Carles Puigdemont no ha dicho su última palabra sobre su relación con Pedro Sánchez y las negociaciones con el PSOE durante dos años largos en Ginebra y Zúrich (Suiza). El líder de Junts tiene la ventaja de disponer de un soporte físico que puede utilizar como munición política.
Según una fuente muy próxima al president huido de la Justicia española durante casi una década en Waterloo (Bélgica), "una persona muy cercana guarda las actas de las reuniones en Suiza con Santos Cerdán, con José Luis Rodríguez Zapatero y el resto de las delegaciones del PSOE".
Fueron un total de 19 las citas, con mediador internacional, Francisco Galindo, y con una organización al mando de la logística y la facilitación, el Centro Henri Dunant (CHD).
Son estas partes, ajenas a la negociación, las que tomaban nota y emitían las actas del orden del día, asuntos tratados, evoluciones y conclusiones de cada reunión. La copia remitida al equipo de Puigdemont se ha guardado para utilizarlas "cuando sea conveniente".
A él, se entiende.
Por ejemplo, en marzo de 2024, en el momento de mayor sintonía entre el PSOE y Junts, se celebró la cuarta cumbre entre Cerdán y Puigdemont en Suiza. Allí se llegó a hablar incluso de la apertura de una "nueva fase" para discutir directamente el referéndum y la financiación singular de Cataluña.
Fuentes independentistas aseguraron a EL ESPAÑOL que el enviado de Sánchez se comprometió a que el Gobierno llevaría a votación en Cataluña lo que se pactara en esa mesa.
Según la verificación del CHD y de Galindo, mientras Junts reclamaba que ese pacto fuese "un referéndum de autodeterminación", la oferta socialista daba un gran salto legal, pero sólo llegaba hasta "recuperar el Estatut de 2006" en los artículos recortados por el Tribunal Constitucional.
PSOE y Junts llegaron incluso a pactar en aquella ocasión comunicados idénticos, en castellano y catalán, lo más parecido a una nota conjunta en un proceso que oficialmente debía mantenerse en la sombra.
En ese contexto de confianza se fijó, incluso, una reunión personal entre Pedro Sánchez y Puigdemont en Bruselas para el 22 de marzo de 2024, un encuentro "presidente con president" que nunca se celebró porque Pere Aragonès, entonces al frente de la Generalitat, decidió adelantar las elecciones catalanas.
Esa cita frustrada y la reunión de Zúrich quedaron también recogidas en las actas oficiales, levantadas por Galindo y Henri Dunant, que documentan hasta dónde llegó el PSOE en sus ofertas y que Puigdemont.
Esa misma fuente del entorno del líder de Junts añade que esos documentos se mantienen "a buen recaudo para poder jugar con ellos cuando convenga", una frase que resume el valor de esas actas como arma política en manos de Puigdemont.
Mucho más de lo cumplido
Como ya publicó EL ESPAÑOL hace un año, esas actas oficiales recogen los avances alcanzados en reconocimiento nacional, financiación singular (o concierto catalán) y quita preferente de la deuda de la Generalitat, entre otros puntos.
Son la evidencia física de que, a lo largo de las 19 reuniones entre Junts y PSOE en Ginebra y Zúrich, Cerdán y Zapatero ofrecieron mucho más de lo que el Gobierno ha materializado después en leyes, decretos o reformas.
El eje de las ofertas políticas fue la autodeterminación.
Una de las personas más cercanas al líder de Junts, Pilar Rahola, explicó en una entrevista con este periódico, que el llamado Acuerdo de Bruselas y la mesa de Suiza se construyeron sobre una condición clara: "Si tú quieres la presidencia, yo quiero amnistía y esto otro".
Y ese "esto otro" era abordar la autodeterminación "en toda su plenitud" con un mediador internacional.
Junts ponía como límite que el conflicto catalán se "abriese en canal" y que el derecho a decidir se tratase como cuestión central, con la amenaza expresa de no investir a Sánchez si no se asumía el compromiso de que el asunto estaría sobre la mesa. "Y así se reflejó en el texto del pacto para la investidura de Sánchez".
En el plano económico, las actas reflejan que el PSOE llegó a aceptar abordar la financiación de Cataluña "de manera singular", con una fórmula equivalente en la práctica a un concierto económico: una Hacienda propia, la gestión del grueso de los tributos y una quita de deuda preferente.
El lenguaje evitaba las palabras "concierto" o "cupo", pero las fuentes consultadas describen el esquema como "la caja y las llaves de la caja" en manos de la Generalitat, algo que nunca se ha traducido en una reforma de la LOFCA ni en alguna ley específica preparatoria.
