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Las claves

El actor y director Sergio Peris-Mencheta ya ha colocado su nombre en la placa de la escultura de Melpómene, tras recibir el premio del Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier, de manos del director del certamen y concejal de Cultura, David Martínez.

El galardón lo recibió este domingo por la noche y consiste en una escultura, obra del artista Manuel Páez, que representa las artes escénicas en forma de musa.

“Aquí he estado con vosotros haciendo Julio César, aquí he estado también como director y esta es la cuarta ocasión que vuelvo. Pero, sobre todo, aquí, en una de estas butacas, me senté yo, en 1978, viendo La venganza de Don Mendo. Tenía tres años, no me enteraba de nada, pero aquello se me quedó grabado. Para mí, el principio de todo fue aquí, en este teatro", tal y como subrayó el actor y director.

“Es muy difícil montar un festival de teatro y mucho más mantenerlo durante 56 ediciones. Mi enhorabuena al equipo, a los técnicos y, sobre todo, al público, por seguir viniendo a escuchar historias que creo que siguen siendo necesarias".

Sus palabras arrancaron una de las grandes ovaciones de una noche cargada de simbolismo porque Sergio Peris-Mencheta no llegó de vacío a la turística localidad del Mar Menor porque estaba presente en el certamen, como director- Blaubeeren: una obra incómoda, necesaria y profundamente humana que demuestra que el teatro sigue siendo capaz de remover conciencias sin recurrir al artificio.

De esta forma se inauguró la programación teatral en un marco incomparable como el Auditorio Parque Almansa. La obra Blaubeeren es una producción de Barco Pirata, basada en el texto de Moisés Kaufman y Amanda Gronich, finalista del Premio Pulitzer de Teatro en 2024, y como no podía ser de otra forma, no decepcionó al público asistente.

Más programación

El certamen sigue esta semana, con el espectáculo musical: 'Hinotori, las alas del Fénix', este martes, a las 22.30 horas, en el Auditorio Parque Almansa, con una entrada de 20 euros.

Esta producción celebra la trayectoria y la vitalidad de una compañía que lleva más de tres décadas recorriendo los escenarios de todo el mundo. Su nombre, inspirado en el ave fénix, simboliza el renacimiento, la energía inagotable y la pasión que los percusionistas de Yamato transmiten en cada interpretación.

Más que un concierto, la propuesta es una impactante demostración de fuerza, resistencia y precisión. Los tambores taiko de mayor tamaño pueden alcanzar los 500 kilos de peso, y sus músicos se preparan como auténticos atletas de élite para sostener durante casi dos horas una intensidad arrolladora.