Pasaban las 21.20 de la noche y Pablo Iglesias se derrumbaba en el ascensor. Con mala cara, gesto de hartazgo y solo, bajaba al sótano del Congreso de los Diputados para irse a casa. El día se había inaugurado entre las esperanzas alimentadas por el PSOE y la expectación insatisfecha de Unidas Podemos. "No ha habido avances, la cosa está muy estancada", explicaban las fuentes oficiales de Podemos. Lo hacían bajo condición de confidencialidad, "para que estés informado y nada más", pero luego su líder reventó todos los offs una vez que se calentó en el hemiciclo.

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Iglesias se siente traicionado, una vez más. Está harto de excusas y, sobre todo, está convencido de que Pedro Sánchez no quiere llegar a un acuerdo con él. Con su partido. Con su grupo parlamentario. Que no quiere un gobierno de coalición. Que si lo acaba haciendo será porque lo hayan derrotado en el rifirrafe dialéctico "desmontando sus excusas, que no cesan", y que eso no augura nada bueno.

Primero, porque los 123 del PSOE y los 42 de Unidas Podemos es verdad que no dan la mayoría para sacar adelante las políticas que se pacten. El hecho de tener que acordar con otros grupos todas las iniciativas legislativas es el primer factor desestabilizador. Pero no le más importante, porque el segundo motivo es que si una cosa nace torcida, no hay quien la enderece. "Ya les pasó con los Presupuestos, que los firmaron y luego no los querían sacar", explica una fuente parlamentaria.

En todo caso, el entorno más cercano del secretario general insistía en que la explosión con la que cerró Iglesias su tercera intervención -"no nos pisará ni humillará nadie... y si no llegamos a un acuerdo es muy posible que usted no sea presidente nunca"- no era una ruptura. "Echenique y Calvo siguen hablando... y Pablo y Pedro también, las líneas siguen abiertas", insistían las citadas fuentes.

¿En qué basan su empeño en el optimismo? En que la formación morada no quiere dejar pasar la ocasión de que haya un Gobierno "de verdad de izquierdas". La oportunidad es única, jamás dada en los 40 años de democracia, y ellos creen que lo han sabido leer desde el principio: "Renunciamos de inicio a los ministerios de Estado, ni lo utilizamos como baza negociadora", explicaba una de las personas con más mando en el partido de Iglesias. "Sabíamos que eso le hacía más fácil al PSOE aceptar nuestra entrada en el Ejecutivo, pero nos han ido diciendo que no a todo".

Pedro Sánchez se dirige a Pablo Iglesias durante su sesión de investidura en el Congreso. Efe

Ese "a todo" lo explica la citada fuente con la última oferta de los socialistas, una vez levantado "el último escollo, como ellos decían, el de la presencia de Pablo en el Gobierno". Ministerios huecos, de nueva creación y subordinados a los ya existentes, en manos del PSOE. En Unidas Podemos sienten que Sánchez "quiere los votos de los 42 escaños gratis, y así no", porque eso significaría estar de pegote, "de decoración, son competencias, sin poder hacer política". 

"Parques y jardines"

Y es que, siempre según este alto dirigente de Podemos, "no nos ofrecen ningún ministerio, ninguno". Y con eso se refiere a "ninguno de los que ya existen, hazte la idea de que nos ofrecen la cartera de Parques y Jardines".

Es decir, que en las conversaciones entre Echenique y Calvo, despejado ya que Podemos no toque Defensa, Interior, Justicia, Exteriores o Economía, y descartado que haya un solo miembro de la dirección de Iglesias en niveles secundarios de esas carteras, todo se centra en las políticas sociales.

"Pero entonces hablamos de competencias en Empleo y nos dicen 'no'; planteamos lo que tiene que ver con la justicia fiscal", es decir, con las subidas de impuestos, "y nos dicen que ahí tampoco podemos entrar". Y por último, "introducimos el asunto de la transición ecológica y energética y nos contestan que de eso no se habla".

Pablo Iglesias aplaudido por su grupo en el Congreso. Efe

¿Y la vicepresidencia para Irene Montero? "Es que eso es tan absurdo...", contesta esta fuente. "Un cargo bajo el nombre en una tarjeta de visita, una vicepresidencia sin contenido ni responsabilidades". Para entendernos, como la que Zapatero le dio a Manuel Chaves cuando tuvo que sacarlo de la Presidencia de la Junta de Andalucía, ya cercado por el escándalo de los ERE.

Y por ahí, por los ERE de Andalucía, viene una de las razones por las que Podemos quiere llegar ya a un acuerdo. Y va a insistir. Porque la primera sentencia del caso se espera para la vuelta de verano. Y la formación morada no quiere mancharse con ella sellando un acuerdo en ese momento. Y menos aún llegar a unas segundas elecciones en un ambiente enrarecido por las condenas a la milmillonaria corrupción del PSOE, la sentencia del procés -que fuentes judiciales confirman para finales de septiembre o principios de octubre-, la Diada, el 1-O, la Fiesta Nacional del 12 de Octubre...

"En ese ambiente sería dificilísimo llegar a un acuerdo", explican fuentes parlamentarias del grupo confederal, "y sería aún peor ir otra vez a las urnas, así gana Casado".