Los indultos se otorgan, según la ley que los rige en España, por tres posibles razones: justicia, equidad o utilidad pública. Tal como desvelaba este periódico el pasado viernes, los expedientes redactados por el Ministerio de Justicia no hallaron el modo de encajar en los dos primeros argumentos las medidas de gracia a Oriol Junqueras y el resto de cabecillas del procés, pero sí en el último, una especie de puerta abierta para que el Gobierno que los decrete justifique su decisión.

Aun así, hay como mínimo un motivo más real: "En la UE, muchos se creyeron que habían sido encarcelados por sus ideas".

En este caso, aun a conciencia de que la conducta de cinco de los nueve agraciados "no les hace personalmente merecedores" de la medida de gracia que se les ha concedido, Pedro Sánchez tenía dos motivaciones más: la que llevó a los informes y la que no se podía poner negro sobre blanco bajo ningún concepto... pero pesa.

Es decir, que por el interés general, hace falta "generar un clima de entendimiento con las formaciones políticas independentistas". Y una razón mucho más fáctica: la imagen de nuestro país en el exterior, "porque la buena campaña de los independentistas es una losa" por la que aún estamos pagando.

El encargo a Borrell

De hecho, a la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno, en junio de 2018, la primera misión que le encomendó el presidente a su nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, fue desmontar el relato de los separatistas.

El Gobierno de Mariano Rajoy logró el apoyo sin fisuras de los Gobiernos de la UE frente al 1-O, aunque lo cierto es que el apoyo se quedó en las altas esferas y las declaraciones oficiales. Pero la opinión pública, que fue calando incluso hasta los despachos, vio "la foto, la de los policías pegando a la gente el día del referéndum ilegal".

Las fuentes del Gobierno, igual que sí cargan la mano en lo político y culpan al expresidente del PP de "hacer como el avestruz, fumarse un puro y tratar de que los problemas se pasaran solos", se cuidan mucho de criticar la gestión concreta de los días fatídicos del procés.

La Guardia Civil y la Policía Nacional intentan evitar que los votantes entren en los centros. Reuters

Es más, la actuación policial, no sólo es que estuviese ordenada desde el Ministerio del Interior, admiten, sino que quizás era lo único que se podía hacer, dado que las urnas ya estaban allí y Carles Puigdemont forzó la situación al límite.

Y además, en lo político el propio Sánchez asumió un papel duro, apoyando la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que significó la destitución de todo el Govern, y la sustitución de los titulares de los poderes autonómicos por primera vez en la historia democrática. 

El trabajo de Exteriores, con Borrell a la cabeza, se llegó a sustanciar también en un documento. La Secretaría de Estado España Global, entonces dirigida por Irene Lozano y dependiente de ese Ministerio, elaboró un informe titulado La realidad sobre el proceso independentista. El informe, de 73 páginas, se dirigió a medios de comunicación extranjeros y diplomáticos europeos, para desmontar las principales mentiras de los líderes políticos y civiles del 1-O

Y ahora, ¿qué?

Pero aunque ningún país reconoció la declaración unilateral de independencia de octubre, España perdió la batalla del relato en la opinión pública internacional. Las cargas policiales del 1-O permitieron a los soberanistas presentar a España como un Estado autoritario y represor. "Muchas de esas imágenes eran falsas, sí... pero la imagen internacional no es la que tú quieras, ni se basa sólo en verdades, sino en las percepciones": Y ahí ganó el separatismo.

"Por eso no querían a Borrell los indepes", explica otro ministro a este periódico, "porque era un catalán de pleno, y un español convencido, trabajando en la Europa que conocía" para contrarrestar esa imagen.

Pero Moncloa siente que ni aquello germinó, que el relato se perdió. Por eso la foto del miércoles pasado, con Oriol Junqueras, Jordi Sànchez, Jordi Cuixart, Joaquim Forn, Josep Rull, Jordi Turull y Raül Romeva sonrientes y triunfantes a la salida de Lledoners molestó menos en Moncloa, a pesar de sus proclamas incendiarias. "La opinión pública internacional ha saludado los indultos", explica un miembro del Ejecutivo.

Los presos del 'procés' abandonan la prisión de Lledoners. Efe

Y ahora, la clave es lo que se preguntaron mutuamente Gabriel Rufián y Pedro Sánchez, el miércoles en el Congreso: "¿Qué piensa hacer el Gobierno tras la concesión de los indultos?" Y "¿qué piensa hacer Esquerra?".

En el Gobierno, dicen, no son ingenuos, y están a la expectativa de la reunión de este martes entre el presidente y el president Pere Aragonès en Moncloa. "Hablarán de la mesa, claro", concluye otro miembro del Ejecutivo, en conversación con este diario. "Y lo que planteen ellos, ya lo veremos, lo importante es que nadie podrá seguir diciendo que la democracia española es opresora".

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