Inés Arrimadas y los suyos trazaron una estrategia que sólo admitía dos finales: un pacto presupuestario o lo que Ciudadanos llama el "desenmascaramiento" de Pedro Sánchez. Poco después de implementarla, la presidenta de los liberales se dio cuenta de que el plan estaba condenando a la opción "b".

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Así quedó establecido este jueves en el Congreso de los Diputados, cuando el PSOE dijo "no" a las 320 enmiendas presentadas por Arrimadas. Una negativa absoluta que denota la fata de interés de Sánchez en pactar con Ciudadanos. "No ha sido cuestión de números, sino de políticas. Ha quedado claro", explican desde el gabinete de la jerezana.

Moncloa aceptó enmiendas de PNV, Bildu y Esquerra Republicana, pero no de Ciudadanos. "Sánchez deseó la mayoría de la investidura desde el principio, pero teníamos que conseguir que se visualizara", celebra otra fuente autorizada de los naranjas.

El portazo de Sánchez, no obstante, ha tenido algo de "inesperado". Arrimadas creía que el presidente aceptaría las enmiendas que menos irritaran a los separatistas para así poder presumir en Europa de "pluralidad" y de tener el "sello liberal".

A partir de hoy, el aparato de Ciudadanos trabajará a destajo para transmitir su nuevo mensaje: "Sánchez pacta con los nacionalistas porque quiere. No ha aceptado ni un solo punto de lo que hemos propuesto".

De haber escogido algunas enmiendas ideológicamente inocuas, el presidente del Gobierno habría puesto en un aprieto a Ciudadanos. Una circunstancia que reconocen los de Arrimadas: "Habría sido difícil para nosotros porque ellos podrían haber cuestionado nuestro liberalismo diciendo que nos borrábamos de la foto sólo por no compartirla con partidos que no nos gustan".

El punto "delicado"

No obstante, y pese al "final feliz" que esgrimen en Ciudadanos, el camino recorrido ha sido el más duro de los posibles. Arrimadas se atornilló a la mesa de la negociación pese a las continuas "concesiones" del Gobierno a los separatistas. Sabía que Podemos, para más inri, boicoteaba a su espalda los pactos naranjas con Moncloa.

El coqueteo de Sánchez con el nacionalismo exasperó a buena parte de la Ejecutiva de Ciudadanos, que transmitió su malestar a Arrimadas y generó un ambiente tenso en el partido. Varios dirigentes liberales llamaban a romper la negociación e incluso lamentaban haber perdido su "identidad".

El punto más delicado fue el pacto educativo entre PSOE, Podemos y ERC para laminar la condición "vehicular" del castellano en la nueva Ley de Educación. En un primer momento, Arrimadas no vinculó el gesto a los Presupuestos, pero el descontento interno la obligó a plantarse. Cambió de opinión e hizo de esa batalla una condición sine qua non.

En conversación con los suyos este jueves, hizo balance del día. Glosó lo sucedido como una reafirmación de Ciudadanos en el "centro" y situó el "desenmascaramiento" de Sánchez como una de las políticas "más útiles para los españoles".

Ya no hay vuelta de hoja. Arrimadas y sus nueve diputados votarán "no" a los Presupuestos y Sánchez dará vida a su legislatura gracias a los nacionalistas. De ahora en adelante, conciben en Ciudadanos, el debate tendrá otro cariz: "Le hemos robado al presidente su mejor arma".