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Las claves

En agosto de 2024 Salvador Illa fue investido president de la Generalitat gracias a un acuerdo con ERC que incluía la cesión a Cataluña de la recaudación y gestión de la totalidad del IRPF que se paga en la comunidad.

Es decir, la elección de Illa se basaba en un pacto que involucraba al Gobierno central: sin su respaldo era imposible el cumplimiento de lo firmado entre el PSC y ERC.

El nombramiento de Illa era vital para Pedro Sánchez porque era el objetivo final de su hoja de ruta de la legislatura basada en la "normalización" de Cataluña y el fin de los efectos del proceso independentista de 2017.

Por eso, Moncloa respaldó el acuerdo entre PSC y ERC e inició negociaciones con la Generalitat y con el partido de Oriol Junqueras.

Sin embargo, esas negociaciones no han fructificado porque la anterior vicepresidenta primera y responsable de Hacienda, María Jesús Montero, no aceptó la pretensión de máximos de ERC para ceder la totalidad del IRPF.

Sí aceptó en enero una propuesta de financiación singular de Cataluña, pero muy lejos de la pretensión de Junqueras y dejando al margen la cesión total del IRPF.

Además, a Sánchez y al PSOE le venía fatal un acuerdo sobre este asunto en vísperas de las elecciones andaluzas del 17 de mayo y con Montero como cabeza de lista socialista.

Ahora, fuentes de ERC aseguran que, pese a la marcha de Montero, ven extraordinariamente difícil que pueda producirse esa cesión por los problemas técnicos que invoca el Gobierno y porque desde junio se inicia el último año de legislatura, contexto muy complicado para llevar a cabo el proceso para culminar el traspaso del IRPF.

Eso deja en difícil situación a Illa y a ERC.

El pasado mes de febrero el president de la Generalitat y Oriol Junqueras pactaron la insólita retirada del proyecto de Presupuestos de Cataluña que se tramitaba en el Parlament con el compromiso de aprobarlos antes de verano.

El problema, según admiten en el Gobierno y ERC, será encontrar una salida que justifique aprobar las cuentas sin haber logrado culminar el pacto de investidura, es decir, la cesión a Cataluña de la totalidad del IRPF de la comunidad.

Los de Junqueras necesitan "vender" algo que justifique su voto en la investidura y luego aceptar los Presupuestos de Illa, sin haber logrado el objetivo máximo del total del IRPF para Cataluña.

Sobre todo porque Junts está en fase de distanciarse del Gobierno, como se vio esta semana en la sesión de control en el Congreso, cuando su portavoz Míriam Nogueras vino a pedir la convocatoria de elecciones.

Y Moncloa se queja de que los de Carles Puigdemont ni siquiera les cogen el teléfono cuando les piden negociar alguna iniciativa.

En esa situación, en el Gobierno hay notable hartazgo con Junts y pocas ganas de intentar retomar las relaciones con el independentismo catalán, si es que eso es aún posible.

En esas circunstancias, Moncloa ve muy improbable la aprobación de unos Presupuestos. Otro año más.