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Alberto Núñez Feijóo ha confirmado este martes que el PP negocia con Vox una fórmula para neutralizar el pacto de PSOE y Frente Amplio en el Senado.

"Estamos hablando y vamos a seguir hablando con Vox, desde la discreción y desde el respeto", ha afirmado en una entrevista en COPE.

Sus palabras llegan un día después del movimiento de Abascal.

Tras reunir al Comité Ejecutivo Nacional, el líder de Vox aseguró que la alianza de Sánchez con "la extrema izquierda" en la Cámara Alta "exige sacrificios".

Y dejó claro que su formación "mantiene la voluntad de entendimiento" con los de Feijóo.

¿Y en qué se traducirá ese "entendimiento"? Ni Génova ni Bambú lo concretan. Fuentes de Vox confirman a EL ESPAÑOL que "todo está abierto". Igual que Feijóo, que no ha cerrado ninguna puerta.

Lo que está claro es que algo se está cociendo en las cúpulas de ambos partidos, y el reloj aprieta: la presentación de candidaturas se abre este miércoles y se cierra el lunes 26.

La coalición ya no es posible. El plazo para registrarlas ante la Junta Electoral expiró el viernes, así que PP y Vox no podrán concurrir bajo una marca común, como sí harán socialistas y Frente Amplio con Senado de Progreso.

Lo que está en juego son los tres quintos de la Cámara, 161 de 267 escaños. Con esa mayoría, PP y Vox podrían renovar sin el PSOE a cuatro magistrados del Tribunal Constitucional y a diez vocales del CGPJ.

¿Y cómo se está negociando? "Hay que buscar una fórmula", ha insistido Feijóo. ¿Cuál? "Ellos saben hasta dónde podemos llegar", ha advertido en referencia a Vox.

Y ahí ha explicado cuál podría ser la moneda de cambio con los de Abascal: ofrecer senadores de designación autonómica al partido de Abascal a cambio de que no presente candidatura en algunas provincias.

Feijóo ha recordado que los cinco senadores que tiene hoy Vox son autonómicos, "fruto de los acuerdos" en comunidades donde gobierna el PP.

Sobre la mesa hay, sin embargo, varias vías además de esta.

Cómo se vota

Primero, antes de entender las fórmulas, hay que explicar cómo se vota al Senado.

En cada provincia peninsular —en las islas, el sistema es distinto— se eligen cuatro senadores, pero el elector solo puede marcar tres nombres en la papeleta.

Ganan los cuatro candidatos más votados, cada uno con sus propios votos. En la práctica, el partido más votado se lleva tres escaños y el segundo, uno. Por eso dividirse sale caro: quien queda primero lo gana casi todo.

Sin Vox

La primera fórmula es la más sencilla: que Vox no presente candidatura al Senado en las provincias donde la división de la derecha puede regalar escaños a la izquierda. No requiere ningún trámite. Basta con no registrar lista antes del lunes 26.

¿Dónde penaliza que la derecha vaya separada? Según la proyección de SocioMétrica publicada por EL ESPAÑOL, el problema para la derecha se concentra en 19 circunscripciones. Allí, la lista unida de la izquierda podría superar al PP y llevarse tres de los cuatro senadores.

Entre ellas figuran Valencia, Sevilla, Asturias, Badajoz, Cádiz, Zaragoza, Alicante y las tres circunscripciones insulares. En las otras 31 provincias, el PP ganaría igualmente aunque Vox concurra por su cuenta.

En ese escenario, una parte de los votantes de Vox apoyaría al PP. Según el último sondeo de SocioMétrica para este periódico, los populares subirían a 155 senadores y Vox conservaría siete. Sumarían 162, uno por encima del listón, en 99 de cada 100 simulaciones.

Fórmula 2+1

El segundo camino es la lista 2+1. El PP presentaría tres candidatos, como siempre, pero uno de ellos sería de Vox. Vox no tendría lista propia en esa provincia y pediría a sus votantes que apoyaran la papeleta del PP.

La Ley Electoral lo permite, porque solo prohíbe que un mismo candidato figure en dos candidaturas o circunscripciones. El aspirante de Vox iría como independiente, y en la papeleta solo podría constar esa condición, no la marca de su partido.

Si la lista gana, los tres escaños se reparten dos para el PP y uno para Vox. Así, Vox mantendría presencia en la Cámara en lugar de desaparecer de esas provincias. El PP decidiría en qué puesto colocar al candidato de Vox.

Las islas

En Baleares y Canarias, esta fórmula de 2+1 no tiene encaje. Allí el Senado se elige isla a isla. Mallorca, Gran Canaria y Tenerife eligen tres senadores, y el votante marca dos nombres. El resto de islas elige uno solo.

En las islas pequeñas no hay escaños que repartir. En las grandes, un candidato de Vox en tercer lugar competiría por los votos de los propios electores del PP. Por eso, en las tres circunscripciones insulares la única vía sería que Vox no se presente.

En las 16 provincias peninsulares restantes, ambos partidos podrían concurrir en listas 2+1.

Senadores autonómicos

La segunda vía es la que ha dejado caer Feijóo: compensar a Vox con senadores autonómicos. Para entenderla hay que saber que no todos los miembros de la Cámara Alta salen directamente de las urnas.

El Senado tiene 267 escaños. De ellos, 209 se eligen por votación directa en las elecciones generales y 58 los designan los parlamentos de las comunidades autónomas.

La Constitución reserva a cada comunidad un senador, más otro por cada millón de habitantes. Los elige su parlamento autonómico en proporción al peso de cada grupo. Andalucía, la más poblada, designa nueve; La Rioja, uno.

Hoy, de esos 58 senadores autonómicos, 23 son del PP, 19 del PSOE y cinco de Vox. El resto son de partidos nacionalistas o regionalistas.

Los cinco senadores de Vox llegaron gracias al PP. En Extremadura, un senador popular renunció para dejar el puesto a uno de Vox, y en Andalucía el PP cedió una de sus plazas. Feijóo ha puesto ese modelo como ejemplo.

La propuesta consiste en repetirlo: Vox renuncia a presentar candidatura en las provincias en disputa y, a cambio, el PP le cede senadores autonómicos de su cupo.

En cualquier caso, esta fórmula tiene un límite: no suma escaños a la derecha, solo los cambia de manos. Si el PP cede una plaza, pasa a tener 22 y Vox, seis. El total sigue siendo 28.

Los senadores que permiten alcanzar los tres quintos solo pueden ganarse en las urnas, con la retirada de Vox o con listas 2+1. Los autonómicos son, en realidad, el precio que el PP pagaría por esa renuncia.

El otro problema es el calendario. En casi todas las comunidades, estos senadores están ligados a la legislatura regional, que no se renueva hasta 2027. Solo Galicia los vuelve a designar tras unas generales, y allí el PP tiene mayoría absoluta.

A corto plazo, el PP solo podría pagar con dimisiones de sus propios senadores autonómicos para que Vox ocupe las vacantes. El resto sería una promesa a futuro.

Tercera vía

Queda una tercera vía, más difusa. Con siete senadores, Vox no llegaría a los diez que exige el Reglamento para tener grupo propio. El PP podría prestarle los que faltan, como hizo el PSOE con Junts, PNV y Sumar en 2023.

También caben puestos en la Mesa del Senado, presidencias de comisiones o voz en la renovación del Constitucional y del CGPJ. Ninguna de estas compensaciones mueve un escaño, pero pueden inclinar la negociación.

La primera prueba llegará el 28 de octubre, cuando se publiquen las candidaturas. Ese día se verá en qué provincias ha desaparecido Vox de la papeleta.