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Las claves

Empiezo a escribir esta crónica en medio de un desalojo. Lo cuenta una garganta profunda del Congreso. En una dependencia de "Ampliación" –el edificio de enfrente conectado bajo tierra; esto es como hundir la flota–, alguien ha vaciado un espray de gas pimienta en un baño y ha habido que vaciar también ese trocito de Parlamento.

Hay una señora vomitando según nuestra fuente y yo tengo que vomitar la crónica, no me vaya a quedar sin respiración antes. Me pongo la mascarilla, invoco a Georges Simenon y voy a la búsqueda del culpable. ¿Quién ha echado la pimienta?

Todo empezó con la nueva política, cuando los diputados, temerosos ante la imposibilidad de valerse con la palabra, comenzaron a llevar artilugios al escaño con el que interpelar a los contrarios. Fue Rufián el que llevó –cuando no era español y cuando no llevaba traje– una impresora para acompañar sus argumentos.

De un tiempo a esta parte, los gabinetes de los diputados, como los padres de los niños en los colegios, se dedican a la Educación Plástica. A la elaboración de materiales con los que retratar al de enfrente. Una portada de periódico, un gráfico, lo que sea.

Esta mañana, Ana Belén Vázquez, diputada del PP y primera sospechosa, ha llevado un gas pimienta para atizar a Marlaska por la "inseguridad subjetiva". Metafóricamente.

En Ceuta –esto es meridianamente cierto– cada vez más mujeres llevan un espray como el de Vázquez para protegerse de posibles agresiones sexuales. Los datos oficiales, los del Gobierno, hablan de un incremento del 75% de los delitos sexuales desde que se produjo la avalancha.

El bote negro, "la bola negra", podríamos decir por darle aire cinematográfico, ha desatado la tormenta hasta provocar un desalojo... y un vómito.

No se crean que ha sido poca cosa: el desalojo, como las viviendas inalcanzables, va a constar de cafetería, tres baños, pasillos y hasta cocina.

Armengol ha caído en la cuenta en diferido, como si alguien le hubiera avisado desde Pedrogrado por el pinganillo: ¡no se pueden llevar armas al Congreso! Armas como las balas que le llevó Rufián a Sánchez para recriminarle su actuación en Melilla.

Cuando ya había terminado Vázquez su intervención, Armengol le ha pedido que abandonase el hemiciclo. Primer aviso. ¡Que no me voy! Segundo aviso. ¡Que no! Con el tercero llega la expulsión. Entonces me voy yo.

Anabel se ha ido y parecía la Pantoja en sus mejores tiempos. Estaba magnética, enorme. Agitaba el bote por los pasillos del Congreso y, como si fuera la flautista de Hamelín, los periodistas la hemos seguido al fin del mundo.

Primero, Anabel nos ha dicho que el bote estaba vacío. Ahí me he quitado la mascarilla y he podido escribir mejor. Anabel, protagonista inesperada del día, entraba y salía de la nube de informadores sin saber muy bien si irse o quedarse. Era una nube con mucha pimienta, como un plato indio.

Al final, se ha ido a la Comisaría del Congreso, según ha contado, a depositar su "arma". Armengol, paralelamente, explicaba que no se pueden llevar armas al Congreso, que lo dice el reglamento. Aunque el reglamento hace un aparte para los aerosoles de defensa y se puede interpretar tanto una cosa como la contraria.

Anabel se ha ido a ver a la Policía y la Policía, que quizá no se había enterado todavía del atentado, la ha mirado con cara de asombro: pero, ¿qué hace usted aquí? ¿Por qué me da esto? ¿Usted no es la diputada del PP?

Anabel nos decía, nos decía todo el rato, que su espray, además, ya estaba vacío. Como mucho, había sido un arma en una vida anterior. ¿Nos decía la verdad Anabel? Ya se estaba desatando el pánico a pocos metros de allí. ¡Ana Belén! ¿Estás mintiendo? Olía cada vez peor.

Veamos.

