Es inocente. Después de tres años en libertad con cargos, amenazado con pasar siete años en prisión y víctima de un tratamiento policial rayano a la tortura, Gustavo C. acaba de ser absuelto. El presunto 'hacker' acusado de filtrar los sueldos de más de 2.000 trabajadores de TV3 acaba de recibir la mejor noticia de los últimos años: no es culpable de ninguno de los cargos que se le imputaban y no entrará en prisión.

“Estoy eufórico”, declara el joven sin tapujos. “Han sido tres largos años en los que han destrozado una familia entera. Por fin se ha hecho justicia”, concluye el trabajador, que ha sido declarado inocente un día después de cumplir 38 años. “Es el mejor regalo que podía tener”, reconoce.

Sin embargo, el daño ya está hecho. Gustavo sigue en tratamiento psicológico. Arrastra unas secuelas de las que aún no se ha recuperado. Sigue teniendo contrato en vigor con la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) pero actualmente no está trabajando. Se encuentra de baja laboral por una enfermedad mental. “Una enfermedad provocada por el tratamiento al que me sometieron los Mossos d'Esquadra durante el proceso de detención. Fue una pesadilla. Me provocaron un shock postraumático que derivó en una enfermedad mental de la que no me he recuperado. No quiero entrar en detalles, pero sigo enfermo por todo aquello”, explica.

EL SUELDO DE 2.000 TRABAJADORES

A Gustavo C. aún le tiembla la voz cuando rememora aquel episodio. Los Mossos d'Esquadra entraron en su casa el 11 de octubre de 2013. Arrasaron su domicilio. Revolvieron todos los armarios buscando ordenadores, discos duros y cualquier otro tipo de soporte informático. Era el único acusado de haber robado una hoja de Excel en la que aparecían datos laborales y salariales de más de 2.000 trabajadores de TV3, Catalunya Radio y la CCMA. Al parecer, alguien accedió a los equipos informáticos de los directivos de la Corporació y se hizo con el documento confidencial. Además de los sueldos, la hoja contenía los cálculos de las indemnizaciones de un ERE. Después de robar la hoja, el ladrón envió dichos datos adjuntos en un correo electrónico a 80 cuentas de correo de trabajadores de la empresa. Dicho envío se llevó a cabo cuando el ente público catalán se hallaba en pleno ERE.

Sin muchos indicios y sin pruebas concluyentes, los Mossos d'Esquadra detuvieron a Gustavo C. como único acusado por este caso. Desde los medios de comunicación se referían a él como “el hacker que robó la hoja de los sueldos de TV3”. Sin embargo, el trabajador destaca: “No había pruebas contra mí. El comité de empresa dice que fue la propia dirección la que filtró estos datos como medida de presión para demostrar a la sociedad que los empleados cobraban mucho”. De hecho, el envío del correo se llevó a cabo desde el ordenador de Brauli Duart, el presidente del CCMA, aunque él negó en todo momento haber sido el responsable. Hacía falta culpable y le tocó a él.

“Yo ni siquiera soy informático. Trabajo en postproducción”, recalca el joven, que cree que le tocó asumir el papel de 'cabeza de turco' por dos motivos: “El primero es porque estaba en el edificio desde el que se enviaron los correos en aquel momento. Yo estaba trabajando allí en aquellas horas y me tocó. El segundo es porque siempre he tenido fama de “freak” entre mis compañeros. Me gusta la informática y a veces customizo teléfonos móviles. Pero siempre para ayudar a los compañeros. Nada más”.

“ALGO PARECIDO A LA TORTURA”

De nada le sirvió proclamar su inocencia en dependencias policiales. Sostiene que los Mossos d'Esquadra le trataron “como a un terrorista. No es normal pasar dos días detenido con un tratamiento cercano a la tortura”, resume. Recuerda que durante su estancia en el calabozo “me dispensaron un tratamiento vejatorio. Me dejaron desnudo para registrarme, me daban bocadillos congelados para comer y hasta el papel higiénico me lo racionaban y me lo daban contado”. Un papel higiénico que tenía que utilizar “sin disponer de ningún tipo de intimidad. Tenía que hacer mis necesidades en un agujero en el suelo, con gente viéndome”. También acusa a la policía autonómica de “no haberme dejado dormir. Ponían películas de tiros a un volumen muy fuerte que me impedía conciliar el suelo”.

Gustavo C. adelanta que “alguna medida tendremos que tomar al respecto, aunque esa cuestión la lleva mi abogado. Pero no me gustaría que eso quedase impune. No es normal que a una persona la traten como a un terrorista sólo por el hecho de haberme negado a declarar. No tengo antecedentes penales, nunca me he metido en problemas. No tenían pruebas, sólo indicios que ahora han quedado desmontados. Han cometido una terrible injusticia conmigo”.

“CUALQUIERA PUDO ENTRAR EN EL ORDENADOR”

Efectivamente, la jueza que instruye el caso ha absuelto al acusado del delito continuado de descubrimiento de secretos y delito de revelación de secretos. La magistrada ha subrayado en la sentencia, tras haber analizado las pruebas y las declaraciones de los testigos, que “ante esta situación de incertidumbre probatoria y ante la existencia de indicios, necesariamente ha de acudirse al auxilio del principio in dubio pro reo y al mandato absolutorio que el mismo impone”. Del mismo modo, la sentencia remarca que los indicios que presentó la acusación y el Ministerio Fiscal, “no dejan de ser puramente circunstanciales, cualquiera pudo entrar en ese departamento y usar los ordenadores”, además de definir a Gustavo C. como “un trabajador anodino al que únicamente conocen sus compañeros más directos”.

¿Quién filtró entonces las hojas de Excel con los sueldos de los trabajadores de TV3? Lo único que tiene claro el joven es que “yo no fui”. Tampoco quiere atribuirle la autoría a nadie sin disponer de pruebas sin pruebas, pero recuerda que “los hechos acontecieron en agosto de 2012. Estando el caso bajo secreto de sumario, el 11 de septiembre de 2013, alguien tuvo acceso a este sumario. Alguna persona dejó ver ese sumario a alguien importante. Tengo mis sospechas, pero sin pruebas no puedo decir nada”, se disculpa.

VUELTA AL TRABAJO

Ahora le toca volver a trabajar. “Durante estos tres años han intentado someterme a una especie de chantaje. Me cambiaron de lugar de trabajo para mantenerme alejado de cualquier tipo de equipo informático”. Sin embargo, ahora debe reincorporarse a su lugar original. No tiene miedo. De hecho, asegura sentirse “con muchas ganas de volver a trabajar”. Pero sobre todo, de dejar atrás una pesadilla “que ha durado tres años, que ha sido injusta, que ha perjudicado mucho a mi familia y que a mí me ha dejado marcado psicológicamente”.

Desde el primer momento, el trabajador ha contado con el apoyo incondicional de sus compañeros. El comité de empresa del CCMA se manifestó en todo momento a favor de Gustavo C.. Fueron muchos los compañeros que se sumaron a las acciones de protesta, como convocatoria de huelga o elaboración de camisetas solidarias con la frase “No encarcelen a mi compañero”.

El joven no deja de repetir “el gran apoyo que me han brindado mis compañeros de trabajo. Se hubiese hecho mucho más duro sin su ayuda y sin la de mi familia, que han sufrido tanto como yo pero siempre han estado de mi lado”. La sentencia absolutoria se ha hecho pública sólo tres meses después de que Brauli Duart abandone la presidencia de la CCMA esgrimiendo motivos de salud.

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