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Las claves

El presidente de la Región de Murcia, Fernando López Miras, ha pregonado el Festival Internacional del Cante de las Minas, ensalzando este evento como “la referencia universal del flamenco” que nació “de la memoria de un pueblo”.

El festival se prolongará en el antiguo mercado de La Unión hasta el próximo 8 de agosto, consolidado como referente del arte jondo en sus cuatro grandes disciplinas: cante, baile, guitarra e instrumentación flamenca.

De hecho, el Gobierno de España ha reforzado su proyección con la declaración de esta 65ª edición como acontecimiento de excepcional interés público: el máximo reconocimiento previsto para los grandes eventos culturales del país.

El pregón de López Miras estuvo acompañado por las actuaciones de la guitarrista lorquina Mercedes Luján y del cantaor cartagenero Antonio Ayala ‘El Rampa’, los cuales intercalaron sus interpretaciones con la intervención del jefe del Ejecutivo autonómico.

El presidente de la Región de Murcia puso en valor que el Cante de las Minas “no puede entenderse únicamente como un festival flamenco”, sino que es “el homenaje permanente a quienes dejaron en La Unión su esfuerzo y, en demasiadas ocasiones, también su vida”.

López Miras considera que el festival “emociona incluso a quien llega por primera vez a La Unión” porque es “la demostración de que una tierra puede transformar el sufrimiento en belleza”, en alusión al pasado minero de La Unión y que dejó un legado “mucho más valioso” que el mineral, como fue “el cante”.

"Cuando las vetas comenzaron a extinguirse, permanecieron vivas una manera de sentir, una forma de cantar y una identidad que ninguna crisis, ningún cambio de época y ningún paso del tiempo han conseguido borrar”.

Todo ello, de la mano de figuras que sentaron las bases del flamenco minero y del festival, como por ejemplo, Antonio Grau Mora, ‘Rojo El Alpargatero’, así como al papel que desempeñaron sus cafés cantantes en las localidades de La Unión y Cartagena.

“Fueron mucho más que unos locales donde acudir a escuchar música: eran auténticos lugares de encuentro en los que coincidían los grandes artistas de la época con los aficionados, con los mineros, con quienes acababan de terminar la jornada o con quienes llegaban atraídos por la extraordinaria actividad de esta cuenca minera", según recalcó López Miras.

"Entre aquellas paredes, el flamenco creció, se escuchaba, se discutía, se aprendía y, sobre todo, evolucionaba".