La puesta de sol vuelve a marcar el final de una de las citas más singulares del calendario andaluz.
Este domingo han concluido la 181 edición de las Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda, un acontecimiento declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional, que durante seis jornadas ha transformado la playa sanluqueña en un verdadero hipódromo natural.
Dos ciclos de tres días cada uno impregnados de competición y ocio.
Las cifras hablan por sí solas. Alrededor de 30.000 personas han presenciado las carreras a pie de playa, mientras que unas 60.000 han pasado por el recinto durante los seis días, según cuenta a EL ESPAÑOL José Manuel Romero, gerente del evento.
Las Carreras se han consagrado como una de las grandes citas del verano en Cádiz.
A ellas llegan turistas desde la provincia de Cádiz y de Sevilla principalmente, aunque también desde otros puntos de España, han convertido Sanlúcar en uno de los grandes focos turísticos.
Pero levantar este espectáculo sobre la arena tiene poco de sencillo. Es más, Romero asegura que es "el mayor reto".
El hipódromo desaparece en solo seis días, pero en su acondicionamiento hay que invertir "un millón y medio de euros" procedentes de patrocinadores privados, públicos, apuestas y la venta de entradas.
Este año, además, el precio de acceso al recinto durante el segundo se ha situado en 25 euros, cinco más que en ediciones anteriores.
El gerente lo explica como una decisión destinada "a contener la afluencia" y buscar un público más ajustado a la capacidad del recinto. Una cuestión "de oferta y demanda", pero también de equilibrio.
Cincuenta minutos entre carrera y carrera
Este año, la organización también ha querido reforzar la experiencia dentro del recinto.
Muchas de las novedades de esta edición han sido de carácter técnico, pero también se han ampliado los espacios de restauración en la zona baja con nuevas propuestas gastronómicas y atracciones para los más pequeños.
El motivo está en los tiempos muertos entre cada prueba. Unos 50 minutos separan una carrera de otra. Y esos minutos hay que llenarlos.
La apuesta es que el visitante no acuda únicamente a ver caballos, sino que encuentre dentro una experiencia completa: gastronomía, ocio y entretenimiento mientras espera la siguiente salida.
Es también una manera de "diferenciar la experiencia" de quien compra una entrada respecto a quien disfruta de las carreras desde la playa.
Un impacto económico de nueve millones
En torno a "nueve millones de euros" es el impacto económico que tiene el evento en la localidad gaditana según el último estudio que se realizó.
En cuanto a la afluencia de gente, esta es diferente dependiendo del ciclo.
Mientras que durante los tres primeros días, según la organización, alrededor de 6.000 o 7.000 personas diarias acuden al recinto, en el segundo, la cifra prácticamente se duplica, hasta alcanzar unas 12.000 personas al día.
Una de las razones en la diferencia de los números es la fiesta de después.
Los últimos días, el ambiente festivo tras la última carrera -que se alarga hasta altas horas de la madrugada- atrae a jóvenes de todas partes. Sin embargo, esto también tiene sus contras.
Uno de los grandes quebraderos de cabeza se produce en las inmediaciones del espacio, especialmente con la conocida botellona en una de las explanadas cercanas.
La gran afluencia posterior termina trasladándose al recinto, generando situaciones que, en alguna ocasión, han requerido la intervención policial.
Desde la organización reconocen la "dificultad" de controlar lo que ocurre fuera de sus instalaciones.
Su responsabilidad, explican, "está en garantizar la seguridad dentro del recinto; fuera, el control se escapa de sus manos". No obstante, reconocen y agradecen la "increíble labor" de las autoridades.
Tradición sin quedarse atrás
Mantener la esencia de las Carreras de Sanlúcar y, al mismo tiempo, hacerlas evolucionar es otro de los grandes desafíos.
La organización quiere encontrar un equilibrio entre conservar una tradición de 181 ediciones y ofrecer novedades suficientes para mantener el atractivo del evento.
Especialmente para los patrocinadores. Algunos llevan "más de dos décadas" vinculados a las carreras y mantener ese compromiso pasa también por conseguir que el espectáculo continúe siendo atractivo y actual.
Por ello, en los próximos años, el gerente imagina unas carreras que mantengan la misma imagen que las ha hecho únicas: los caballos corriendo sobre la arena mientras el sol se pone sobre el mar, pero con un recinto mucho más moderno.
Con la última carrera termina también una transformación que dura apenas unos días. El hipódromo se desmonta, las estructuras desaparecen y la playa recupera poco a poco su aspecto habitual.
