Populismo, romance y corrupción. Los tres ingredientes del peronismo que ya impregnan la precampaña electoral de Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno sorprendió a (casi) todos el sábado, al iniciar su discurso en Fuenlabrada con una declaración de amor a Begoña Gómez, ante la plana mayor del partido.
No fue un gesto casual ni improvisado. Los asesores de campaña habían decidido imponer un nuevo marco como gancho electoral, el romance entre Pedro y Begoña, para pasar página a los escándalos que asaltan al Gobierno.
Y al instante, las cuentas oficiales del partido se lanzaron a publicar la foto del beso en redes, con lemas como "La fuerza del amor" o "El amor vencerá".
El PSOE calca así la campaña a la Presidencia de Argentina de Cristina Fernández de Kirchner, en 2011.
La fuerza que puede con todo. 🌹❤️ https://t.co/YSe6wBapmt
— PSOE (@PSOE) October 17, 2026
También en aquella ocasión, la candidata argentina difundió con el lema "La fuerza del amor" la foto del abrazo con su marido y expresidente de la República, Néstor Kirchner, que había fallecido pocos meses antes.
Y los paralelismos son inevitables. Cristina heredó el cargo de presidenta de la República de su marido, en un tránsito que pretendía convertir al movimiento peronista en una suerte de monarquía fake.
También este sábado, Pedro Sánchez elevó a Begoña Gómez a la categoría de candidata consorte, tras otorgarle durante los últimos ocho años el de Primera Dama (que en realidad corresponde a la Reina Letizia).
Pero las similitudes son aún más llamativas en el campo de la corrupción.
Te quiero, Begoña. https://t.co/3PhUrEQCdP
— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) October 17, 2026
Cristina Fernández de Kirchner fue condenada por un Tribunal Federal en 2022 a seis años de prisión e inhabilitación perpetua, en un caso multimillonario de corrupción y cobro de comisiones ilegales.
Atendiendo a su edad, el Tribunal le ha permitido cumplir la condena en su propio domicilio, con una tobillera electrónica.
En el caso de Sánchez, su declaración de amor del sábado era también un gesto de desagravio a Begoña Gómez, antes de que se siente en el banquillo ante un jurado popular (integrado por nueve ciudadanos de la calle).
En su auto de procesamiento, el juez Peinado (que se acaba de jubilar) imputa a Begoña Gómez y a su asistente en Moncloa, Cristina Álvarez, los presuntos delitos de malversación de fondos y tráfico de influencias.
La Fiscalía Provincial de Madrid ha solicitado la absolución de ambas. El Ministerio Público sostiene que los hechos atribuidos a Gómez "no son constitutivos de infracción penal". La Audiencia Provincial de Madrid aún debe resolver los últimos recursos.
Y es sólo uno de los escándalos de corrupción que asedian al Gobierno de Sánchez: de la cloaca de Ferraz (que investiga el juez Santiago Pedraz) al presunto tráfico de influencias de Zapatero (que instruye Calama), que salpica también al Consejo de Ministros por el rescate de Plus Ultra.
