El maestro mayor del Gremio de Artistas Falleros, Vicente Julián García Pastor.

El maestro mayor del Gremio de Artistas Falleros, Vicente Julián García Pastor. Vicent Bosch

V Aniversario EL ESPAÑOL DE VALENCIA

Artistas falleros, el gremio que exige un estatus a la altura de sus creaciones: "No hay Fallas sin fallas"

El maestro mayor analiza los problemas de la fiesta, del incremento de los costes de producción a la falta de mano de obra.

El Gremio de Artistas Falleros recibe el premio de EL ESPAÑOL DE VALENCIA a la Promoción Cultural y Social en la primera edición de los galardones.

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Valencia
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"No hay Fallas sin fallas". Así subraya el Maestro Mayor del Gremio de Artistas Falleros, Vicente Julián García Pastor, la importancia de su colectivo en la fiesta grande de Valencia. Lamenta sus difíciles condiciones económicas y exige un estatus a la altura de sus creaciones.

El oficio de artista fallero hace posible que cada año se celebren las Fallas, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde hace justo diez años. Pero aspectos como los mayores costes de producción, de mano de obra y, en ocasiones, cada vez menos dinero destinado a las fallas, las ponen en jaque.

Para velar por su continuidad, el Gremio de Artistas Falleros de Valencia trabaja para defender los intereses de los agremiados, encargados de que cada mes de marzo las fallas se planten en las calles. Por ello, recibe el premio a la Promoción Cultural y Social de EL ESPAÑOL DE VALENCIA que entrega este diario en el V Aniversario de su implantación en la ciudad.

Actualmente, quien está al frente de esta institución es el artista Vicente Julián García Pastor. Tiene 51 años, y aunque siempre ha estado vinculado al arte, tan solo lleva ocho años ejerciendo en el mundo de las Fallas.

Desde entonces, los años han sido "una locura" para él, principalmente por "la problemática que hay en el sector": "Yo disfruto con mi trabajo, pero eso no quita que sea un oficio muy complicado".

El término "problemática", para él, abarca diferentes aspectos, y todos ellos repercuten en la fiesta y en el oficio. Precisamente para protegerlo existe el Gremio de Artistas Falleros: "Perdimos nuestro espacio dentro de la fiesta y otros profesionales que son actores secundarios ocuparon nuestro puesto".

Así, la institución busca perpetuar el trabajo de artista fallero, porque "no hay que olvidar que nosotros realizamos la falla, y es lo que da sentido a la fiesta".

Introduce así García Pastor uno de los grandes debates que últimamente giran en torno a las Fallas, la lucha entre fiesta y tradición: "Te das cuenta de que algunos dan más prioridad a otras cosas antes que a lo que verdaderamente importa, que es la falla".

Esta importancia, apunta, a su parecer cobra cada vez menos espacio. Un ejemplo claro es la Ciudad del Artista Fallero, una pequeña zona de Valencia ubicada en el distrito de Benicalap, donde antiguamente se ubicaban un gran número de talleres falleros.

Este conjunto de varias calles y naves, sumado al Museo del Artista Fallero, es un auténtico sello de identidad de la fiesta. Pero con el paso de los años, lamenta el maestro mayor, se ha perdido.

"Actualmente quedan 10 talleres dedicados a hacer fallas de los más de 60 que había", denuncia. Es una problemática que se ha agrandado con el paso de los años: "Tenían que haber intervenido las administraciones cuando se vendió la primera nave para una actividad económica que no tiene nada que ver con el arte fallero".

El maestro mayor del Gremio de Artistas, durante la entrevista a EL ESPAÑOL.

El maestro mayor del Gremio de Artistas, durante la entrevista a EL ESPAÑOL. Vicent Bosch

Sobre la posibilidad de revertir la situación, García Pastor es fiel creyente de que "nunca es tarde para nada", aunque la situación es cada vez "más complicada".

A esta realidad han contribuido diversos acontecimientos, todos ellos históricos por su relevancia social. Uno de ellos, el más global, es la pandemia.

García Pastor la vivió como artista fallero recién llegado al oficio. Sus inicios no fueron precisamente idílicos: "Monté el taller, me pilló la pandemia, no lo podía mantener, un compañero cerró y cogí su taller...".

Una concatenación de circunstancias complicadas, obstáculos, que finalmente logró sortear, al igual que el resto de sus compañeros. "Todo el colectivo lo pasamos muy mal", recuerda.

