"¡Izquierda y derecha son la misma mierda!". Ese fue el grito más repetido en la primera protesta organizada por Solidaridad, el sindicato de Vox. Congregados en la Puerta del Sol, abuchearon a Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso, reunidos en palacio para abordar una solución conjunta a la pandemia.

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Detrás del eslogan, subyace una estrategia impulsada por los de Santiago Abascal desde hace meses: la potenciación -por la base de la pirámide- de su "transversalidad". Así lo reconocen distintas fuentes de la formación en conversación con este diario.

Se trata de una especie de remedo contemporáneo del "pan, patria y justicia" que lanzaron Falange y otras corrientes obreristas en los años treinta. Un partido con anhelo de "movimiento" que aprendió pronto la forma de ensanchar su militancia: la clase media-baja antes que la clase media-alta.

"Cada vez identificamos más apoyos en la llamada 'España que madruga'. Las medidas esenciales de nuestro programa no pertenecen a ningún vector concreto", reseña precisamente un dirigente de Vox.

"Defendemos a los trabajadores de los polígonos, de los extrarradios, del sector primario y del campo. Un mensaje que ya ha calado entre sus manifestantes -como quedó de manifiesto en la mañana de este lunes- y en la dirección de su recién estrenado sindicato.

No obstante, medidas como la "lucha contra las políticas de género", el férreo combate de la "inmigración ilegal", su concepción de la Memoria Histórica o la batalla contra "el ecologismo progre" abren grandes abismos con el movimiento obrero en España tradicionalmente de izquierdas.

Está previsto que Disenso, su think tank de estilo norteamericano, también trabaje en esa línea: "la ruptura del eje izquierda-derecha" a través de la captación de adeptos entre los vulnerables. Un caldo de cultivo que regurjita con fuerza debido a los estragos causados por la pandemia.

"La ruina moral de la nación"

"Familia, propiedad, nación y libertad. Eso no pertenece a la derecha ni a la izquierda", reseña un importante miembro de Vox. Todos ellos términos -salvando las distancias históricas y la dialéctica de "los puños y las pistolas"- empleados por José Antonio Primo de Rivera.

Literariamente, y en términos discursivos, la "ruina moral de la nación", el "recorrer las tierras y sus gentes", la "patria como síntesis trascendente" son algunos de los esloganes acuñados por el fundador de Falange que encajan indistintamente en algunos de los mensajes vertidos por Abascal.

El propio presidente de Vox, en un debate presidencial, se agarró a una cita de Ramiro Ledesma -camisa azul- para abrir ese camino: "Sólo los ricos pueden permitirse el lujo de no tener patria".

"El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, no es de derechas ni de izquierdas", aseveró Primo de Rivera en su mitin germinal del Teatro de la Comedia. Era el año 1933.

Para muestra, un botón: a la hora de diferenciar la "transversalidad" de su público electoral, varios dirigentes de Vox apuntan al Barrio de Salamanca, inexpugnable feudo del Partido Popular. "Nosotros crecemos en los pueblos, en la zona rural, y hemos comprobado que, cuando empezamos a presentarnos, se desató una participación que no existía", aduce otro miembro del partido.

Esta estrategia -que a ojos de Abascal es sinónimo de éxito- alarma sobremanera a la cúpula de Podemos y a distintos mandatarios nacionalistas. Gabriel Rufián, por ejemplo, ha dedicado a este asunto su último libro y ya diagnostica un "15-M de la derecha".

"Sin contradicciones"

"Estamos intentando construir un mensaje lo más nítido posible. Podrá haber evoluciones, pero no contradicciones. Creemos que, en los días de la mentira, así se crea la casa común", especifica otro de los generadores de mensaje de Vox.

"Cuando criticamos a la izquierda y a la derecha, no intentamos inaugurar una tercera vía. Buscamos una negación de la ideología, un viraje hacia lo que consideramos que es el sentido común", reseña esta fuente.

Abascal insiste en "no tener en cuenta la procedencia ideológica de sus votantes", pero sus últimas equiparaciones entre el franquismo y el "sanchismo" le empujan a la contradicción. Porque, en términos mediáticos, esas afirmaciones le empujan al extremo derecho del tablero.

Igual que desvelara Iván Redondo en su última entrevista con El País, la dirección de Vox también se halla enfrascada en la conocida como "guerra cultural". Ahi quedan su sindicato y su think tank.