Sevilla

El Ayuntamiento de Sevilla cada vez está más cerca de borrar del mapa de la ciudad El Vacie, el poblado considerado más antiguo de Europa. Acabar con la cara más marginal de la capital andaluza, con el realojo de sus vecinos, ha sido el objetivo desde hace años de distintos alcaldes. Incluso el de Francisco Franco, que lo visitó en 1961.

Su surgimiento no está bien definido, aunque crónicas de la época lo sitúan alrededor de 1932 cuando empezaron a instalarse allí familias de origen trashumante. Concretamente, se ubica en una zona cercana al cementerio de San Fernando, en la barriada Los Príncipes-La Fontanilla del distrito Macarena.

Muchos vecinos que continúan viviendo allí, como Paco y su familia, no ven el momento de poder abandonarlo, salir de esa situación de exclusión social y tener unas condiciones más dignas. Llevan 30 años malviviendo en esta zona insalubre y, en muchas etapas de su existencia, insegura. "La ilusión de poder salir de aquí es tremenda, enorme".

Paco es el patriarca de su familia, compuesta por ocho hijos y varios nietos. Con él y su mujer, Sagrario, conviven en una chabola tres hijos, uno de sus yernos y dos nietos. Los pequeños tienen tres años y ocho meses. El resto de sus vástagos también residen en el asentamiento, excepto dos de ellos. Uno está en un centro de internamiento y otro en un piso donde lo realojó el Ayuntamiento, una suerte que Paco espera correr en breve.

Hace unos diez años vivían allí más de 900 personas, una gran parte de ellos menores, pero en el último lustro ha ido menguando tanto en número de chabolas como de casas prefabricadas. Desde hace unos años el Ayuntamiento comenzó a derribar las que se iban quedando vacías y a colocar macetones de hormigón con el fin de que no se volvieran a construir.

En 2016 el Consistorio anunció el empleo de 4,35 millones de euros de fondos europeos, dentro de la estrategia Dusi, para regenerar la zona. Un cartel gigante lo especificaba en los alrededores del poblado.

Una imagen del poblado chabolista conocido como el Vacie. Fernando Ruso

Pero el Ayuntamiento prefiere trabajar en silencio. De hecho, lo aprobado recientemente por la Gerencia de Urbanismo, para iniciar los trámites de la contratación de obras de demolición por 130.000 euros, es un paso más dentro de su plan de erradicación. No es la primera vez y no se trata de un nuevo anuncio de demolición total sino de un contrato marco para realizar intervenciones cuando sea necesario, han informado a EL ESPAÑOL fuentes municipales.

El objetivo es seguir derribando estas infraviviendas a medida que se vayan quedando vacías. Pero no es fácil, porque una casa en el Vacie es un recurso valioso cuando no se tiene otra cosa. Desde el Consistorio no quieren dar fechas de su fin -tampoco la saben- ni cifras de las familias que continúan allí.

Un cambio sustancial

Sí reconocen que hace un año había unas 120 viviendas y que en la actualidad el cambio es sustancial. "Se ha evolucionado bastante, pero la Covid 19 ha frenado el ritmo deseado", aseguran estas fuentes.

Un numeroso equipo de Bienestar Social del Ayuntamiento de Sevilla está tras la solución de este problema y muchos vecinos ya han sido realojados en distintas zonas de la ciudad. Para este proceso hay varias fórmulas, dependiendo de las circunstancias de cada familia, pero normalmente se ofrecen viviendas en alquiler social. En casos extremos son gratuitos.

Paco, el patriarca de esta familia, es portugués de un municipio a unos 70 kilómetros de Lisboa y ha vivido casi toda la vida en chabolas. Llegó a Sevilla cuando tenía ocho años -hoy tiene 54- y primero estuvo en la zona de Chapina, que fue derribada por las obras de la Expo 92. "Cuando yo llegué habría unas 300 casas y ahora quedarán 100", asegura en conversación con EL ESPAÑOL.

Su chabola cuenta con electricidad, agua, cuarto de baño y cocina, pero está en muy malas condiciones. "Estos días de lluvia son horribles porque está todo humedecido, viven dos niños pequeños con nosotros y yo no estoy bien de salud". Paco es diabético, hipertenso y tiene problemas de espalda. Su mujer, además, padece de nervios.

Se ha dedicado toda su vida a la chatarra como sus hijos en la actualidad y en lo que va saliendo, aunque el coronavirus ha sido un impedimento en los últimos ocho meses. No obstante, en la actualidad Paco trabaja como auxiliar de guardia de seguridad en el conjunto modular donde los técnicos de la delegación de Bienestar Social prestan sus servicios. 

Mantiene la esperanza

"Yo tengo la esperanza de que mi realojo llegue pronto. Todos tenemos los mismos derechos, pero no puedo pagar un alquiler alto". Lo ideal, remarca Paco, sería una vivienda en propiedad y pagar ellos la luz y el agua para que no les puedan echar, una situación que el Ayuntamiento no contempla.

Por su parte, el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, anunció el pasado mes de marzo, antes de la declaración del primer estado de alarma, que en su lugar se iba a construir un parque público tras su desaparición. "Será pronto", advirtió antes de que la Covid hiciera presencia oficial.

Otra imagen del poblado chabolista. EP

Aunque aún no se ha podido erradicar en su totalidad, muchos vecinos ya han sido realojados y sí se han dado pasos importantes en todos estos años. Entre ellos, los planes de escolarización de los menores, actuaciones para dotar de luz eléctrica y agua a sus vecinos, la llegada de servicios como el de correos o la actualización de su censo.

Mientras tanto, Paco ve su vida pasar entre su trabajo para mantener a su familia y los ratos en los que se sienta a descansar en la puerta de su chabola. No obstante, mantiene la esperanza de que conocerá cómo se vive en un piso con unas condiciones más dignas. "El Ayuntamiento lo está haciendo poco a poco", señala este patriarca portugués, y él cree, tras 30 años, que ya se aproxima el final.

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