Es fácil perderse entre los pasillos del Congreso. Allí, entre luces, escaños, cámaras, los diputados se arremolinan y pueden llegar a pasar desapercibidos. Algo similar se vive en la bancada del PP: entre los múltiples rostros conocidos del grupo parlamentario, con Pablo Casado a la cabeza, emergen aquellos populares menos conocidos, que no han tenido su momento de gloria ni en la época de Rajoy ni con el nuevo presidente del partido. Generaciones diferentes.

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Son la “generación perdida” de Génova, según comentan varios de los integrantes de este club en conversación con EL ESPAÑOL. Miembros del partido demasiado jóvenes como para llegar al cénit de su carrera de la mano del último presidente del Gobierno del PP pero suficientemente mayores para que la sintonía con la actual dirección del partido —gestada al calor de las NNGG— no fuera igual.

El choque de trenes en el Congreso que aupó a Casado a la presidencia y el posterior reguero de dimisiones entre las filas sorayistas abocó a un grupo de miembros del partido, que no estaban demasiado ligados a ninguna facción, a la sombra. Pero ahora, en un periodo de inestabilidad parlamentaria y con el fantasma de una crisis acechando, ha llegado su momento. Así lo reflejan las elecciones de Génova para integrar sus nuevas listas para el 10-N.

Dentro de la nueva estrategia que manejan los populares para conseguir llegar a la Moncloa tras las elecciones generales —“cautela, prudencia, nosotros a lo nuestro, en positivo”, resume una voz de la dirección—, el líder del PP optó por recuperar a miembros con acreditada experiencia de gestión en Gobierno y traerlos a su lista por Madrid. Los cambios han sido pocos, pero muy significativos: un trío de exministras especialmente prolíficas: la expresidenta del Congreso, Ana Pastor; la última directora de campaña para las europeas, Isabel García Tejerina, y Elvira Rodríguez, que fue presidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

El resto de participantes en el baile de sillas, ahora a nivel nacional, son rostros desconocidos para el ciudadano medio, como María Ramallo, que fue diputada en la IX legislatura y es la actual alcaldesa de Marín (Pontevedra). Pero, principalmente, se refuerza la apuesta por “la generación desaparecida”, con Milagros Marcos, Alicia García Rodríguez, —ambas pertenecientes al PP de Castilla y León— Jaime de Olano, Marta González, Ana Vázquez —del bloque gallego— o Mario Garcés —actual portavoz económico y diputado por Huesca—.

“No hay referentes nacionales, más allá de Feijóo o Alfonso Alonso. Los que somos de la quinta de Soraya, Cospedal, Íñigo de la Serna… estamos en tierra de nadie”, comenta una diputada consolidada mientras charla con este diario. “Que ahora recurran a nosotros para la primera línea evidencia que el PP había hecho los deberes antes de Casado”, afirma otro destacado miembro de los grupos parlamentarios populares. “Parecía que creían que les hacíamos sombra”.

Las Nuevas Generaciones

Algunos populares achacan el poco foco que ha disfrutado esta generación a la necesidad de “hacer equipo” que tuvo el presidente del partido cuando fue nombrado. “Es normal que tires de los tuyos, de quienes han gozado de tu máxima confianza… Y Pablo era el presidente de NNGG a nivel madrileño. Se conocía a todos los presidentes regionales de NNGG”. Aunque ahora es el momento de fardar de banquillo en su lucha por la Moncloa.

Eso implica rescatar la época de Rajoy a través de varios miembros de sus equipos, a pesar de la insistencia con la que Casado ha intentado enterrar al marianismo. Pero de un tiempo a esta parte, con su viraje al centro y su actitud de estadista y de Estado, con la vista puesta en el Gobierno de España, el líder del PP ha destacado por arropar, de nuevo, a quien le precedió en el puesto.

“Hay una parte de esa generación que son derrotados del congreso que enfrentó a Casado y Soraya Sáenz de Santamaría”, opina el politólogo Eduardo Bayón. La actual dirección del partido “pertenece a una generación que se incorpora desde NNGG y eso marca una diferencia”. “Rajoy buscaba dar protagonismo a generaciones que antes no habían tenido espacio para dar una mayor imagen de modernidad”, recuerda el experto. Ahí fue cuando entraron con fuerza en Génova al propio Pablo Casado, Javier Maroto o Andrea Levy.

Teodoro o ser millennial

Para Enrique Cocero, analista político de 7-50 Strategy, “el movimiento generacional es evidente”. “Teodoro García Egea dice que es millennial, que por fechas podría clavar, pero esa generación perdida tiene más que ver con quién perdió el congreso”, comenta. El cambio de dirigentes tiene más que ver, según indica, con la sintonía personal, dado que, por edad, Cayetana Álvarez de Toledo cuadra con estos rostros que no se identifican ni con este equipo ni con el anterior. Sin embargo, voces del PP no comparten el diagnóstico.

Pero la clave, al final, es conseguir ganar las elecciones. “Todo Occidente está hiperporalizado y las elecciones son batallas segmentadas. No es una cuestión generacional, sino de ocupación de espectros: el mayor adalid de Casado [Cayetana] es un par de años más joven que Soraya”, desliza Cocero. Y, para eso, el presidente del PP necesita, además, de perfiles que alimenten el perfil del centro. Entre los grandes desconocidos, al final, estará su mayor baza.