Las claves
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Aragón es una de las cuatro comunidades autónomas en las que nunca ha habido una mayoría absoluta en los más de 40 años de democracia. En los comicios de este domingo tampoco se romperá la serie.
La existencia de un voto regionalista que lleva cuatro décadas sumando al menos un 12% de la representación impide que el bipartidismo clásico español gobierne en solitario.
Las otras tres comunidades en esa situación son País Vasco, Navarra y Canarias, territorios con partidos nacionalistas fuertes que llevan décadas fragmentando el voto.
Lo de Aragón es menos evidente: no hay un movimiento nacionalista con fuerza para obtener representación en las Cortes Generales.
El Partido Aragonés (PAR) llegó a obtener el 30% del voto en 1987 y, aunque en 2023 apenas roza el 2%, "no ha perdido la capacidad de pacto y ha sido el encargado de darle las mayorías de gobierno tanto al Partido Popular como al Partido Socialista", explica Miguel Ángel Esteban, catedrático de Comunicación
A ese aragonesismo de derechas se le fue sumando otro de izquierdas (la Chunta Aragonesista llegó al 12% hace quince años) y, según este experto, "incluso en su peor momento electoral, el voto aragonesista ha sumado en torno al 12%".
Pero el voto regionalista no es la única pieza del tablero.
Esteban recuerda el "terremoto político de 2015". Se refiere a la entrada de Podemos, Ciudadanos y después Vox, tres partidos que en Aragón "han estado siempre por encima de las medias nacionales" y que hicieron todavía más difícil que alguien llegase a los 34 escaños de la mayoría absoluta.
Si en 1983 bastaron cinco fuerzas para repartirse las Cortes, en 2023 fueron ocho.
Las elecciones de 2023 trajeron una novedad: "Por primera vez, el Gobierno de Aragón está en manos de un partido nacional que necesita el apoyo de otro partido nacional sin necesidad de contar con el regionalismo".
En efecto, PP y Vox sumaron mayoría sin el Partido Aragonés ni la Chunta Aragonesista (CHA), algo que nunca había pasado en cuatro décadas de autonomía.
Las Cortes de Aragón se atomizan en 2019 y cambian de hegemonía en 2023
Esta nueva aritmética parlamentaria no surge de la nada. Tiene su reflejo en los 731 municipios de la comunidad. Entre 2019 y 2023, el mapa electoral aragonés cambió de color de forma drástica, algo que no ocurría de unas elecciones a otras desde que Alianza Popular se refundó como Partido Popular en 1989.
El mapa cambió de color de golpe, pero Esteban advierte de que los municipios no representan la totalidad de la política aragonesa: "Lo que hay que mirar es el número de votos y no el de concejales".
Aragón tiene 731 municipios para apenas 1.350.000 habitantes. "El 28% de los municipios tienen menos de 100 habitantes y el 75% no llegan a los 500", matiza.
El experto apunta que, en pueblos tan pequeños, a veces basta con que cambie la persona que encabeza una lista para que cambie el color del municipio. Lo que parece un vuelco masivo en el mapa es, en muchos casos, un movimiento de muy pocos votos.
Donde el cambio sí es notorio es en las ciudades. No obstante, no siempre por las razones que uno piensa.
El sistema electoral aragonés fija la barrera de representación en el 3% por provincia, un umbral lo bastante asequible como para que entren partidos pequeños y que, a la vez, castiga a las formaciones que se presentan divididas.
En Huesca, la segunda ciudad de Aragón, el 18% del voto fue para partidos a la izquierda del PSOE y, sin embargo, obtuvieron cero concejales porque se presentaron en dos listas. Vox, con el 10%, tuvo tres.
La derecha, explica Esteban, "perdió las elecciones en voto popular, aunque las ganó en concejales por esa incapacidad de la izquierda de poder pactar".
Algo parecido ocurrió en Zaragoza, donde Chunta y Podemos, que habían estado en el Gobierno de Aragón, no consiguieron entrar en el Ayuntamiento de la capital.
Pero más allá de quién ganó en cada municipio, ¿de dónde vinieron estos cambios?
En 304 de los 731 municipios aragoneses el partido más votado cambió entre 2019 y 2023. El flujo dominante es del PSOE al PP (164 municipios), seguido del PAR (31) y de Ciudadanos (11) al partido de Jorge Azcón.
También aparecen dos actores nuevos. Coalición Existe conquistó 29 municipios partiendo de cero, la mayoría arrebatados al PSOE.
Los de Santiago Abascal, por su parte, solo sumaron 5 municipios en el mapa, una cifra que esconde su peso real: su crecimiento no se mide en pueblos ganados, sino en votos repartidos por todo el territorio.
El PP creció un 70% en votos entre 2019 y 2023, casi 97.500 papeletas más. La cifra no es casual: Ciudadanos perdió 102.700 votos en el mismo periodo. El trasvase fue casi exacto.
Así lo explica Miguel Ángel Esteban: "El voto urbano se mueve más por criterios nacionales que municipales".
El crecimiento de los populares fue mayor en las capitales (+82,6%) que en los pueblos (+47,1%), lo que apunta a que el grueso de lo que recuperó de Cs se concentraba en las grandes ciudades.
El PSOE, hoy dirigido por Pilar Alegría, apenas perdió un 4,4% de sus votos, pese a lo que sugiere el mapa. En las capitales prácticamente repitió resultado (+0,6%).
Su caída se concentró en los pueblos (-10,2%) y las ciudades medianas, donde cedió entre un 8% y un 10%, resistiendo en Zaragoza. "En el voto general de Aragón no hay un gran descenso del PSOE", resume el especialista.
Y luego está Vox, que duplicó sus votos entre 2019 y 2023 (+85%), pero su radiografía territorial apenas se movió: más de la mitad de sus papeletas salieron de Zaragoza capital en ambas elecciones.
"Mucha gente habla de Vox como voto rural fijándose en Extremadura", apunta Esteban. "La diferencia es que ya había penetrado en Aragón, y sobre todo en Zaragoza ciudad".
En 706 pueblos de la comunidad duplicó su resultado, sí, pero partiendo de cifras tan bajas que su peso en el mapa seguía siendo testimonial.
"No es un voto rural, el voto es claramente urbano y su reto para estas elecciones es hacerlo rural, como ha pasado en Andalucía o Extremadura", resume el catedrático.
El camino de los de Abascal en Aragón fue el inverso al de otras comunidades: primero las ciudades, después las zonas rurales.
La evolución del voto en cuatro décadas de autonomía muestra un patrón que se repite: las líneas del PP y el PSOE suben y bajan casi en espejo, los partidos nuevos irrumpen con fuerza y se desinflan (exceptuando el caso de Vox), y el voto regionalista tradicional (que en 1987 llegó a los 180.000 votos con el PAR) lleva cuarenta años cayendo sin freno.
A Aragón se le conoce como el "Ohio español" porque, durante décadas, quien ganaba aquí solía hacerlo también en las generales: la comunidad tiene una mezcla de voto urbano y rural, de renta y estructura social lo bastante parecida a la media española como para funcionar de termómetro del país.
"Si miramos al voto general de Aragón y sobre todo el voto de las ciudades, está en la tendencia española", señala el catedrático. Entonces, ¿lo que ocurra este domingo en Aragón anticipará la tendencia general? Esteban no lo tiene tan claro. Habrá que esperar.
Sí se da por hecho que, tras las elecciones de este domingo, el PP repetirá mandato por primera vez. Nunca había gobernado Aragón dos legislaturas seguidas.
