La inminente crisis de Gobierno se ha adelantado respecto a los planes iniciales del presidente del Gobierno. Pedro Sánchez ya ha comunicado a sus colaboradores la inminencia de la remodelación, que se ha acelerado para hacer frente al momento político que atraviesa Moncloa.

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Los objetivos son dos: reducir el número de carteras ministeriales y renovar las fuerzas de un Ejecutivo gastado después de un año y medio de legislatura que, en realidad, ha provocado más trabajo que una entera, por la pandemia.

Este último hito es el que hace pone en el disparadero a dos protagonistas absolutos de las últimas semanas, desde el estallido del conflicto en la frontera de Ceuta.

Arancha González Laya, responsable de la "acogida humanitaria" del líder del Polisario en España el pasado 18 de abril; y Fernando Grande Marlaska, cuya gestión ha zozobrado en el control migratorio de las últimas crisis con el vecino del sur y ha ido perdiendo el favor de sus compañeros de gabinete -como ya informó EL ESPAÑOL hace un mes-, serían los dos nombres con más papeletas para caer en el lado socialista.

El ministro del Interior presume de una reducción de la inmigración ilegal en cifras "históricas" (un 50%) en los años 2018 y 2019. Tanto que en su departamento se coloca esto como un éxito, y se pone el peso en la estabilidad y paz social. Sobre todo, frente a la algarabía del lado morado del Ejecutivo y, a preguntas de la prensa, se señala como una de las razones por las que Pedro Sánchez se ha podido mantener en Moncloa y ganar las sucesivas elecciones

Mal ambiente interno

El segundo objetivo, tal como informa hoy EL ESPAÑOL, ya ha sido comunicado por el presidente a Yolanda Díaz, la líder de Unidas Podemos en el Gobierno de coalición. Según las fuentes consultadas por este diario, la vicepresidenta tercera deberá decidir entre hacer caer a Alberto Garzón, ministro de Consumo y coordinador federal de IU, o a Manuel Castells, que ocupa la cuota de En Comú Podem en el Ejecutivo.

Una difícil elección para Díaz, que debería optar, figuradamente, entre amputarse un brazo o una pierna, pues las dos formaciones son claves en el equilibrio de fuerzas interno de las confluencias moradas.

Pedro Sánchez, entre sus cuatro vicepresidentas, en el Consejo de Ministros. Efe

Pero además de que la crisis con Marruecos ha desgastado a Laya, Marlaska y -de rebote- a José Luis Ábalos y a Margarita Robles, lo cierto es que el ambiente dentro del Consejo de Ministros se ha enrarecido mucho en estas semanas.

Marlaska ya había perdido la confianza de muchos de sus compañeros, que comentaban que "si hubiera una crisis de Gobierno, él sería el primero en salir". Pero las acusaciones cruzadas entre Defensa, Exteriores, Interior y Transportes estos días por la operación Ghali sólo le pasan factura a Marlaska y Laya, señal de que ambos están muy debilitados a ojos del presidente.

El detonante final del adelanto de la anunciada remodelación del gabinete ha sido el estallido del conflicto con Marruecos. Fuentes de los distintos ministerios admiten que hay desavenencias entre los titulares de las carteras, cuya falta de comunicación provocó la insólita situación del martes, con un avión de Estado argelino entrando en el espacio aéreo español sin que los controladores militares hubieran sido avisados.

Mal calibrado

Pero es que además, Moncloa sabe que nadie en el Gobierno ha sabido calibrar el nivel del desafío marroquí. Ni siquiera las evidentes y continuas señales del último año se han leído en Madrid con la audacia suficiente para prever el asalto de más de 10.000 personas en 36 horas a Ceuta. Eso es responsabilidad directa de Exteriores y, tangencialmente, de Interior, ya que es el Ministerio de la seguridad y de la guarda de fronteras.

Finalmente, la debilidad de Laya se mostró como nunca en su ausencia: el miércoles por la tarde suspendió sin explicaciones una rueda de prensa conjunta ya convocada junto a su homóloga belga. Huir de los medios para evitarse un monográfico de preguntas sobre su papel en toda esta operación rayana en la chapuza no le ayudó a que la oposición no exija su dimisión ni a que Sánchez deje de sopesar su caída.

Aunque ni el CNI detectó las intenciones del régimen de Mohamed VI ni los movimientos de los agentes de Inteligencia de Rabat, que descubrieron y filtraron la presencia del líder polisario en España. Y eso señalaría a Defensa. Pero tampoco Transportes -que dirige el más político de los ministros de Sánchez y su mano derecha, José Luis Ábalos- supo controlar el flujo de los hechos a la llegada de Ghali o en su salida.  

El presidente argelino y el jefe del Ejército argelino visitan al líder del Frente Polisario. Efe

Eso sí, el remate para la imagen de España en el concierto internacional -sobre todo, ante los actores implicados- fue la escenificación de Argelia en el recibimiento Ghali en el hospital de Argel, con visita publicitada del presidente, Abdelmayid Tebune, incluida.

"Lo que hemos aprendido es que no vamos a poder mantener buenas relaciones a la vez con Rabat y Argel", admite una fuente gubernamental. "Marruecos nos quiere obligar a elegir y Argelia", con el poder que le da ser el suministrador clave de gas para España, "tampoco ayuda". 

...y los indultos

Con Ceuta y Melilla todavía reforzadas con la legión y los regulares por parte del Ejército y varios cientos de policías y guardias civiles desplazados, y con Rabat esperando a cualquier movimiento en falso para recrecer las tensiones que Madrid se empeña en enfriar, otra bomba de relojería está suponiendo un precio diario para la popularidad de Sánchez y sus ministros: la concesión de los indultos a los políticos condenados por el procés independentista en Cataluña.

El "precio que hay que pagar" se asumía en Moncloa como "lo que toca". Y esa explicación sucinta de un miembro del Ejecutivo vale tanto para quien interprete el perdón a Oriol Junqueras y el resto de líderes del golpe del 1-O como una apuesta verdadera por "la concordia y el reencuentro" y para quien lo vea como el simple pago a los socios parlamentarios por sus votos en el Congreso.

Sánchez tenía un calendario que colocaba la remodelación de su Consejo de Ministros en octubre, a la vuelta del 40º Congreso Federal del PSOE. Un modo de afrontar la segunda parte de la legislatura con un Ejecutivo reforzado, y eliminando de su foto las caras más quemadas... pero algunas se han incendiado en este último mes. Por la gestión deficiente de sus políticas y, todavía peor, por haber permitido que las diferencias internas se dirimieran en los medios.

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