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Las claves

Tanto nos ha aumentado el “P.S” en el Congreso que no hacemos más que ir al baño. Debe de ser la próstata. Sánchez, por ejemplo, no dura en el Parlamento ni cinco minutos. En cuanto termina de hablar con el padre Feijóo, se va corriendo.

Sánchez ya solo hace lo que le obliga la ley, cuando la política, nos enseñaron los griegos y las monjitas del Sagrado Corazón, era gobernar la vida pública con el mayor sentido de la moral.

Recordaba Cayetana esta mañana la doctrina social de la Iglesia socialista que acuñó Sánchez cuando no sabíamos que era Sánchez: la política “debe ir tres pasos por delante de la legalidad; desde la moralidad más exigente”.

“El error de Rajoy –qué bien escribía Sánchez– no fue el mensaje a Bárcenas, sino haberle aupado a las máximas responsabilidades orgánicas”. Ábalos, Cerdán, Koldo, Zapatero… A todos ellos les dijo una vez Sánchez “¡aúpa!”.

A Sánchez le ha pasado como en la canción de Sabina. A los lugares donde has sido feliz no debieras jamás de volver. Él, que tanto hizo por ser diputado, que tanto conspiró para lograr el escaño, no quiere estar en el Parlamento ni lo que dura un tanto de tenis en tierra batida.

Todo esto lo vamos pensando y lo vamos escribiendo sin estar Sánchez delante. En un depurado ejercicio de Memoria Histórica, el presidente le ha robado el título a José Antonio: el Ausente.

Para ser de izquierdas, Sánchez solo tenía manos derechas. El padre Feijóo, matemático como León XIV, ha puesto los números que necesitábamos para darnos cuenta de que nuestro cansancio tiene justificación algebraica: doce sumarios, diecisiete presuntos delitos y hasta cien imputados.

Si se les sigue dando tan bien, va a llegar un momento en que los imputados vinculados al PSOE superen en número a los diputados del PSOE.

Ya era hora de que el Partido Popular hiciera suya la máxima de José María García: si lo sabías, te vas por delincuente. Si no lo sabías, te vas por incompetente. El milagro sería que el PP hubiera hecho suyo el precepto estando en el Gobierno.

Es la metamorfosis que va de la bancada roja a la bancada azul. Óscar López, que levita cuando escucha las siglas “M.Rajoy”, tenía esta mañana problemas de estómago cuando escuchaba las siglas “P.S”.

Este miércoles 10 de junio de 2026 nos hemos adentrado en una nueva dimensión de la política. Es la primera vez que un presidente ni se defiende ni desmiente las tramas de corrupción relatadas en la tribuna.

El eterno retorno del “y tú más” siempre había existido, pero Sánchez, con las piernas muy juntas y la americana abrochada, en pie como un soldado africanista, no ha dedicado un solo segundo a decir que, bueno, que esperemos a que la Justicia investigue, que, bueno, él no tiene nada que ver, que, bueno, que menuda infamia es esa.

Impasible el ademán, Sánchez ha escuchado las tramas en boca de Feijóo y, luego, se ha puesto a hablar de la Kitchen, de Gürtel, de Púnica y del narcotraficante que paseaba en barco con Feijóo.

A pesar de la próstata universal, por el dichoso P.S, estamos en el mejor momento de la historia democrática de España. Y en 2027, dentro de un año, el tardosanchismo nos llevará a las urnas y volveremos a elegir a Sánchez.

El problema es que la gente lee periódicos. La gente ya prefiere leer sumarios antes que los libros de Romantasy. Porque hay más sexo. Y la gente piensa, pensamos, que esto se ha ido de las manos.

Debemos de vivir en países distintos. Eso se explica en el pinganillo. Para hablar con una socia, Sánchez tiene que ponerse un pinganillo en la oreja, como si regresara a su tiempo de la ONU y los Balcanes.

En aquella época, nos contaba su jefe, Carlos Westendorp, le daba un consejo para afrontar las negociaciones y no levantarse de la mesa hasta lograr el acuerdo: “Culo de hierro, Pedrito, culo de hierro”.

Todavía no hemos descubierto quién le ha enseñado lo de “cara de hierro, presidente, cara de hierro”.

Lo difícil del Gobierno es saber quién es el Gobierno. Esto genera mucha ansiedad en la bancada del PP. Feijóo sabe que Sánchez es Sánchez, pero sus diputados no saben con qué tipo de ministro debaten.

Ha dicho Sánchez que vivimos el mejor momento de nuestra Historia, pero sus socios y algún ministro han deslizado pocos minutos después que la UCO, compinchada con Aznar, los jueces y algún empresario del Ibex están dando un golpe de Estado.

Una de dos: o el golpe es mentira o a Sánchez le encantan los golpes.

Es de agradecer la sólidaridad –en el Congreso todas las palabras de cuatro o más sílabas son pronunciadas en esdrújula y no hay quien cure a sus señorías de eso– de la portavoz de Bildu.

Con mucha claridad, y en castellano, ha descrito el falso golpe sin los eufemismos con los que lo adornan los ministros. La sintaxis de Mertxe Aizpurua es la mejor de las posibles, la cristalina, la que recomiendan en los primeros cursos de la facultad. Ella siempre la ha dominado; la empleó en “Los gudaris de ayer y de hoy”, el texto que le valió el premio de condena por apología del terrorismo.

La crónica parlamentaria, como hacía Zapatero en Venezuela, se ha convertido en el milagro de los panas y los peces. Con cinco minutos de Sánchez, escribimos tres folios.