Tras la votación que tumbó en el Pleno del Congreso los decretos sobre vivienda, Pedro Sánchez recibió en su móvil multitud de mensajes de apoyo y con sugerencias sobre cómo actuar.
Uno de esos mensajes procedía de un socialista que ocupa un destacado puesto institucional y con larga trayectoria junto a Sánchez. Le animaba a convocar elecciones y, además, le proponía volver a presentar los decretos para que se votaran en la Diputación Permanente con el Congreso disuelto.
Sólo posteriormente este socialista cayó en la cuenta de que la mayoría en ese órgano que sustituye al Pleno favorece al Gobierno.
De esa forma se armó rápidamente en Moncloa durante el fin de semana la estrategia que busca no sólo aprobar esa norma, sino también mantener el debate sobre la vivienda y movilizar a la calle, una condición imprescindible para intentar la proeza de dar la vuelta al pronóstico de las encuestas.
El presidente del Gobierno y líder socialista recuperó el olfato y la intuición para subirse a la ola buena, cualidad que perdió en agosto en la grave crisis de julio.
Puso entonces en marcha una estrategia planificada para llenar todo el espacio público hasta el 29 de noviembre. Con todas las armas de que dispone un presidente del Gobierno, algunas de ellas forzadas al máximo, como la aprobación escalonada de medidas como la revalorización de pensiones, la subida del Salario Mínimo Interprofesional y otras en las que se trabaja en todos los ministerios.
Hasta se ha convocado una huelga general en vísperas de la campaña electoral para sostener esa movilización en la calle a propósito de la vivienda. Casi toda la artillería ha sido desplegada y los ministerios trabajan para hacer propuestas que den munición a esa estrategia, para ser utilizada de forma escalonada.
Ya ha pasado casi una semana de la convocatoria electoral y, por el momento, el PSOE cree que ha logrado marcar la agenda y crear un clima diferente y más favorable para sus intenciones, lo cual es muy importante en una campaña electoral.
En cambio, admite que las encuestas por el momento no se mueven, que no ha habido variación en este corto espacio de tiempo y que el reparto por bloques parece bastante estático, con mayoría clara de la suma entre PP y Vox.
Públicamente, desde el PSOE y el Gobierno se mantiene la idea de que es posible recuperar la mayoría de investidura, porque el solo hecho de repetirlo puede servir para llevar a las urnas a abstencionistas desilusionados, agrupar voto útil en torno a los socialistas y desarmar a la derecha. Que, incluso, es posible que el PSOE sea el partido más votado, tal y como sostuvo este viernes Óscar Puente en la Cadena Ser, apoyándose en encuestas internas.
Bloques inamovibles
Pero en privado se admite que no hay casi movimiento entre bloques y que el del PP y Vox aguanta, porque tiene una movilización sostenida muy fuerte, basada en el rechazo a todo lo que representa Sánchez.
Es decir, los socialistas creen que será muy difícil dar la vuelta a las previsiones, aunque todos se suben a la capacidad de resistencia de Sánchez, haciendo cálculos de cuántas vidas ha gastado ya y cuántas le quedan.
Estrategas del PSOE explican que pasa como pasó en las últimas elecciones norteamericanas, pero al revés. Allí, según las encuestas, el principal motivo para votar a Joe Biden era que no era Donald Trump y aquí, el principal motivo para votar al PP es que no es Sánchez, es decir, el antisanchismo.
El fenómeno también se produce con Vox, pero en su caso reforzado por posiciones ideológicas como la inmigración o la seguridad, entre otros.
"Ha cambiado el foco hacia un tema en el que tampoco es que seamos referente, pero desde luego da más juego frente a la derecha. Y no solo el foco, el clima también lo ha cambiado hacia uno con el que el PP no se encuentra muy cómodo", aseguran.
Lo de cambiar el clima, según explican, es importante porque esta semana ya han conseguido que los favoritos (PP) aparezcan abatidos y los que en teoría parten como perdedores (PSOE) aparezcan motivados y hasta optimistas.
Entienden que el PP ha estado esta semana descolocado, sin saber cómo entrar en el asunto de la vivienda y sin lograr que asuntos que le puedan favorecer como Ceuta y la corrupción vuelvan a la agenda.
El PP ha hecho que se debata sobre el voto por correo, con escasa utilidad, y Vox ha puesto sobre la mesa el siempre incómodo asunto del colapso de las pensiones públicas.
Los socialistas entienden que el PP ha cometido una gran torpeza al no mostrar sensibilidad sobre Maricarmen, al renunciar a usar su caso para poner de manifiesto las carencias de la política de Sánchez y al entregar esta bandera a la izquierda sin dar esa batalla.
