Como Pedro por su casa. El presidente del Gobierno acudió a La Revuelta de TVE y, desde el minuto cero, dejó claro quién manda.
"Luego me dicen que esta televisión es mía", bromeaba a su llegada al teatro donde se graba el programa de David Broncano.
Y haciendo buena esa máxima de que entre broma y broma la verdad asoma, el presidente prometió que, si gana las elecciones del 29-N, "aspiro a renovar" el programa "cuatro años más en TVE".
No se había ni sentado cuando comenzaron los regalos protocolarios, típicos en el programa. Sánchez optó por llevar un ajedrez de diseño a Broncano, un juego del que, según confesó, ambos son aficionados.
La elección motivó un comentario del colaborador del programa, Ricardo Castella: "Es un juego de cargarse al rey, ya me veo mañana los titulares".
Sánchez sonrió y admitió: "Efectivamente, es un juego de cargarse al rey". Una frase que llega sólo dos meses después de que algunos ministros, como Óscar Puente, hayan lanzando alguna andanada dialéctica aprovechando una fotografía del monarca.
El presidente no añadió más, mientras el realizador en un nada casual plano mostraba a un punk, colaborador del programa, sentado en primera fila con una camiseta: "Ni Patria, ni Rey, ni Dios, ni amo". Un lema que se pudo leer en varias ocasiones a lo largo del programa.
A vueltas con el monarca, Broncano sacó el tema de las declaraciones del expresidente del Gobierno José María Aznar quien había augurado que una victoria de Sánchez podría acabar con la monarquía parlamentaria".
"No tendremos esa suerte", remató Broncano, a lo que Sánchez respondió que "lo de Aznar es tremendo". Nuevo plano al punk mientras bromeaban con que la mención a la III República le había puesto "la cresta hacia arriba".
El jefe del Ejecutivo no despejó las dudas. Ya en el sofá, Broncano le preguntó qué nota se pondría como mandatario.
Justo el día en el que la Junta Electoral señalaba que el CIS de Tezanos "vulnera la ley" al ocultar cómo cocina sus resultados, ambos se pusieron a bromear con el organismo sociológico de cabecera del Gobierno.
Sánchez y Broncano coincidieron entre risas en que el presidente del organismo público le pondría "un 10 sobre 10" a su mandato.
A partir de ahí, La Revuelta se convirtió en un spot electoral de casi dos horas, plagado de aplausos para Sánchez y también de algún pellizco de Broncano, que le reprochó "haber tenido ocho años" para resolver el problema de la vivienda.
A lo que el presidente se justificó vagamente asegurando que las competencias son compartidas y pidiendo una mayoría más amplia para gobernar con más comodidad.
2,7 GB de "fotos familiares"
También hubo alguna confesión inédita, como cuando Sánchez aseguró que los 2,7 GB que le hackearon del móvil sólo contienen "fotos familiares". Era la primera vez que hablaba del material extraído con Pegasus.
También admitió que "sin duda podríamos haber gestionado mejor" lo de Ceuta. Una leve autocrítica antes de admitir únicamente un error en su mandato: el caso Ábalos.
"Crees conocer a gente y sale una cara que te quedas helado", lamentó Sánchez, sin querer aclarar si conocía las andanzas del que fuera todopoderoso secretario de organización del PSOE y Ministro de Transportes.
El nombre de Maricarmen no fue mencionada hasta las 23:04, pese a que su caso había comenzado como leitmotiv para lanzar su campaña y había llegado incluso a protagonizar decretos con el nombre de la inquilina desahuciada.
Fue entonces cuando Sánchez aseguró que se han construido "un millón de viviendas" entre públicas y privadas, pese a que en los últimos años la cifra anual no pasa de las 90.000 y se ha acumulado un déficit de un millón.
Sánchez también sacó pecho de las cifras de criminalidad, asegurando que son las más bajas de Europa.
Lo cierto es que, en homicidios, España ocupa el puesto 18 de 27, aunque la posición empeora cuando se pregunta por robos con violencia o intimidación, que se convierte en una de las más altas de la UE.
En el tintero se quedaron repreguntas como si va a indultar al exfiscal general del Estado condenado, Álvaro García Ortiz, al que defendió durante la entrevista.
Lo mismo sucedió con su mujer, Begoña Gómez, y su hermano, David Sánchez. Una, a punto de sentarse en el banquillo de los acusados ante un tribunal popular; el otro, ya condenado.
"Mi hermano tiene tres carreras económicas, música, habla muchos idiomas y se le sentencia porque es el hermano", lamentó Sánchez, sin entrar en el fondo de la condena.
Ni una pregunta sobre si las cloacas han ordenado intimidar, a través del clan de los Rocho a la juez que instruía el caso, la magistrada Beatriz Biedma.
"Se han traspasado líneas con gente que quiero", admitía con tristeza Sánchez.
También hubo una defensa cerrada del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, llegando Sánchez a equiparar las joyas incautadas por valor de 1,3 millones con "el pistolón" que, según él, le regaló el presidente de Turquía, Recep Tayip Erdogan, durante la última cumbre de la OTAN.
"Los expresidentes no saben los regalos que les dan", confesó Sánchez en un momento de la entrevista.
Y, tras casi dos horas, terminó la entrevista. Sánchez había mostrado su versión más informal: bromas, aplausos, confesiones personales y alguna autocrítica cuidadosamente acotada.
Fuera quedaron, en cambio, buena parte de las preguntas que podían incomodar al presidente.
TVE dio entonces paso a otro programa de "humor", donde esperaba Ada Colau, la líder del Frente Amplio. El presidente acababa de defender que "el servicio público también es reír con humor inteligente".
También puede ser una forma de hacer campaña sin que lo parezca.
