Pedro Sánchez está a punto de perder su gran baza electoral: la exhumación de Francisco Franco. Realizados los cálculos y testadas las posibilidades jurídicas de la familia, el Gobierno asume de puertas hacia dentro que es casi imposible desenterrar al dictador antes de las próximas elecciones generales, que se celebrarán el 28 de abril. "Lo más probable es que no lleguemos a tiempo", reconocen las fuentes del Ejecutivo consultadas por este diario.

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El presidente socialista exteriorizó su proyecto para el Valle de los Caídos poco después de ser investido. Más tarde reconoció haber "pagado la novatada" y fue posponiendo la meta que se marcó. Primero "julio", luego "marzo", y ahora... Quizá no ocurra. "Iremos a las elecciones habiendo hecho todo lo posible desde un punto de vista político, pero la decisión estará vinculada al Tribunal Supremo", confiesa un portavoz autorizado.

La carrera de obstáculos es la siguiente: el Gobierno -este viernes 15 de febrero- acaba de ordenar la exhumación y ha dado quince días hábiles a los Franco para indicar un nuevo lugar de destino que no sea la cripta de la catedral de La Almudena -por temor a los disturbios públicos-. Por tanto, la decisión queda automáticamente retrasada hasta el 8 de marzo.

Ese día, según establece la ley, el abogado de los Franco, Luis Felipe Utrera Molina, dispondrá de dos meses para interponer un recurso ante el Tribunal Supremo. De ahí que la culminación de la exhumación pueda retrasarse hasta el 8 de mayo. ¿Y si el Gobierno procede antes de que el TS revele si aplica la suspensión cautelar?

"Técnicamente, el presidente podría hacerlo, pero no es probable", narran las fuentes consultadas. "En la respuesta al primer recurso que plantearon los Franco, una de las magistradas ponentes avisa al Ejecutivo de que no le conviene actuar sin que se haya postulado el Supremo", detalla este portavoz.

O dicho de otra manera: si Pedro Sánchez desentierra al dictador antes de que la magistratura haya confirmado si concede a los Franco la cautelar, el Gobierno se arriesgaría al ridículo. La Justicia podría permitir que el cuerpo del que se hizo llamar caudillo regresara de nuevo al Valle de los Caídos.

Por tanto, el albacea de la familia tiene la pelota en su tejado. Y ya ha advertido en los medios de comunicación de que hará todo lo que esté en su mano para bloquear al Gobierno. Un nieto del dictador, en conversación con este diario, reta: "Ni siquiera contemplamos la posibilidad de que la exhumación tenga lugar".

Sánchez abordaría la previa de las elecciones con ese dilema: exhumar y arriesgarse a la catástrofe o esperar y jugársela en las urnas. El Ejecutivo, consciente de que "es más probable" lo segundo que lo primero, ya trabaja en un argumentario que explique por qué no ha cristalizado la medida que revestía todo su proyecto.

"Cuando llegue el momento de votar, el gesto político estará hecho. Si no se ha exhumado, dejaremos claro que no habrá sido por nuestra falta de voluntad", defienden los socialistas. Incluso podrían ofrecer esta "tarea pendiente" como un reclamo electoral para su permanencia en Moncloa.

También son conscientes de que el fracaso se tornaría un bumerán. PP y Ciudadanos evidenciarían la ineficacia de la gestión de Sánchez y Podemos diagnosticaría tibieza. Si el PSOE alcanza el 28 de abril con Franco dentro de Cuelgamuros, podría desmovilizar a parte de su electorado más izquierdista, que acogió esta medida con entusiasmo.