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Carles Puigdemont recibió este martes el avance judicial de la amnistía negociada, hace tres años, con Pedro Sánchez proclamando el "éxito" de su estrategia y haciendo una advertencia: sigue reivindicando la "unilateralidad" para ejercer el supuesto "derecho de autodeterminación" de Cataluña.

El expresidente amenaza con regresar a España bajo el lema de Ho tornarem a fer, pues considera legitimado ahora como "irrenunciable" el ejercicio "del mandato del pueblo" en el referéndum ilegal del 1-O de 2017.

Y por ello, mantiene la opción de "las acciones unilaterales, pacíficas y democráticas, cuando se hayan agotado otras vías".

El mensaje coincide, además, con un resurgimiento del separatismo en las encuestas. No en este caso gracias a Junts, el partido que preside, que cae ante el avance de la Aliança Catalana de Silvia Orriols.

La suma no acredita un acuerdo para emprender otro procés, pero la suma de las opciones independentistas ya supera los 70 escaños de manera sostenida, de nuevo, por encima de la mayoría absoluta cifrada en 68 diputados.

El líder de Junts comparecía este martes en una declaración desde Waterloo (Bélgica), donde ha residido en su huida de la Justicia española desde hace ahora nueve años. Habló apenas cinco minutos, y como no aceptó preguntas, dejó sin despejar la duda de cuándo regresará a España.

Pero fuentes de Junts han aclarado a EL ESPAÑOL que no hay prisa, y que no se implicará en la campaña de las generales del 29-N.

La intervención se ha producido después de que el Tribunal Constitucional estimara el recurso de Dolors Bassa contra la negativa del Supremo a amnistiar la malversación. La resolución establece el criterio para aplicar la ley a ese delito y abre el camino al retorno de Puigdemont.

El magistrado Pablo Llarena levantó inmediatamente la orden de detención contra el expresidente. Pero Junts no considera suficiente ese paso para anunciar su regreso.

"El propio juez dice en su resolución que es un acto provisional", señala a este periódico un alto cargo cercano a Puigdemont. "Hace falta que el tribunal se reúna y aplique la Ley de Amnistía al president», añaden.

Volver para hacer política

En su declaración, Puigdemont presentó su amnistía como "la victoria frente a la represión", aclarando que "el conflicto con España" sigue abierto. Considera el precio pagado por Sánchez para su investidura, en noviembre de 2023, como "parte de la estructura necesaria" para resolverlo, pero sólo un primer paso.

También atribuyó a este desenlace un "enorme significado" porque "desautoriza la respuesta represiva del Estado". Según su interpretación, esa respuesta buscaba la "muerte civil" de los dirigentes independentistas.

El expresidente ha reivindicado la continuidad de su actuación desde que llegó a Bélgica. "Decidimos ir al exilio a hacer política y vamos a volver de la misma manera", ha afirmado.

Ese regreso tendría, según su discurso, la finalidad de "defender las instituciones catalanas y sus derechos políticos". Puigdemont insistió en que "el coraje y el talento" de sus abogados ha vencido al artículo 155 "y el propio presidente Sánchez", de quien recordó que "se comprometió" a traerlo a España a rendir cuentas ante los jueces.

Horas antes, su número dos en Junts, Jordi Turull, había defendido la misma lectura en rueda de prensa. "No es una victoria de Junts, sino de Cataluña", proclamó.

"El president que vuelve no es el de Junts, sino el presidente legítimo de Cataluña, porque la amnistía desacredita la represión del 155", añadía el secretario general del partido.

Esa defensa de las acciones "unilaterales", la voluntad de regresar para hacer política, y la demoscopia cambiante que hunde al Govern de Salvador Illa en los sondeos sostienen el sentido del volveremos a hacerlo. Y tanto Puigdemont como Turull alimentaron ese desafío al conocer su inminente amnistía, "que no es perdón, sino justicia".

Siempre fue así, y nunca lo ocultaron los líderes separatistas. Ya en marzo de 2024, Junts ya vinculaba el regreso de Puigdemont con un llamamiento a ERC para formar un frente común, una vez más, y forzar otro referéndum.

Junts acusa a Moncloa

Los sondeos de los últimos meses muestran un ascenso del independentismo, protagonizado por el alza imparable de Aliança, y el debilitamiento del PSC. Incluso la formación de ultraderecha xenófoba ya habría empatado con 30 diputados a los socialistas, causando una sangría a Junts que los de Puigdemont niegan.

Es más, fuentes del entorno de Puigdemont denuncian que esas encuestas están "manipuladas por interés directo de Moncloa". Las interpretan como un "castigo" por haber contribuido a tumbar los dos decretos de vivienda el viernes pasado en el Congreso.

Una denuncia que confirma, en cualquier caso, la "desconfianza total" de Junts hacia el Gobierno que negoció la amnistía.

La ley fue la pieza central de la negociación política para la investidura que permitió la reelección de Sánchez en noviembre de 2023. Su entonces mano derecha en el PSOE, Santos Cerdán, permaneció en Bruselas más de una semana, pendiente de las respuestas de Puigdemont, que nunca lo recibió e intercambiaba borradores con él por email.

Las exigencias de Junts continuaron durante la tramitación de la norma, ya con Sánchez de vuelta en Moncloa. En enero de 2024 reclamó incluir el delito de traición en el alcance de la ley y reducir el margen judicial para excluir casos.

Y el 30 de enero, cuando la norma llegó al Congreso, Junts rechazó la proposición de ley y obligó al PSOE a seguir negociando. Puigdemont convirtió el alcance de la amnistía en un instrumento de presión constante sobre Sánchez.

Así comenzó la legislatura... y así termina, con el regreso anunciado, aunque sin fecha, de Puigdemont. Gane quien gane, y se dibuje el gobierno que se dibuje tras las urnas anticipadas del 29 de noviembre, el expresident fugado quiere los focos para él, y para su "unilateralidad", después de las elecciones.

La amnistía "corrige" casi una década de "represión", pero "el conflicto" revive, o eso espera forzar con su regreso.