el punto de mira está en el espacio.

Según un informe del Departamento de Energía de EEUU, los centros de datos usaban en 2023 el 4,4% de la electricidad del país y la previsión es que siga aumentando. El consumo total podría situarse entre el 6,7% y el 12% en 2028.

A la factura eléctrica se suman otros problemas: el agua necesaria para la refrigeración de los centros de datos y el espacio. Además, la proliferación de centros de datos en el país está uniendo a votantes en contra de la misma causa: detener la construcción de estas instalaciones que consumen sus recursos, aumentan la factura eléctrica y generan un ruido incesante.

Por eso, empresas como Google han comenzado a explorar la opción de poner los centros de datos en órbita, donde la energía solar es prácticamente ilimitada. La compañía calcula que, en ciertas órbitas, un panel solar genera hasta ocho veces más energía que en la Tierra.

Google presentó Suncatcher en noviembre de 2025 como una investigación a largo plazo. El proyecto consiste en crear grupos de pequeños satélites solares equipados con TPU, los chips que Google diseña para IA y que ya utiliza en sus centros de datos terrestres. Estos se comunican entre sí mediante láser.

Primera prueba: el 1 de octubre

El diseño final de Suncatcher plantea grupos de 81 satélites, que orbitarían muy cerca unos de otros, en un rango que los mantenga casi siempre orientados hacia el Sol. La idea es poner a prueba la teoría en el espacio antes de determinar si la solución es práctica y viable.

Para ello, Google realizó el lanzamiento de la primera prueba del proyecto el pasado 1 de octubre. Suncatcher finalmente salía del laboratorio para realizar las primeras pruebas en el espacio.

Un Falcon 9 de SpaceX despegó desde la base de Vandenberg (California). Dentro se incluyeron cuatro TPU y paneles solares con una potencia de alrededor de un kilovatio. El satélite tenía las dimensiones de un frigorífico. Google confirmó que logró establecer contacto y que está funcionando según lo previsto.

Durante las próximas semanas, la compañía medirá cómo resisten los chips las vibraciones del despegue, la radiación y las variaciones extremas de temperatura.

En tierra, las pruebas en un laboratorio de UC Davis indicaron que los chips soportan más radiación de la que recibirían durante una misión de cinco años. Sin embargo, es importante realizar este tipo de pruebas en el espacio para verificar que se cumplen las expectativas establecidas en los estudios.

Eso sí, en estos momentos la tecnología es limitada: los chips solo pueden funcionar durante 15 minutos seguidos y luego deben detener su actividad porque el satélite no puede disipar más calor.

Puede sonar contradictorio, ya que el espacio es frío. Pero en los centros de datos terrestres, el calor se disipa mediante aire o agua y en el vacío del espacio no existe ninguno de estos dos elementos. Por lo tanto, el calor solo puede disiparse mediante grandes paneles radiadores.

Para que este modelo de negocio sea viable, los costes de lanzamiento deberían descender drásticamente. Con el precio actual de unos 1.500 dólares por kilo, solo lanzar un gigavatio de capacidad costaría unos 30.000 millones de dólares, sin contar los chips ni los satélites, según datos de la firma Boston Consulting Group.

SpaceX, la compañía que puso en órbita el satélite de Google, también aspira a crear su propia constelación de centros de datos espaciales. La cifra es astronómica, nunca mejor dicho: la empresa de Elon Musk ha solicitado permiso a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) para lanzar hasta un millón de satélites.

No todos lo ven factible. La órbita siempre “soleada” que buscan estos proyectos ya empieza a estar congestionada.

Los próximos meses servirán para determinar si los chips de Google logran sobrevivir en el espacio. En 2027, la compañía lanzará dos satélites adicionales para probar la conexión láser.