Si el espray de Anabel ya estaba vacío antes de que lo introdujera en el hemiciclo, ¿quién ha vaciado uno posteriormente en otro lugar del Congreso? ¡Hay una señora vomitando! Ha aspirado los efluvios de la derecha combinados con el gas pimienta y está vomitando.

¿No sería demasiada casualidad que el día del show de Anabel con el espray haya habido otro diputado con otra bola negra haciendo grafitis en un baño?

La situación es muy grave. La derecha no tiene límites. Lo leemos en un mensaje de Armengol a los portavoces y miembros de la Mesa: quienes se han visto rodeados por la nube de gas pimienta han sido los miembros de una delegación de Mauritania. La mujer atendida era de la delegación.

Si Anabel miente y ha sido ella la vaciadora o alguno de sus asesores, confirmaremos que la derecha ha gaseado negros en el Congreso.

Anabel nos dice que ella no ha sido, que su espray estaba vacío. Por tanto, si Anabel dice la verdad, puede tratarse de otro diputado que quería hacer la misma performance y que, al ver la que se había montado, ha corrido asustado a un baño para vaciarlo... y se le ha ido de las manos. Pero no nos cuadra.

Van a revisar las cámaras. Ya casi estamos, vamos a saberlo indefectiblemente.

Los diputados del PP, por los pasillos del Congreso, no pueden esconder el pánico. Si su compañera ha mentido y, además, ha provocado un desalojo con precinto del Congreso incluido, habrán echado tanta pimienta al plato de Begoña Gómez, el clan de Badajoz, las cloacas y las joyas de Zapatero, que el plato sólo va a saber a pimienta durante semanas.

El mensaje de Armengol dice: "A las 10:26, hemos recibido un aviso de la Policía indicando que alguien había vaciado algún tipo de espray en los baños del hall de Ampliación III. Se nos ha indicado que una delegación de Mauritania, que había intentado usar esos baños, ha salido apresuradamente y que incluso una mujer ha tenido que salir con fuertes síntomas".

Sigue la crónica de Armengol, mucho mejor que esta: "En los siguientes minutos, se ha comprobado que el fuerte olor se ha extendido a las cocinas, razón por la cual hemos tenido que clausurar la cafetería de la Ampliación IV. Nos indican asimismo que la situación puede ser peligrosa para personas con problemas respiratorios. Hemos ofrecido asistencia médica a la delegación de Mauritania".

Entonces, cuando las cámaras están a punto de emitir su veredicto, el Partido Popular convoca un corrillo en el patio. Es una confesión, pero una confesión alambicada, como suelen serlo las de los políticos.

Resulta que, tras el incidente, Anabel le habría dado el espray a un veterano asesor del grupo popular "para lavarlo". El asesor ha ido al baño de marras y, al ver que quedaba "algún resto", lo ha "vaciado allí".

Total que lo que nos ha querido decir Anabel en su confesión interpuesta, asesinando por el camino a un mensajero, es que ella lo había vaciado pero que no del todo y que, como quedaba un poco dentro, pues ha mandado al asesor.

Anabel ha mentido continuamente durante toda la mañana y gracias a eso nos lo hemos pasado como nunca. Anabel ha mentido tanto como les recrimina a Marlaska y a Sánchez. Anabel, mentirijilla a mentirijilla, ha logrado en apenas dos horas que la amenazaran con expulsarla del hemiciclo, clausurar varios pasillos, un baño y una cafetería, y atacar a una delegación de Mauritania.

Imagino a los asesores socialistas eufóricos, tecleando estos datos para enviárselos al presidente del Gobierno, de gira en Nueva York: "Presidente, no te lo vas a creer. Estábamos en la lona, pero una diputada del PP ha sacado un bote de gas pimienta, lo ha vaciado en un baño y ha estado a punto de cargarse a una mujer negra".

Sánchez se habrá quitado las gafas de sol, habrá mirado a Albares y le habrá dicho: "Ya tenemos a nuestra Rosa Parks".