En paralelo, se añadieron dos concesiones identitarias: la oficialidad del catalán en las instituciones europeas y la cesión de las políticas de inmigración a la Generalitat, negociadas primero para salvar decretos y luego elevadas a carpeta estructural de la mesa suiza.
Según diversas fuentes, Zapatero llegó a cerrar ese asunto en una reunión urgente en Suiza con Puigdemont y el mediador. El entendimiento sobre inmigración tras un órdago de Junts en el Congreso.
El 'método Cerdán'
Detrás de esas ofertas estuvo el método Cerdán. En noviembre de 2023, el enviado especial de Sánchez pasó una "semana de la marmota" en el hotel Sofitel de Bruselas: cuatro noches casi sin salir del edificio, esperando correos y mensajes de Puigdemont con nuevas redacciones de la amnistía y del Acuerdo de Bruselas.
Cerdán comía en la cafetería del hotel, daba vueltas por los pasillos y veía cómo el líder de Junts se movía a pocos metros, en el Press Club, mientras evitaba un encuentro cara a cara y convertía la negociación en un intercambio de documentos y condiciones.
Antes incluso de las elecciones del 23-J, según ha revelado el propio Puigdemont, personas del PSOE llegaron a sondearle incluso con la idea de un indulto a cambio de una breve estancia en prisión.
El líder separatista del procés se negó, pero la presunta oferta sirve para dos cosas: una, para medir hasta qué punto la dirección socialista estaba dispuesta a explorar vías extraordinarias para acercarse a Junts; y dos, la disposición de Puigdemont a usar información confidencial en su beneficio.
La vuelta, tras el 29-N
Mientras tanto, el tablero judicial se ha movido, finalmente.
Tras la sentencia del Tribunal Constitucional que ordena amnistiar la malversación vinculada al procés, el Supremo levantó la orden nacional de detención contra Puigdemont, Comín y Puig.
En el entorno del expresident admiten que "puede empezar a hacer las maletas", pero subrayan que su regreso no se empezará a diseñar hasta que la Sala Segunda del Supremo se reúna y dicte el auto que aplique "a todos los efectos" la amnistía al líder de Junts.
De momento, las fuentes consultadas recuerdan que "sólo se ha levantado provisionalmente la orden de detención" y que la causa penal sigue técnicamente viva.
Puigdemont no quiere repetir sustos como los vividos en Alemania o Italia y sólo abandonará Waterloo cuando vea su situación archivada. Y en todo caso, no se implicará en la campaña de las elecciones generales. Prevé esperar a después del 29-N para redirigir todos los focos a su regreso, cuando ya sepa a quién presiona su reaparición en España.
Ruptura y advertencia
En paralelo a ese calendario judicial y europeo, las actas suizas siguen pesando sobre la relación entre PSOE y Junts. En octubre de 2025, esa arquitectura se vino abajo.
Puigdemont reunió a la dirección de Junts en Perpiñán, escenificó la "ruptura definitiva" con Sánchez y anunció que su formación no volvería a apoyar "a ningún Gobierno español", ni el actual ni futuros ejecutivos.
En esa comparecencia cargó contra los "reiterados incumplimientos" del PSOE y dijo que "no hay confianza", añadiendo que "les hemos dado oportunidades para cambiar".
Fue entonces cuando comunicó al PSOE que no habría más citas en Suiza, y lo cumplió. Y cuando advirtió de que conservaba las actas oficiales de todo lo negociado con Cerdán y Zapatero.
Esos documentos, que el propio líder independentista presenta como prueba "irrefutable" de lo acordado, se convirtieron en el argumento central para responsabilizar al PSOE de haber roto el Acuerdo de Bruselas "a conciencia" tras dos años de reuniones.
La formación decidió por votación telemática de la militancia pasar a la oposición en Madrid y concentrar sus fuerzas en Cataluña, tras un discurso interno de Puigdemont en el que señaló que le convenía que las generales se celebrasen antes que las municipales.
La competencia con Aliança Catalana ya les erosionaba entonces, aunque el deterioro es mayor ahora.
Desde entonces, ni el PSOE ni Junts han querido que esas actas salgan a la luz. En Moncloa saben que ahí figuran concesiones que le haría daño que fueran reveladas porque serían difíciles de explicar a sus votantes.
En Junts, por su parte, se decidió guardarlas para no romper todos los puentes hasta el momento adecuado, una vez haya cambiado el equilibrio de fuerzas.
