La Cámara que ejemplifica como pocas la polarización política asistió este lunes a un discurso histórico. Por primera vez en la historia de España, un Papa, León XIV, se subía a la presidencia de la Cámara Baja en una sesión solemne con las únicas ausencias de Podemos y BNG.
El Sumo Pontífice advertía de que “el mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural” que se manifiesta en “múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca”.
El silencio se hizo en un hemiciclo acostumbrado al ruido. Desde la misma tribuna en la que cada semana se cruzan acusaciones y reproches, León XIV pidió este lunes 'desarmar el lenguaje' a “quienes ejercen una responsabilidad pública”.
“La firmeza no exige desprecio: la discrepancia no conlleva humillación”, afirmaba, al tiempo que reivindicaba que "la pluralidad política no debería degenerar en la descalificación permanente del adversario"..
Incluso pedía "una memoria histórica" , en clara alusión a la norma, que "busque la verdad y la reconciliación".
El discurso, cuidadosamente medido, fue un compendio de los postulados que el Vaticano ha defendido en los últimos años y tejido con el fino hilo de la diplomacia de la Santa Sede. Lo suficiente como para que todos encontraran pasajes con los que sentirse representados y otros capaces de incomodarles.
Se esperaba una mención al "drama migratorio", como ya hizo en su discurso en el Palacio Real. Lo que sí sorprendió fueron otras palabras.
En la misma Cámara donde hace unas semanas se aprobó el primer paso para blindar el aborto como un derecho constitucional —aunque la iniciativa no parece destinada a prosperar— y se aprobó en 2020 la ley de eutanasia, el Papa hizo una defensa encendida de la vida al asegurar que “no es una cuestión parcial, ni un interés confesional”, sino “una meta de civilización”.
Incluso añadió que “toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta el ocaso natural”. Unas palabras prácticamente idénticas a las que pronunció su antecesor, Francisco, en 2021.
El Pontífice que ha tenido más predicamento entre la izquierda por sus postulados sobre la inmigración pero que León XIV aprovechaba para recordar como, en materia moral, la Iglesia sigue manteniendo la misma postura.
Más centrado en la ley de eutanasia, "el ocaso de vida", afirmaba "la dignidad inviolable de la persona humana no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento" , en alusión a la norma que salió con el apoyo de todos los partidos menos PP y Vox. Para León XIV, "todo ordenamiento jurídico debe ser "positivo".
Hasta ahí la incomodidad de la izquierda que escuchaba atentamente su discurso.
Buena parte de la intervención se apoyó en la primera encíclica de León XIV, Magnifica humanitas, publicada el pasado lunes y centrada en la Inteligencia Artificial. En ella pide “ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración” a “los migrantes y refugiados”.
El Papa remataba ese apartado con su deseo de “fortalecer la prevención, el rescate y la asistencia a las víctimas” y afirmaba que "el trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional".
La defensa del multilateralismo ocupó también una parte sustancial del discurso. León XIV aseguró que “las armas pueden imponer un silencio temporal pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera”.
En ese sentido, criticó el rearme europeo y de la OTAN al mostrar su “preocupación” porque también en el Viejo Continente “vuelva a presentarse” el aumento del presupuesto en Defensa como una “respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional”.
León XIV remató este bloque con unas frases que ya había pronunciado en la Universidad de La Sapienza el pasado mes de mayo, al asegurar que “la verdadera paz en cambio nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto del derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses de los que se benefician de la guerra”.
Estos fueron los que más satisfacción en la izquierda y más incomodó a Vox.
Y si para Juan Pablo II España era la tierra de María, para León XIV es “una noble nación” a la que desea que “jamás pierda la memoria de sus raíces, ni la audacia de mirar al futuro”, mientras expresaba su deseo de que siga siendo una “tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza”..8
Tras elogiar a los Reyes católicos de España por ser "de alcance universal" y a la Escuela de Salamanca, León XIV admitió que “hay que reconocer” que hace 500 años “la sociedad y la misma iglesia no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que encontraban eco en su propia tradición cristiana”.8
Un discurso de gran nivel intelectual e histórico donde no faltaron tampoco las menciones a Unamuno, Teresa de Ávila o Don Quijote.
Los diputados y senadores escucharon atentamente el discurso. En un silencio sepulcral y nada habitual que sólo se rompió en una ovación al final con todos puestos en pie y que duró varios minutos. Una ovación prolongada de seis minutos y 50 segundos, en los que unía a izquierda y derecha en una comunión poco habitual de consenso.
Sólo roto por gritos de ¡Viva el Papa! desde la bancada popular.
Todo ello en una sesión solemne que comenzó con la Banda Sinfónica de la Policía Nacional interpretando los himnos de España y del Vaticano ante .la plana mayor del Estado, incluida la presidenta del CGPJ y del Tribunal Constitucional.
Antes de la intervención de León XIV tomó la palabra la presidenta del Congreso, Francina Armengol, quien obvió las diferencias morales que separan a la izquierda y al Vaticano y aseguró, en referencia a la nueva encíclica sobre la Inteligencia Artificial, que “identificarse con las palabras de Su Santidad es una obligación ética de cualquier Estado democrático”.
Incluso elogió la afirmación de León XIV sobre “la llaga abierta” que suponen los abusos en la Iglesia. Armengol destacó el “riguroso informe” elaborado por el Defensor del Pueblo, que estimaba en 440.000 las víctimas de la pederastia.
Ya en línea con lo que iba a afirmar León XIV, Armengol pidió "restaurar el orden internacional" y que deben "imperar las leyes, no la fuerza". "Deben vencer el humanismo y la solidaridad", remataba la tercera autoridad del Estado.
Antes, hubo un extenso saludo por parte de las mesas del Congreso y el Senado junto a los portavoces parlamentarios y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Fue llamativo como el líder de Vox, Santiago Abascal, se coló al sustituir a su portavoz, Pepa Millán.
Sólo la portavoz de Junts, Miriam Nogueras, rompió el protocolo para decirle que "hable la lengua de la tierra" durante su visita a Barcelona.
Tras firmar en el libro de honor, Armengol le entregó un facsímil del manuscrito Liber Horarum o Libro de las Horas, del siglo XV, mientras que el presidente del Senado le ha hecho entrega del manuscrito del Beato de Liébana, códice de Fernando I y Doña Sancha.
