Pese a no reconocer la legalidad española ni las instituciones que emanan de ella, la CUP, que empezó siendo una formación municipalista, ha acabado abriendo las puertas del Congreso de los Diputados,.

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Su lema de la candidatura en las elecciones del 10 de noviembre era hacer “ingobernable” España, pero sus dos escaños -y la discrepancia de criterios con sus socios naturales de Bildu o ERC- les condenan a tener un rol menor en la Cámara Baja.

Así se ha reflejado en su primera iniciativa parlamentaria. La formación anticapitalista reclamó la presencia de Felipe VI en el Congreso por el presunto caso de sobornos a Arabia Saudí, pero Podemos y su ala catalana, En Comú, rechazaron junto a PSOE, PP y Vox su comparecencia. “Queremos ser el Pepito Grillo de la política española”, explican desde la formación anticapitalista a EL ESPAÑOL.

Los dos diputados encargados de ejercer este rol son la socióloga Mireia Vehí y el historiador Albert Botran. Ninguno es nuevo en política. Ambos fueron diputados autonómicos en la legislatura en la que la CUP mandó a Artur Mas “a la papelera de la historia” y apoyaron la investidura de Carles Puigdemont.

Dos almas

Si Vehí representa el alma más izquierdista de la CUP, Botran es el cupaire convergente, más sensible a lograr el consenso nacionalista que a los intereses de clase.

Sus respectivos inicios en el activismo político reflejan estas diferencias. Vehí es hija de la alcaldesa del PSC en Vilafant, y en su etapa universitaria cambió su ciudad natal por Sabadell, donde frecuentaba el mítico casal independentista Can Capablanca junto a otras figuras de la izquierda antisistema, como el músico Pau Llonch, del grupo At Versaris.

La ahora portavoz de la CUP en el Congreso estuvo siempre comprometida con temas ecologistas, feministas y de integración social con los colectivos de inmigrantes. En las últimas elecciones municipales, Vehí acudió al acto de reelección de su madre como alcaldesa y recibió el ataque en las redes sociales por parte de los sectores más radicales del independentismo, que le acusaban de hacer “campaña por el bloque del 155”, en referencia a la intervención de la autonomía por parte de PP, PSOE y Cs tras la declaración unilateral de independencia.

Discípula de Gabriel

Vehí está muy próxima a Anna Gabriel, la dirigente de la CUP fugada a Suiza. Sus posicionamientos políticos se asemejan tanto como su estética: ambas iban con el flequillo característico de los colectivos de izquierdas hasta dejar atrás sus escaños en el Parlament.

Quienes han trabajado con Vehí señalan su carácter difícil. "Su trato es insoportable", ilustra un militante de la formación a este medio. Vehí, además, formaba parte del secretariado del partido cuando Mireia Boya, también diputada cupaire, denunció "acoso machista" por parte de un miembro de la dirección. 

Según avanzó Crónica Global, se trataba de Xavi Generó, afín a Vehí y Gabriel. Cuando Vehí fue ratificada para encabezar la lista al Congreso, Boya lanzó un enigmático tuit en el que aseguraba que se había "perdido" la "oportunidad de hacer las cosas mejor".

 

Por su parte, Botran es “el cerebro del ala más nacionalista de la CUP”, explican las fuentes consultadas. Procede de la facción de Poble Lliure, corriente del partido que se integró en el Consell per la República que controla Puigdemont desde Waterloo.

Cn Roger Castellanos o Adam Majó, forman parte de la vertiente más institucionalizada de la CUP. Este último, pasó de ser dirigente de la organización a ser el actual director de la Oficina de Derechos Civiles y Políticos de la Generalitat, por un sueldo de 89.234 euros al año.

Cuando Botran fue diputado regional declaró un patrimonio de 100.000 euros, pero no aparece en su actual declaración en el Congreso de los Diputados. Sí da constancia de un préstamo bancario por 130.000 euros a Caixa d’Enginyers, una percepción por desempleo del servicio público de empleo estatal por importe de 10.988,16 euros, y la propiedad de una vivienda en Barcelona adquirida en 2016, cuando era diputado en la Cámara catalana.

Broncas con ERC

Los dos dirigentes han protagonizado enfrentamientos en televisión y en las redes sociales con Gabriel Rufián, Pablo Iglesias o Jaume Asens. El más sonado fue durante un debate electoral en TV3 en el que Mireia Vehí acusó por error al portavoz de ERC de haber asistido al enlace de la hija de un alto cargo de La Caixa.

“Usted se va a bodas con representantes del Ibex 35 y de La Caixa, y si no, no vaya", le reprochó a Rufián para, después de la publicidad, disculparse por haberlo confundido con Pere Aragonès.

Botran criticó en Twitter “los argumentos a la carta” de Pablo Iglesias por, a su juicio, definir como “condición humana” la conversación que el líder de Podemos mantuvo con Iván Espinosa de los Monteros, de Vox, en el Congreso. “Ahora nos dice que reír las gracias a Vox es la condición humana”, le espetó.

El de Molins de Rei (Barcelona) también recriminó recientemente a Rufián que “caricaturizara el independentismo” por compartir un tuit del periodista de EL ESPAÑOL Daniel Basteiro.

Los dos dirigentes son de armas tomar, y no eluden la polémica ni siquiera con los dirigentes de los Comuns más afines al independentismo, como Jaume Asens. Botrán le acusó de haber hecho el “caldo gordo al sumario” de los CDR detenidos por terrorismo cuando pidieron la comparecencia del presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el Parlament.

En su inédita etapa en el Congreso todo indica que mantendrán su retórica agresiva, para impugnar lo que llaman “el régimen del 78”. Pero, a diferencia de hace cuatro años, cuando en 2015 Iglesias y Rufián accedieron con sus respectivos partidos a las Cortes, solo les acompañará en su "bloqueo" la derecha de JxCat, que tiene como líder a Carles Puigdemont.