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El Sindicato de Inquilinas, el colectivo que levantó la acampada de Sol y que empujó a CCOO y UGT a la primera huelga general en 14 años, ha encontrado un nuevo blanco para el paro del 11 de noviembre: el PSOE.

El detonante son los pisos de la pareja Montse Mínguez, portavoz de los socialistas. Sergi Vélez está al frente de Nest Capital, un holding inmobiliario de Lérida con al menos 30 viviendas en alquiler.

"Mientras ella defiende que la vivienda sea un derecho, la empresa de su pareja mantiene al menos 30 viviendas en alquiler", ha denunciado el sindicato en X, junto a una imagen de la dirigente socialista.

Mínguez ha sido estas semanas una de las voces más duras del PSOE contra los llamados "fondos buitre", la diana sobre la que su partido ha construido el 29-N.

Pero ahora se ha sabido que en su propia casa el negocio es el alquiler.

Cuando se conoció la noticia, publicada por Artículo14, la propia Mínguez salió a respaldar a su pareja, a la que ella misma acabó definiendo como "gran tenedor".

Su negocio, dijo, no es un fondo buitre, sino "una empresa familiar que se dedica al alquiler y cumple con la legalidad".

"Es una vergüenza y nada sorprendente: el PSOE promete combatir el rentismo mientras en sus filas están ganando dinero del negocio inmobiliario", lamenta en X el Sindicato de Inquilinas.

Por eso, con un "partido rentista" la "única alternativa", dicen, es "pararlo todo". "Este 11 de noviembre, vamos a la huelga general".

"Empresa familiar"

Al hablar de su pareja, Montse Mínguez defendió "si hay un inquilino que no paga, se le desahucia".

Lo dijo justo cuatro días después de que Pedro Sánchez prometiera que no habría "ningún desahucio" en lo que queda de legislatura.

Sánchez hizo esa promesa tras la muerte de Maricarmen Abascal, la vecina del Retiro de 87 años que falleció en el hospital dos semanas después de ser desalojada de la casa en la que había vivido 70 años.

El Gobierno ha hecho de aquel caso el símbolo de su ofensiva contra los "fondos buitre". De hecho el PSOE ha planteado las elecciones como una disyuntiva entre "la gente o los fondos buitre".

Y el Gobierno ha repartido esa etiqueta de "fondo buitre" con generosidad.

Por ejemplo, la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, se la puso a Urbagestión, la dueña del piso de Maricarmen, cuando Urbagestión tiene una sola vivienda en propiedad.

Cuando le preguntaron si era exactamente un "fondo buitre", Rodríguez dijo que "tal vez no fuera un fondo, pero es una pyme buitre, muy carroñera".

Nest Capital, el holding de la pareja de Mínguez, tiene al menos 30 pisos en alquiler. Con la vara de medir del Gobierno, el negocio de Vélez debería ser al menos igual de "carroñero".

Mínguez, sin embargo, usó otra definición de "fondo buitre". A su juicio, se trata de "dinero extranjero que compra edificios enteros para expulsar a la gente de su casa".

Es una definición que deja fuera al holding de su pareja. Y también a Urbagestión, la "pyme buitre" de la ministra.

De Sol al 11-N

El Sindicato de Inquilinas está detrás de la movilización que siguió al desahucio de Maricarmen.

La acampada arrancó la noche del sábado 26 de septiembre. Casi tres semanas después, sigue en pie.

A principios de octubre, el sindicato anunció que reduciría su presencia en la plaza para volver a centrarse en la lucha en los barrios, mientras la asamblea de Sol decidía seguir.

Durante la primera gran asamblea de la acampada, el sindicato ya planteó una huelga general. La idea cuajó: UGT, CCOO, CGT y CNT, entre otros, acordaron con la Confederación de Sindicatos de Inquilinas un paro de 24 horas para el 11 de noviembre.

La del 11-N será la primera huelga general desde 2012 y la primera bajo un Gobierno de Sánchez. Se celebrará 18 días antes de las elecciones generales.

María Jesús Montero, jefa de la campaña socialista para el 29-N, aseguró que la movilización no va contra el Gobierno sino contra PP, Vox y Junts.

"En este caso, se convoca contra la oposición", dijo Montero. El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, se sumó días después a esa lectura: "Hago mías las palabras de la señora Montero".

Pero el caso de Montse Mínguez ha desbaratado ese relato.