José Manuel Villarejo, el comisario investigado en la Audiencia Nacional por liderar presuntamente una "organización parapolicial" que le habría permitido enriquecerse accediendo a datos confidenciales, ofrecía a sus clientes servicios Humint: la inteligencia de fuente humana en la que se usan distintos técnicas como la infiltración de topos, agentes de campo u oficiales de enlace que han utilizado históricamente los distintos gobiernos y equipos policiales. Tras los atentados del 11-S en Nueva York se recuperó para perseguir el terrorismo.

El también exagente encubierto del Estado realizaba sus trabajos de espionaje privados desde la empresa Cenyt, investigada en el caso Tándem. Precisamente como titular de ésta ofreció  a uno de sus clientes este tipo de inteligencia, aunque la denominó erróneamente Hummit, en lugar de Humint. Villarejo se refería con esta denominación a que haría uso de información robada por otras personas, entre ellas hackers, para hacer informes de seguimiento a sus "objetivos".

Él mismo se refirió a esta peculiar técnica en uno de sus informes recogido en el sumario de la pieza Pintor, dentro de la investigación seguida contra él en el Juzgado Central número seis: "El sábado 22 de abril a través de investigaciones Hummit nos confirman que el investigado (x) acudirá al Centro de Hípica Dos Lunas sito en la CA513 en las proximidades de San Martín del Tesorillo, coincidiendo con el Campeonato Nacional de Doma Clásica donde su hija compite".

"Hemos utilizado gente nuestra"

Según se puede leer en el informe, Villarejo accedió por medio de esta vía a multitud de datos privados de un empresario al que sus clientes, los hermanos Juan y Fernando Muñoz, empresarios andaluces, buscaban extorsionar con datos íntimos para que saldara una deuda con ellos.

Villarejo hizo una "intensa labor de vigilancia y seguimientos" -afirman los agentes de la Unidad de Asuntos Internos encargados de investigarle- tanto a el empresario como a sus familiares y su abogado. Así pudo saber qué pasos darían, los cargos que ocuparían en un futuro o los círculos sociales donde se movían. El excomisario manejó un vídeo en el que el abogado de su "objetivo", un juez marbellí retirado, aparecía consumiendo cocaína y acompañado de prostitutas. Precisamente ese era el material con el que planeó presionarle para que su cliente pagara la deuda con los empresarios que le contrataron. 

En una de las reuniones mantenida con los empresarios, Villarejo explicaba cómo conseguiría toda esa información: "Al final para cerrar las cosas hemos utilizado gente nuestra. Son tres equipos los que han trabajado el asunto: uno con el juez, otro con M (el empresario) y otro equipo trabajando en Madrid. Que no se preocupen de nada, que los equipos entre sí no saben toda la información que manejan".

Bases policiales 

El excomisario puso a espías a trabajar por separado sin saber que formaban parte de un equipo. Éstos se encargaban de conseguir información sensible sobre sus "objetivos" robada a su vez por otras personas por vías no permitidas.

Además, Villarejo también habría contado con la ayuda de dos policías que consultaron información para él en las bases oficiales. Un procedimiento al que solía recurrir para sus trabajos, pues en las piezas Iron y Land también hay efectivos de la Policía investigados por revelación de secretos.