No es para menos. Tras un duro año de trabajo, con mucho esfuerzo físico y económico por parte de artistas y comisiones falleras, a pocas horas de la tradicional plantà se decidió suspender las Fallas de 2021. Con algunas piezas ya en las calles, incluso con montajes de fallas empezados, Valencia se paralizó.

Esta decisión dejó imágenes históricas, y no solo por ver las calles de la ciudad completamente vacías, sino porque las fallas plantadas se tuvieron que 'desplantar' y guardar. Y el rostro de la falla municipal, la icónica Meditadora, fue cubierto con una mascarilla.

Lejos de rendirse, las Fallas optaron por reinventarse. La importancia económica y social era tal que decidieron celebrarlas en septiembre, seis meses después de lo previsto. Con mascarillas y distancia, los falleros demostraron al mundo que era posible salir adelante.

Si algo caracteriza a las Fallas es la 'germanor', esa forma de ser valenciana que representa la unión entre los falleros y los vecinos en general. En 2024 lo demostraron dos veces: con el incendio del edificio de Campanar y con la peor tragedia vivida en la provincia en el siglo XXI: la dana.

En ambos casos, las comisiones falleras se organizaron para canalizar la ayuda a las familias afectadas. Con el incendio fueron, sobre todo, las fallas de alrededor. Con la dana, la movilización fue masiva.

Donaciones de comida, ropa, personas voluntarias para ayudar a limpiar... los falleros fueron ejemplo, al igual que el resto de la sociedad, de empatía y solidaridad. También con artistas falleros afectados, que vieron cómo pocos meses antes de plantar sus fallas, el lodo inundó sus talleres.

El maestro mayor del Gremio de Artistas Falleros, Vicente Julián García Pastor.

El maestro mayor del Gremio de Artistas Falleros, Vicente Julián García Pastor. Vicent Bosch

Aunque estas situaciones también tuvieron una cara B, la de las personas que pedían "por respeto" no celebrar la fiesta de las Fallas. Sobre ello, García Pastor explica que, aunque sea "una desgracia", esto "no justificaba la paralización de la fiesta porque es una actividad económica". "Eso no significa que desde el colectivo no se sintieran las pérdidas humanas", matiza.

De hecho, si por algo se caracterizan las Fallas es por la denuncia social de sus ninots. Así, numerosos artistas falleros optaron por incluir en sus fallas algún muñeco o escena dedicados a la tragedia. Algunos para ensalzar la ayuda de los vecinos y otros, para criticar actuaciones políticas.

El ejemplo de denuncia social de una falla más reciente es la municipal de 2026, un Chaplin en la película Armas al hombro de 27 metros de altura.

El propósito era visibilizar todas las guerras, desde los conflictos bélicos hasta los problemas graves de salud. Y justo antes de las Fallas 2026 estalló la guerra de Irán, por lo que el mensaje de paz y esperanza de la falla cobró todavía más importancia.

Esta guerra, al igual que el resto de acontecimientos que han sacudido la Comunitat durante los últimos cinco años, no solo se han visto reflejada en los ninots. La economía también lo ha notado.

"Desde el 1 de abril el corcho cuesta un 17% más", denuncia el maestro mayor del Gremio de Artistas. Y añade: "Es la primera consecuencia, y como esto no pare, irá subiendo todos los meses el coste de toda la materia que utilizamos". Esto incluye madera, papel, transporte, pintura, entre otros.

Pero el problema, más allá de lo que supone ese aumento en los costes de producción de una falla, radica en la situación que habrá a un año vista. Es un escenario que no se puede predecir.

Según explica García Pastor, una vez finalizadas las Fallas 2026, es durante este mes de abril cuando muchos artistas falleros aprovechan para firmar los contratos con las fallas que plantarán en 2027.

García Pastor durante la entrevista a EL ESPAÑOL.

García Pastor durante la entrevista a EL ESPAÑOL. Vicent Bosch

Esto supone que, a fecha de abril de 2026, un artista fallero y una comisión de falla acuerdan el dinero que destinarán para plantar el próximo mes de marzo. Pero no saben a ciencia cierta qué resultado puede dar realmente su desembolso económico.

"Los compañeros firman las fallas ahora con un determinado precio, y cuando luego sube todo, siempre repercute en el taller", explica el representante del Gremio.

Con todo esto, García Pastor mira al futuro con recelo: "Como las administraciones no nos ayuden, dentro de 10 años no habrá artistas. Y los que haya no podrán absorber todas las fallas".

Lo avala con datos. Asegura que en los próximos años se jubilan cerca de 40 compañeros, y "la tasa de reposición no es la misma". No hay relevo.