El encuentro anual del Cercle d’Economia, en Barcelona, es una cita fija en la agenda de Alberto Núñez Feijóo desde hace 15 años. Y este 2 de junio no fue una excepción, a pesar de que los focos lo seguían más por lo de la moción de censura que por sus propuestas.
El líder del PP acudió a la capital catalana entre dos olas: la de escándalos que cercan al Gobierno de Pedro Sánchez, y la de la oferta de moción de censura instrumental, que lanzó él mismo 24 horas antes, a dos de sus socios clave, PNV y Junts.
Según Feijóo, si los nacionalistas vascos y los separatistas catalanes dan por agotada la legislatura y reclaman elecciones "deben pasar de las palabras a los hechos".
Y eso está significando el uso de los medios y las plataformas públicas para un diálogo que, de momento, no es directo entre PP, Junts y PNV.
"Para limpiar las instituciones y convocar elecciones”, ese movimiento es de pura "coherencia", dijo. En Barcelona, Feijóo eligió la casa de la élite empresarial catalana para reiterar el mensaje de fondo: "La cuestión es degeneración o limpieza institucional".
El jefe de la oposición se presentó ante el Cercle como el líder de un "proyecto limpio" que no busca "atajos ni favores", en contraste con lo que describe como "un sistema diseñado para blindar la corrupción" alrededor de la Moncloa.
"Defenderé la decencia en mi país, con ayuda o sin ella", prometió, elevando el tono moral de un discurso que mezcló regeneración institucional con agenda económica y catalana.
Feijóo no hizo ni una sola referencia al desafío lanzado la misma mañana por Jordi Turull, que aseguró estar dispuesto a "escuchar su oferta", pero le instó a explicarla en Waterloo al propio Carles Puigdemont.
El líder del PP había dejado claro a su llegada que "no vengo a pedir favores, ni tampoco a regalarlos, sino a mostrar mi propuesta", y mantuvo esa línea hasta el final de su intervención.
Durante casi una hora, el presidente del PP no tuvo ni que evitar entrar en el cuerpo a cuerpo con Junts sobre la moción de censura "instrumental", ya que el foro era amigable. Sí entró en el fondo de los asuntos, pero si quiso obviar el desafío de Junts, apenas dos horas antes, ni le costó.
¿Que Puigdemont sólo estaría dispuesto a negociar con un candidato neutral, y no con Feijóo?
Ni una mención explícita, pero todas de fondo: "Ustedes no harían negocio con una compañía investigada, sin cuentas depositadas y con directivos en prisión... con más razón, eso no es sostenible en un país".
Feijóo se aferró a su guion, pensado para el auditorio del Cercle pero con respuestas de contenido a los políticos de Junts sentados en el público: estabilidad, economía, servicios públicos y un compromiso explícito con Cataluña.
"No es excepción, sino la norma"
El tono se condensó en la frase con la que cerró su discurso, a modo de declaración de principios: “Hay otra forma de hacer política, es la mía, es la que exijo a mi partido, es honesta y útil", advirtió.
"Es la que estamos demostrando en las 12 autonomías y los 3.500 ayuntamientos donde gobernamos. Allí ustedes no ven ninguno de los casos que sí ven en el Gobierno central: no somos infalibles, pero sí somos intachables".
Para Feijóo, la actual situación política no es una crisis más, sino una "profunda decadencia" que compromete todas las reformas que España necesita.
"La corrupción ya no es la excepción, sino la norma", denunció, antes de recalcar que no se trata de casos aislados, sino de "un sistema destinado a facilitarla, ampliarla o hacerla impune" mediante el desmantelamiento de los controles "y atacando a los jueces, a los fiscales, a las Fuerzas de Seguridad, a los periodistas y a la oposición".
En ese contexto situó el bloqueo parlamentario, la ausencia de nuevos Presupuestos Generales del Estado, el desprecio a las mayorías y la sustitución del debate de los problemas reales por "sumarios, imputaciones y comisiones de investigación".
Para Feijóo, “es evidente que de este colapso sólo se sale dando la voz a la gente", y recordó que "se supone que son ya 184 diputados los que exigen elecciones generales inmediatas" y que ése es "el único final digno para una legislatura que ha sido un inmenso error".
La "mayoría alternativa"
Sin citar directamente a Junts ni al PNV, Feijóo deslizó un mensaje transparente para ambos: "Quienes coincidimos en que esta situación es insostenible deberíamos hacer todo lo posible", aunque advirtió de que el momento es "tan delicado que desaconseja decisiones irreflexivas".
El líder popular dejó claro que su oferta tiene límites.
En el Cercle, se ciñó a lo prometido al anunciar su asistencia: "Ni pedir ni ofrecer favores", sino hablar de competitividad, servicios públicos, inmigración ordenada, seguridad, vivienda, crecimiento y empleo, los mismos asuntos en los que el PP suele encontrar mayorías alternativas junto a PNV y Junts en el Senado y el Congreso.
Feijóo presumió de que esa mayoría "social y parlamentaria" ya ha sido capaz de sacar adelante iniciativas en el Senado que luego se bloquean en el Congreso para evitar derrotas al Gobierno.
"En una política sana estaríamos hablando de esto", lamentó, antes de vincular su proyecto a una agenda concreta: más vivienda y más médicos, menos inmigración irregular, menos impuestos y más inversiones en infraestructuras, "no sólo viarias sino hídricas, especialmente en Cataluña".
Las políticas
Su diagnóstico económico fue severo: la generación joven llega a "la primera vivienda a los 41 años", con los precios duplicando la evolución de los salarios. La clase media ha menguado desde 2018 "de dos de cada tres familias a una de cada dos".
Los alimentos "están disparados un 42%" y el salario medio neto "ha perdido 3,4 puntos de poder adquisitivo".
Sumó a ello el deterioro de los servicios públicos, desde el "apagón" de hace un año a "la crisis ferroviaria" de enero, pasando por "los 11 meses de huelga de médicos que han aumentado en dos millones de personas las listas de espera".
Y todo ello, recordó, "pese al aumento de la deuda pública en más de un 40%, la mayor llegada de fondos europeos y más de cien subidas de impuestos".
El guiño final al territorio vino cuando Feijóo dijo saber que "no se puede cambiar España contra Cataluña, ni esta comunidad tiene que ser una pieza supeditada a los intereses temporales de la Moncloa".
Rechazó tanto la "colisión" como la "coacción" y propuso una relación basada en la "convicción", el "compromiso" y la "convivencia", con una promesa explícita: "Si quieren más viviendas, más médicos, menos inmigración irregular y menos impuestos, contarán conmigo y con el proyecto del Partido Popular".
El mensaje final estaba destinado tanto al auditorio como a los socios díscolos de Sánchez: hay una mayoría alternativa posible para regenerar instituciones y abordar los problemas reales, pero no a cualquier precio.
