Podemos ha celebrado las cifras de participación en sus primarias para elegir a Pablo Iglesias como candidato a presidente del Gobierno. El proceso de elección se puso en marcha cuando la dirección del partido dio por "muerta" la legislatura tras denunciar la "falta de iniciativa" e incluso de "interés" de Pedro Sánchez para sacar adelante los Presupuestos. Y se ha cerrado con solo un 12% de participación.

Ahora, tras la reunión de Sánchez con Quim Torra en Pedralbes y el Consejo de Ministros de este viernes en Barcelona, las cosas han cambiado. Pero, a pesar de que casi 7.000 votantes no apoyaron al líder pese a que no había lista contraria, se puede decir que Iglesias es el primer líder político en ser elegido formalmente cabeza de cartel.

Finalmente, han sido 60.038 los militantes que han participado -de un censo total de 498.259 inscritos- en unas primarias que, en realidad, eran de pega. No había más lista que la llamada "Sí se puede" de Iglesias. A falta de competencia, admiten fuentes internas, se da por bueno que haya habido una movilización equivalente a la de las elecciones de 2015.

Pero lo cierto es que el acelerón de última hora en la estimulación del voto pudo salvar el dato... y la validez del proceso, cuyo umbral está en el 10% del electorado, o el 20% de los "inscritos activos" -es decir, 268.158 personas- o el 30% de los "inscritos verificados" -aquéllos que han respondido a un proceso de comprobabción con el partido-. A falta de cuatro horas para el cierre, la dirección celebraba públicamente haber pasado de 50.000 votos, la frontera que habría marcado el fracaso y la nulidad de todo.

Son sólo 218 votantes más que los que Podemos dio como cifra oficial hace tres años -59.820-, en la primera cita con las urnas nacionales del partido. Y esto viene a confirmar el estancamiento -cuando no la caída- en la capacidad de movilización del líder, Pablo Iglesias.

Ni siquiera la cercanía con el poder de la Moncloa, la aprobación del Salario Mínimo de 900 euros o los compromisos arrancados a Sánchez en materias de dependencia, feminismo o Memoria Histórica han servido a Podemos para recuperar aliento.

Quizá la cercanía con el independentismo -esta semana, En Comú Podem votó con la CUP, ERC y PDeCAT una moción que calificaba de "antidemocrática e insolidaria" la Constitución Española- no sólo le haya hecho daño al PSOE, sino también a Podemos. Íñigo Errejón, al menos, así lo cree: "Puede que no esté desconectado el 2-D de aquella imagen en la que una compañera de Podem quitaba banderas españolas en el Parlament".

La campaña más intensa

Las primarias se han celebrado entre el 15 y el 20 de diciembre. En este tiempo, Podemos ha tratado de animar a su militancia a participar con todo tipo de técnicas de comunicación y persuasión. Vídeos publicados en Twitter por parte de sus líderes, mensajes a los seguidores en la red Telegram y, sobre todo, la más polémica: la carta fake del expresidente José María Aznar pidiendo #noVotar a las bases de Podemos "porque sin vosotros España va bien". Esta iniciativa se topó con enormes críticas en Twitter de parte de los propios seguidores de Podemos, que la tacharon de "infantil".

El Consejo Ciudadano Estatal del pasado 23 de noviembre, hace menos de un mes, creía acabada la capacidad de Podemos para seguir presionando al PSOE para llevar las cuentas públicas al Congreso. Entonces, fuentes de la dirección del partido responsabilizaron de la situación de "incertidumbre e inestabilidad histórica en España" a la "negativa de los partidos independentistas" de apoyar los Presupuestos, y la falta de impulso por parte del Ejecutivo. Ahora, el escenario es distinto -otra vez- y Podemos se felicita de que la "reunión de Torra y Sánchez" abra la puerta a que "ahora nos incorporemos otros partidos" y "mantener viva la mayoría de la moción de censura".

Las voces críticas

Pero es cierto que estas primarias se han desarrollado en medio de enormes críticas internas. El ala Anticapitalistas de Teresa Rodríguez y Miguel Urbán exigió paralizar el proceso. Y un grupo de senadores y líderes regionales presentó este jueves una impugnación por "mala praxis" y "flagrante vulneración del derecho de asociación". Alegaban que hasta 91 personas quisieron presentarse a las primarias y que sólo se le permitió hacerlo a la candidatura de Iglesias.

Errejón, minutos antes de intervenir en un desayuno informativo. ADP

Otra de las voces críticas, expresada en tono bajo pero muy autorizada, ha sido la de Íñigo Errejón. El ex número dos del partido hace su propia campaña camino de la presidencia de la Comunidad de Madrid, alejada de los focos de Iglesias lo más posible. Hasta el punto de que se ausentó conscientemente del último cónclave público de Podemos, la reunión del grupo Rumbo 2020. Una especie de "gobierno en la sombra" que citó este lunes en Madrid a los dirigentes más importantes del partido morado y de todas sus confluencias: Izquierda Unida, Equo, En Marea...

Así, este jueves, mientras el resto de caras conocidas de Podemos amartillaban a sus seguidores en Twitter y Telegram con mensajes para pedir el voto para Iglesias, el fundador del partido marcaba territorio con un mensaje en la red social en el que recordaba los tiempos en los que Podemos no iba de la mano de IU y concitaba más votos de indignados que de la izquierda de toda la vida. "Hemos perdido la transversalidad", admiten fuentes cercanas al ex número dos.

Errejón se inspira en aquello para su "primavera de remontada", rescatando, entre otras cosas, la bandera española para Podemos. Para alejarse de la "alerta antifascista" -el mismo Errejón ha dicho que "en Andalucía no hay 400.000 fascistas, vayamos a las causas"- y para recuperar a los votantes que se fueron: un millón el 26-J y otros 300.000 el 2-D.