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Las claves

A orillas del Atlántico, en la bella localidad de Baiona, en plenas Rías Baixas, una mujer vestida con ropa deportiva se sienta en una terraza soleada a leer un libro: La conejera, de Tess Gunty.

Nada enturbia su momento de paz en su oasis veraniego, al que lleva varios años acudiendo como un ritual. Ni la crisis de Ceuta, con constantes notificaciones en su móvil, ni la decisión del PSOE de incumplir el programa pactado con Sumar al prorrogar la vida de la central nuclear de Almaraz.

Nadie diría que es la vicepresidenta segunda del Gobierno.

Yolanda Díaz está ya prácticamente prejubilada de su cargo político. No ejerce como coordinadora de los ministros de Sumar y, en los asuntos relevantes, como la negociación de los reales decretos, la ha sustituido Pablo Bustinduy, elevado a cerebro económico del socio minoritario aunque tampoco parece dispuesto a interrumpir su asueto veraniego.

De hecho, tras conocerse la prórroga de Almaraz en contra del criterio de Sumar, el encargado de hacer una valoración fue el ministro de Cultura, Ernest Urtasun.

Díaz abdicó también de sus cargos orgánicos y ya ha adelantado que no irá en las listas en las elecciones de 2027.

Sólo ejerce de ministra de Trabajo, donde mantiene una interlocución fluida con los agentes sociales, especialmente con los sindicatos, consciente de que son clave para su candidatura a directora general de la OIT.

El cargo, para el que Sánchez la ha propuesto oficialmente, tiene una retribución de 170.000 dólares netos, a los que habría que sumar una ayuda para vivienda y dietas para vivir en Ginebra.

Sánchez está convencido de que su experiencia, trayectoria y vocación de consenso la convierten en “una excelente candidata para liderar la OIT”. Algo que la vicepresidenta ha aceptado y ya ha propuesto un plan para una mayor "democratización" del órgano.

Durante estas vacaciones, sus redes sociales sólo han publicado un vídeo en Instagram. Fue el pasado 10 de agosto sobre sus últimas lecturas. No era nuevo. Estaba grabado en su despacho, del que salió a finales de julio.

En el vídeo elegía como recomendación la novela portuguesa de José Mauro de Vasconcelos Mi planta de naranja lima y ponía a competir diferentes libros.

Ni rastro de la crisis de Ceuta, pese a que Sumar ha propuesto excluir a Marruecos de la organización del Mundial 2030.

Tampoco ha publicado nada sobre la crisis de Almaraz. Yolanda Díaz ejerce ya de “prejubilada” política, más centrada en su agenda cultural y en su posible futuro en la OIT que en las grandes batallas de la coalición.

Su creciente distancia de la política quedó patente con su polémico viaje a Los Ángeles para asistir a la gala de los Óscar. Aunque finalmente no desfiló por la alfombra roja, sí acudió a la ceremonia para apoyar al director Oliver Laxe, que optaba a la estatuilla por Sirât.

Es una agenda cada vez más alejada de la política partidista, de la que Díaz ha ido abdicando progresivamente. Mientras tanto, Bustinduy ejerce de "vicepresidente segundo en la sombra", Sumar intenta reformularse y busca un nuevo candidato para 2027 y Díaz espera a que se resuelva su futuro en la OIT.

Una vicepresidenta que sigue en el Gobierno, pero que hace tiempo que parece haber empezado a despedirse de la política española.