Eso sí, fuentes del Gobierno admiten sus dudas sobre cómo operará el debate sobre la vivienda. Porque es adentrarse en un territorio desconocido e inexplorado el ir a unas elecciones con el debate sobre un asunto que, a su vez, ha provocado una especie de estallido social, con movilizaciones y la primera huelga general sobre la vivienda. Y todo, tras ocho años en el Gobierno, sin que Sánchez tenga una hoja de servicios limpia, porque durante su mandato la vivienda ha pasado a ser el principal tema de preocupación de los españoles, según el CIS.
¿A quién votan los movilizados?
En 2004 se produjo una enorme movilización por la pésima gestión que hizo José María Aznar del 11-M y que sirvió para dar un vuelco a las encuestas entonces. La diferencia es que la protesta la capitalizó la oposición, no el Gobierno.
Incluso, hay dudas de que protestas como la de la Puerta del Sol puedan favorecer a la izquierda institucional, es decir, a las candidaturas del PSOE y de las formaciones de izquierdas que están en condiciones de lograr escaños y completar mayorías, como Podemos o el Frente Amplio. O, por el contrario, que terminen por impulsar a Vox, aunque sea a costa de dejar descolocado y atrapado en medio a los de Alberto Núñez Feijóo.
Porque, por ejemplo, el voto a Vox entre los jóvenes es muy alto y son precisamente los jóvenes los más movilizados en esta semana, en un sector de la población que no es precisamente favorable al PSOE. No hay respuesta a la pregunta ¿a quién votan los movilizados?
Para Sánchez es también una buena noticia que se puedan frenar las actuaciones judiciales hasta después de las elecciones, como parecen indicar las decisiones del juez sobre el llamado caso de las cloacas o de Leire Díez.
Hace tiempo que en Moncloa y en el PSOE daban por hecho que el juez Santiago Pedraz imputaría al partido como persona jurídica por las actividades de Leire Díez y su trama para frenar las causas judiciales que les afectan. De hecho, esta era la decisión judicial que más inquietaba a los socialistas de todas las que prevén para antes de las elecciones generales.
Esperaban esa decisión para estas fechas y se armaban de una argumentación según la cual todo eso era responsabilidad de Santos Cerdán, el entonces secretario de Organización del PSOE.
Sostienen que él montó la trama y que la gerente del partido, Ana Fuentes, se limitó a cumplir las órdenes que le daba para hacer facturas a nombre de despachos de abogados que, en realidad, servían para financiar la trama.
Así lo dijo la propia Fuentes ante el juez y es el argumento en el que se basan para que, pese a estar imputada, siga en el cargo de gerente y que, de hecho, esté ahora al frente de las cuentas de la campaña electoral para el 29 de noviembre.
La tesis oficial hasta ahora ha sido siempre que la responsabilidad penal y también la política caen sólo sobre los hombros de Cerdán. Por eso no hubo respuesta este jueves al escrito de la Fiscalía Anticorrupción.
Fuentes del Gobierno y del partido asumieron con cierto alivio este jueves el escrito de la Fiscalía Anticorrupción en el que se asegura que hay motivos para imputar al PSOE como persona jurídica, pero que esta decisión en ningún caso se producirá antes de las elecciones generales del 29 de noviembre y la decisión posterior del juez de aplazar cualquier medida.
El escrito del fiscal pone sobre la mesa una grave acusación contra el partido, pero hasta después del cierre de las urnas, el juez no decidirá si el PSOE es el primer partido que en España es imputado.
Sobre el efecto político que tendrá esa decisión si se produce después de las elecciones obviamente no hay respuesta ni en el Gobierno, ni en el partido, a la espera de que se cumplan las dos premisas: la celebración de las elecciones y la probable imputación.
Si el PSOE de Pedro Sánchez ganara las elecciones o pudiera completar una mayoría para seguir en la Moncloa, como ya ocurrió en 2023, nadie discutiría ni dentro ni fuera del partido su continuidad al frente del partido. Más bien quedaría reforzado por lo que sería un éxito político notable, dando la vuelta a las encuestas con casi todas las circunstancias en contra.
Y si el PSOE pasara a ser la oposición de un Gobierno de PP y Vox, es posible que se abriera un proceso de renovación en el partido, pero más por el resultado y la hipotética derrota electoral, que por la previsible decisión judicial sobre la imputación del partido socialista. Entre otras cosas, porque se desconoce si Sánchez querría seguir al frente del partido en la oposición. Es muy probable que ni él mismo tenga previsto en este momento qué hará si se cumple esa hipótesis de la derrota, según fuentes del Gobierno.
En ese horizonte, siga gobernando o no Sánchez, será importante la perspectiva de las elecciones autonómicas o municipales del 23 de mayo de 2027 en la que el PSOE se juega el poder territorial. Si hubiera perdido las generales del 29-N se jugaría perder también el poder territorial.
