Ha sido sólo un instante. Quizá veinte o treinta segundos. Si en una porción de tiempo así, según Walter Benjamin, puede caber toda una vida, cómo no va a caber el gobierno de Pedro Sánchez, por largo que se nos esté haciendo.
El presidente se ha atado las cejas al tobillo, "todo mi apoyo a Zapatero", se ha quedado sin tiempo, ha hablado a un micrófono apagado como hablan los boxeadores sonados y se ha marchado del Congreso con la velocidad del huido al que precede el incendio de la ciudad.
Ahí entra todo porque, si Sánchez se ató primero al tobillo los troncos de Koldo, las putas de Ábalos, los contratos de Cerdán y la inconmensurable honestidad de todos ellos, esta mañana se ha atado la presunta trama de Zapatero, que por lo menos habla idiomas –Venezuela, Emiratos, China– y sólo se prostituye metafóricamente.
"Vamos a follar, aunque sea pagando un poquitín", fue lo que dijo el jefe de Plus Ultra para levantar la alegoría del presunto rescate previa mordida de Zapatero.
Sánchez es, sin atisbo de ironía, el fundador de una religión. Por eso, los ministros que le sucedían en los micrófonos de la bancada azul hacían lo mismo y se suicidaban con la firmeza de Alfonsina Storni, cuyo mito dice que lo intentó y lo intentó hasta que, en un fallo de vigilancia, logró arrojarse al mar.
Cada vez que aplaudían, entraban ganas de atarles las manos y alejarles del acantilado. Nadie se merece un final así.
El presidente, como es aconfesional, ha negado solo dos veces la presunta trama de Zapatero, pero el pelotón ministerial, comandado por Bolaños, se ha mostrado “orgulloso” del primer presidente imputado de la Democracia hasta provocar los aplausos incrédulos del Partido Popular.
Eran tan firme la consigna que algunos ministros, de querer ovacionar tan fuerte, extraviaban la psicomotricidad. Ángel Víctor Torres acompañaba la fruición del aplauso con un involuntario gesto de esfuerzo de las cejas. Siempre las malditas cejas.
Si Zapatero es inocente, quedarás abrazado a un imputado. Si es culpable, a un ladrón. Lo segundo es mucho más grave que lo primero; pero lo primero nos da la medida del tardosanchismo: la ausencia delirante de prudencia con tal de permanecer en el poder.
Cuentan las crónicas anteriores a esta que Sánchez habló ayer con Zapatero. Y que Zapatero lo convenció de su honestidad. De la caza de brujas. Sánchez, como es presidente, ha proclamado la "colaboración con la Justicia" –en todo caso, fija discontinua– y "todo el apoyo" a Zapatero.
No es nada fácil saber qué es este PSOE. Nada encaja con las fotografías de Schommer que están expuestas en los pasillos colindantes al Parlamento ni con los manuales que estudiábamos en la Universidad sobre la Transición.
Supongo que el desconcierto no es nuevo. Supongo que estará siendo similar al de mediados de los noventa, cuando la chaqueta de pana cambió por Roldán, Filesa, Rumasa, Ibercorp o los GAL.
Puede ser contraintuitivo, pero el PSOE de Sánchez, por orientarnos, se parece mucho al del PSOE del último Felipe. El Partido Socialista ha ido del José Luis a José Luis. Del José Luis de la Castellana, con su tortilla milenaria poco hecha y la Constitución negociada por Guerra y Abril al José Luis de Ábalos, ¡a cabalgar, a cabalgar!, y al José Luis de Zapatero, con sus arepas aliñadas de petróleo.
Sánchez ha defendido a Zapatero alabando su extensión de los derechos sociales, la salida de Irak y la lucha contra ETA. ¡Como si eso tuviera algo que ver con lo que nos ocupa! El mariscal Petain fue el héroe de la Primera Guerra Mundial y regaló Francia a los nazis en la Segunda.
Con esa defensa, Sánchez nos ha dicho que, a Zapatero, de momento, es imposible defenderlo con argumentos referidos a la presunta trama. En definitiva, con análisis relevantes.
El padre Feijóo, como mandan los cánones de la política, ha asesinado la presunción de inocencia, ha condenado a Zapatero y lo ha equiparado, sin esperar la sentencia, con Koldo, Ábalos y Cerdán. Pero era tan atronador lo de Sánchez que esa licencia pasaba desapercibida.
El mejor momento de Feijóo ha llegado cuando se ha limitado a leer, en pleno silencio de su bancada y de la contraria, los pasajes más contundentes del escrito del juez Calama.
Antes de la última campaña electoral, elucubrábamos los medios si Sánchez sería capaz de arrojarle a la cara a Feijóo su foto con el narco en el yate. Hoy, no tanto tiempo después, nadie piensa que pueda evitarlo. Esta mañana lo ha hecho.
Y, después, el presidente que perdió las últimas elecciones y que alcanzó la Moncloa con una moción de censura, ha dicho: "Señor Feijóo, al gobierno se llega con votos, no con atajos".
Conviene defender a Sánchez del propio Sánchez y recordar que el parlamentarismo permite la investidura de un derrotado y que la moción de censura es un mecanismo sellado en la Constitución.
¡Si es que era la mañana de los suicidas!
El PP sí ha acertado cuando, después de terminar Feijóo, ha conseguido contener a la decena de diputados que han empezado a golpear la bancada y a gritar "¡dimisión, dimisión!".
Eso, tan habitual hace unas semanas, ha quedado abolido. No se ha sumado ni Tellado. La prueba de que Feijóo, con vocación de Estado, ha tomado cartas en el asunto.
"¡Estoy jodido! ¡A la gente se le rompe el corazón!", ha llorado Rufián en una versión reguetonera del "no es esto, no es esto" de Ortega. "¿Cuál es el plan, presidente?", ha preguntado el español converso. Y un diputado del PP ha respondido: "¡Ficharte!".
Es cierto que, de cara a las próximas generales, si la pendiente continúa, a Sánchez solo le va a quedar el camino de la candidatura única junto a las izquierdas soberanistas. Pero ha aparecido Abascal para recordarnos que la mejor coalición, la imbatible, sería la de PSOE y Vox.
En el día de la imputación de Zapatero, en el día del mejor regalo que ha recibido esta derecha en la oposición, Abascal se ha puesto a hablar de… inmigración. Como solo él sabe hacerlo: los inmigrantes son unos delincuentes que nos roban las ayudas sociales… "Lo peor es la invasión migratoria", por decirlo textualmente.
Si Sánchez no hubiera estado ya noqueado, habría cogido el atajo y habría podido escapar por un rato, pero llevaba la réplica escrita y le ha contestado leyendo una defensa frente a la corrupción.
La prueba de que, en el Congreso, un diputado lee, otro diputado lee y nadie escucha.
La imputación de Zapatero ha estrenado un nuevo tiempo en el Congreso. Lo ha descrito Cayetana. Por primera vez desde las últimas generales, al PP no le compensa un adelanto electoral.
Si Sánchez, como parece, hace coincidir en mayo del 27 las generales con las municipales, el PSOE perderá la Moncloa, los alcaldes y todo lo demás: "Obliguen a los alcaldes a pedir el voto para una trama criminal".
