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La Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias de la Junta de Andalucía ha puesto en marcha el Programa de Atención a la Enfermedad Crónica del Tejido Adiposo en Niños, Niñas y Adolescentes en los Servicios Sanitarios (Programa ÓrbiTA)', que busca abordar como enfermedad crónica la obesidad infantil.

Todo ello partiendo de la base que los niños y adolescentes andaluces están entre los más obesos de Europa.

En concreto, en la comunidad un tercio de los menores, un 35,6%, tiene sobrepeso, por lo que se constituye como un reto de salud pública de primer orden para la Junta de Andalucía.

Al abordar la condición como una enfermedad crónica, el programa busca eliminar la culpa y el estigma social que con frecuencia sufren los menores.

En las intervenciones sanitarias se evitan planteamientos centrados exclusivamente en el peso y se prioriza la mejora sostenible de hábitos y la prevención de trastornos de la conducta alimentaria involucrando a todo el núcleo familiar como unidad terapéutica.

La detección de esta enfermedad crónica del tejido adiposo en niños se realizará fundamentalmente durante las revisiones habituales de salud infantil a partir de los 2 años, aunque también podrá iniciarse en cualquier consulta cuando exista sospecha clínica.

Una vez identificado un posible caso, se garantiza una consulta específica en un plazo máximo de 15 días y un acompañamiento que se materializará con un plan individualizado acordado con cada familia y un seguimiento estructurado durante un periodo de hasta 18 meses.

El principal avance en el protocolo es el enfoque médico de esta patología.

En concreto, el Plan ÓrbiTA redefine la obesidad infantil tradicional, no simplemente como un problema estético o de peso, sino bajo su denominación científica y clínica precisa: una enfermedad crónica del tejido adiposo, es decir, una alteración persistente que afecta al tejido graso del organismo.

Sin un tratamiento adecuado, esta patología en edades tempranas aumenta el riesgo de desarrollar insulinorresistencia, diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares a futuro, entre otro tipo de enfermedades.

Protocolos modernizados

Andalucía estrenó su protocolo de actuación contra esta enfermedad con el Plan Integral de Obesidad Infantil 2007-2012, que buscaba aunar esfuerzos para dar respuesta a un problema de salud pública que ha cobrado protagonismo con el paso de los años.

Desde entonces, los protocolos se han ido modernizando en función de la progresión de la enfermedad.

El Plan ÓrbiTA representa la actualización renovada del Protocolo de atención al sobrepeso y a la obesidad infantil en Atención Primaria de Salud del Plan de Obesidad Infantil de Andalucía y dará una respuesta asistencial multidimensional.

Ello supone un salto cualitativo en la conceptualización de la obesidad infantil privilegiando una perspectiva de prevención e identificación precoz: la atención a las señales de alerta, la confirmación diagnóstica, el consejo básico, la intervención avanzada y las necesidades de transición a la vida adulta.

Una de las principales pandemias

Actualmente, la obesidad infantil está catalogada como una de las principales pandemias actuales en el mundo. Según el último informe de Unicef, uno de cada diez menores en el mundo tiene obesidad, superando por primera vez a aquellos con peso insuficiente.

La incidencia de esta patología crónica, además, no es homogénea: tiene un mayor impacto en familias con menor nivel de ingresos y estudios, convirtiendo a la obesidad en un indicador de desigualdad social.

Por lo tanto, no debe entenderse como un desequilibrio entre la ingesta y el gasto calórico, sino como una enfermedad crónica, compleja y recidivante del tejido adiposo.

Para garantizar el éxito de ÓrbiTA, el sistema sanitario de Andalucía, a través de entidades como la Escuela Andaluza de Salud Pública, imparte formación específica orientadas al abordaje integral de la enfermedad crónica del tejido adiposo en la infancia y adolescencia, capacitando a médicos, enfermeros y trabajadores sociales bajo este nuevo paradigma metabólico.

Esta formación específica comenzará el 21 de octubre de manera que el programa iniciará su despliegue progresivo en los centros de salud de las ocho provincias durante el primer semestre de 2027.

Las principales novedades del Programa ÓrbiTA giran en torno a la renovación de los enfoques diagnósticos, la hoja de ruta asistencial, el seguimiento estructurado y los criterios de éxito.

También se actualizan las instrucciones para las derivaciones a especialidades, el abordaje de familias no colaboradoras y la identificación de pacientes de riesgo.

En materia de asistencialidad, se propone un circuito coordinado para que el paciente y su familia no sufran interrupciones en su tratamiento, siendo Atención Primaria el eje. La intervención, diseñada para un trabajo continuado de 18 meses, es escalonada, precoz e intensiva.

Las nuevas medidas

Aquellos casos que presenten complicaciones metabólicas o marcadores de riesgo severos son derivados a especialistas en endocrinología pediátrica, nutrición, salud mental y otras subespecialidades, manteniéndose el seguimiento desde Atención Primaria.

Este nuevo protocolo asistencial para la obesidad infantil introduce un cambio de paradigma: redefine el papel del Índice de masa corporal (IMC), siguiendo las últimas recomendaciones nacionales e internacionales.

Con la aprobación del programa, el IMC deja de considerarse un criterio diagnóstico y pasa a ser una herramienta de cribado poblacional.

Por lo tanto, el diagnóstico se basa en la identificación de un exceso de tejido adiposo con repercusión en la salud del paciente. El cribado, por lo tanto, se establece mediante el cálculo del IMC de forma universal dentro del Programa de Salud Infantil, anual a partir de los dos años en niños y adolescentes con factores de riesgo definidos en el programa, y oportunista en cualquier acto clínico.

El éxito de la intervención no se define únicamente por la reducción del IMC. Se consideran criterios de éxito la estabilización ponderal adecuada a la edad, la mejora de las comorbilidades previas, la adquisición y el mantenimiento de hábitos saludables, la adherencia familiar al programa y la mejora de la calidad de vida del paciente con obesidad infantil.