Este año se perfila como uno de los periodos clave para el próximo gran salto de las compañías de inteligencia artificial, compañías que han experimentado un crecimiento explosivo durante los últimos cinco años.
Tanto OpenAI, como su rival Anthropic, han mostrado intenciones de salir a bolsa en los próximos meses, siempre que el entorno político y económico resulte favorable.
Sin embargo, navegan tiempos turbulentos en este sentido, ya que la imposición de nuevos aranceles por parte de la administración Trump y las elecciones legislativas de medio mandato previstas para noviembre podrían alterar estos planes y modificar las condiciones de los mercados financieros.
Una salida a bolsa representa el paso natural para empresas que ya son consideradas “scale-ups” y que necesitan nuevas herramientas financieras para continuar creciendo de manera exponencial.
La primera señal provino de OpenAI el año pasado, cuando intensificó sus esfuerzos por transformar su estructura jurídica y pasar de ser una organización sin ánimo de lucro a una compañía con fines lucrativos.
Este proceso desencadenó una disputa legal significativa. Elon Musk, uno de los principales inversores originales de OpenAI, se opuso abiertamente a este cambio estructural, alegando que “OpenAI había sido fundado con el objetivo de beneficiar a la humanidad” y que su nueva orientación contradecía dicha misión original.
Sam Altman, CEO de OpenAI, respondió exponiendo las intenciones reales de Musk, quien en 2017 habría intentado asumir el control de la empresa y autonombrarse máximo líder ejecutivo.
Además, Musk lanzó su propia plataforma de inteligencia artificial, xAI, en 2023, posicionándose como competidor directo.
Un debut en la bolsa permitirá tanto a OpenAI como a Anthropic convertir sus acciones en “dinero real”, permitiendo a fundadores e inversores recuperar capital, al mismo tiempo que se atraerán nuevas inversiones.
El crecimiento explosivo de esta tecnología alienta además a que el modelo de negocio siga evolucionando con un número cada vez menor de obstáculos. Al convertirse en empresas públicas, estas firmas tendrían acceso a capital permanente, lo cual facilitaría una expansión más agresiva, adquisiciones estratégicas y un posicionamiento global aún más sólido.
Si la inteligencia artificial ha sido imparable hasta ahora, con una adopción histórica y un marco regulatorio todavía limitado, la salida a bolsa promete llevar este éxito a nuevos niveles acordes con la creciente demanda mundial de esta tecnología.
La credibilidad estructural que supone una compañía que cotiza en bolsa enviará una señal clara a quienes sostienen que la “IA se encuentra dentro de una burbuja a punto de explotar”. Esa credibilidad institucional contribuirá a modificar la percepción pública y a consolidar la confianza de los mercados.
Algo similar ocurrió en su momento con las redes sociales, un tipo de negocio que durante años fue percibido como incapaz de generar retornos sostenibles por la aparente fragilidad de sus modelos financieros.
Facebook fue una de las primeras empresas en dar el paso hacia la bolsa y, como resultado, su legitimidad económica y corporativa se fortaleció de manera decisiva.
Un movimiento de este tipo permitirá a las firmas de inteligencia artificial redoblar los esfuerzos de su ambiciosa expansión de infraestructura durante los próximos años. Por ahora, ambas compañías continúan registrando pérdidas anuales, debido a las enormes inversiones destinadas a la construcción y operación de centros de datos.
En este contexto, su gran desafío será despertar suficiente interés entre los inversionistas para evitar que el precio de sus acciones caiga bruscamente tras su salida a bolsa. Para ello, cuentan con los próximos meses para demostrar su potencial de rentabilidad a largo plazo.
Las empresas que cotizan en bolsa están sometidas a un mayor escrutinio público y a la presión constante de reportar resultados cada trimestre, algo que, como startups y scale-ups privadas, pueden administrar con mayor flexibilidad para atraer inversión sin la obligación de transparencia inmediata.
Si todo avanza conforme a sus expectativas, podremos asistir a una segunda fase histórica en la expansión de la inteligencia artificial a partir de 2026.
