Una semana después de la "gravísima crisis" abierta por el "desafío fronterizo" de Marruecos en Ceuta, lanzando "a miles de personas" y provocando un "problema humanitario", el Gobierno de España ha bajado el tono. Ahora, parece que Moncloa sólo está resolviendo una "crisis migratoria" más. Pero eso es sólo de puertas afuera, la realidad es que según numerosas fuentes consultadas por este periódico, el Ejecutivo está revisando todos los protocolos fronterizos en Ceuta y Melilla, por si Rabat repite la jugada y lanza otra invasión, esta vez a mayor escala.

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"A la vista de lo ocurrido, por supuesto que estamos analizando todos los planes de frontera", explican fuentes gubernamentales. En diplomacia, se hacen declaraciones oficiales y se dicen cosas off the record. Rabat está haciendo correr la especie de que si esta vez fueron 8.000 personas en otra ocasión pueden ser 20.000 o más. Madrid, por su parte, baja el diapasón en público y destaca bajo cuerda que el régimen de Mohamed VI no es una democracia... incluso se desliza, en ocasiones, la palabra dictadura.

Así, el Ministerio de Exteriores español resalta el buen funcionamiento de todos los resortes activados entre la noche del lunes 17 y el martes 18 de mayo. Tanto a nivel operativo como diplomático: se envió a la Legión y a los Regulares, se reforzó en 24 horas a la Policía y la Guardia Civil con 400 operativos y "todos los líderes europeos se pusieron en fila en apoyo a España". 

El resto de fuentes autorizadas explican que ya se sabe cómo afrontar una crisis como ésta con éxito y se trabaja en planes para acciones agresivas en las fronteras a mayor escala. Y de ahí el mensaje satisfecho de Sánchez este lunes al inicio del Consejo Europeo extraordinario de Bruselas.

Y en el plano político, las fuentes señalan el inequívoco mensaje enviado al Gobierno de Mohamed VI. Rabat tuvo que ver cómo Pedro Sánchez no dejaba pasar un minuto desde el fin del Consejo de Ministros para hacer una declaración institucional "firme y contundente" y subirse a un helicóptero para pisar Ceuta y Melilla, ciudades autónomas en el norte de África que Marruecos reclama como enclaves propios de su soberanía. "Pero no nos equivoquemos, eso son sólo palabras, el problema no está ahí, sino en el Sáhara", apuntan fuentes del Ejecutivo.

Sólo tardó en reaccionar Estados Unidos... y eso tiene su explicación. En el Ministerio de Exteriores español se tentaron la ropa el pasado 10 de diciembre, cuando el presidente saliente de EEUU, Donald Trump, proclamó el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara. "Desde ahí, viene todo esto", apuntan las fuentes consultadas. "Y la herencia de Joe Biden es complicada, sobre todo buscando aliados árabes con el conflicto de Gaza abierto".

Pero los contactos a todos los niveles surtieron efecto. Y si en la tarde del martes ya se calmaron las fronteras, los gendarmes marroquíes dejaron de alentar a sus compatriotas a que cruzaran la frontera y de noche incluso la perimetraron, a esas horas llegó el "gesto que esperábamos de Washington", una declaración de la portavoz del Departamento de Estado. Jalina Porter dijo en rueda de prensa que la Administración Biden "apoya que tanto España como Marruecos trabajen juntos hacia una resolución".

En las últimas horas, además, fuentes del Gobierno y del Partido Popular se felicitan del enfoque de esta crisis como "un asunto de Estado". Pablo Casado y la ministra González Laya aprovecharon el viaje a Quito para la toma de posesión del nuevo presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, para intercambiar pareceres sobre política exterior.

Sin duda, se limaron asperezas tras el encontronazo del miércoles pasado, en la sesión de control, entre Sánchez y el líder de la oposición. Ya a la salida, el entorno de ambos rebajó la tensión y habló de "entendimiento".

Todo es el Sáhara

En Exteriores tratan de desentrañar la madeja de una crisis que ha puesto en riesgo las relaciones de España con un vecino incómodo, al que hay que tratar como socio, pero que se comporta habitualmente con deslealtad. El departamento de Arancha González Laya separa las presiones que se desencadenaron sobre Francia, Alemania y España en diciembre a propósito del Sáhara; del acogimiento del líder del Polisario, Brahim Ghali para tratar; y de la acción agresiva sobre Ceuta de hace una semana.

Respecto al Sáhara Occidental, España no cederá, mantendrá su apuesta por la posición fijada en Naciones Unidas y no se moverá un milímetro del alto el fuego acordado en 1991 para hallar una solución negociada. "Y lo mismo está haciendo Berlín, a pesar de las presiones", apuntalan en Exteriores, destacando la solidaridad intereuropea.

Emmanuel Macron, presidente francés, y Angela Merkel, canciller alemana, con Pedro Sánchez en el Consejo Europeo de Bruselas. Efe

A propósito del acogimiento de Ghali, las fuentes consultadas niegan que haya divisiones internas en el Ejecutivo: "Fue una decisión de Gobierno, con el presidente Sánchez a la cabeza", afirma una fuente autorizada. Nuestro país se limitó, explican, a atender la petición de otro país vecino y socio (Argelia) para dar tratamiento sanitario de urgencia a una persona "en estado muy grave".

Hay contactos

Se respondió al reclamo "por cuestiones humanitarias". Y todo, aun a sabiendas de que se arriesgaba una respuesta de Rabat. Pero nunca se esperó una situación como la desencadenada hace una semana. Aunque en Madrid se admite que la agresividad marroquí pilló a Moncloa con el pie cambiado, también se opina que nada habría cambiado de haber llamado al ministro de Exteriores marroquí, Naser Bourita, para avisarle.

Un agente de la Guardia Civil sostiene a un bebé de pocos meses al que ha salvado en el agua de Ceuta. GC

Y es precisamente a las amenazas de Bourita a las que se da poca o ninguna credibilidad desde el Gobierno español. "Marruecos distingue entre sus muy buenas relaciones con casi todos los países de la UE y una crisis bilateral nacida de una actitud hostil de España". Para Bourita, "si España piensa que la crisis podría solucionarse sacando en secreto a este señor por los mismos procedimientos, es porque está buscando un deterioro y un agravamiento de la crisis, o incluso la ruptura", advertía en una entrevista concedida a la emisora francesa Europa1.

"En diplomacia, nadie va a la prensa a lanzar una advertencia como ésa", explican las fuentes del Gobierno español. "Marruecos se ha equivocado gravemente, el mundo entero ha visto imágenes terribles, con bebés en el agua, y ahora trata de enredar y escalar la crisis con declaraciones". Según el Ejecutivo español, Rabat debe perder toda esperanza de enfrentar a Madrid con sus socios europeos.

Fuentes del PSOE y de Exteriores confirman que el trabajo diplomático se sigue haciendo. Hay contactos con Marruecos, para reconducir las relaciones. Los hay con Washington, para seguir trabajando con "diplomacia discreta" para facilitar sus esfuerzos en Oriente Próximo. Y en el seno de la UE, de la mano de Italia, se ha forzado un cambio en el orden del día de este Consejo extraordinario para desempolvar el Pacto de Asilo e Inmigración que propuso Ursula von der Leyen y lleva en un cajón desde septiembre.

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