'La tierra que tembló volverá a temblar'.
Esta es una de las citas más reconocidas que refleja la idea de que aquello que ya ha sucedido puede volver a repetirse. Por ello, desde el municipio onubense de Isla Cristina, un grupo multidisciplinar de expertos estudian qué efectos puede tener un terremoto en los edificios y cómo minimizar los daños.
En los últimos días, Granado ha temblado a causa de seísmos de hasta 4,8 grados. El de Lisboa afectó especialmente a Huelva y el de Lorca se notó en varias zonas de Andalucía oriental.
Todos ocasionaron daños estructurales. Los temblores granadinos siguen en boca de muchos, pero hay quienes ya no se acuerdan de los otros dos.
En el caso del portugués "porque ya ha pasado mucho tiempo de este y tuvo efectos en la parte occidental de la comunidad, que tiene actividad sísmica pero con menor periodicidad".
Y en lo que respecta al murciano, a pesar de que no hace tanto tiempo de que ocurrió (mayo de 2011), hay quienes lo ven como si se hubiera dado en otro siglo.
Ahora, los recientes terremotos -primero en Venezuela y después en Colombia y Granada- han vuelto a poner el foco en la actividad sísmica española.
Beatriz Zapico, profesora del departamento de Estructura de Edificación e Ingeniería del Terreno de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla (US), es clara: "No hay que alarmar, pero se debe estar preparado y saber cómo actuar".
La docente es una de las investigadoras que está participando en un estudio piloto en el citado municipio onubense.
En él están colaborando mano a mano la Universidad de Sevilla, la de Huelva y el Ayuntamiento de la localidad costera.
El objetivo es extraer la información suficiente para, posteriormente, dotar al Consistorio de una guía con la que elaborar un plan de actuación.
Un documento diseñado para saber cómo afectaría un seísmo, qué carencias tienen los edificios y qué mejoras hay que hacer.
Pero la investigación no solo analiza qué daños puede ocasionar un terremoto y cuál es la forma de evitarlo.
Estudia también los efectos de un posible tsunami o inundación y cómo paliar la deficiencia energética.
El objeto de estudio están siendo las barriadas de posguerra, un tipo de infraestructura que se repite en muchas zonas de Andalucía y que cuenta con "una vulnerabilidad física y social".
En Sevilla, por ejemplo, este tipo de bloques de pisos están ubicados en zonas como la de Los Pajaritos, El Tardón o el Polígono Norte.
Según la experta, "la mayoría de estos edificios están construidos antes de 1974, año en el que entró en vigor la normativa europea para prevenir y reducir los daños de los edificios durante un terremoto".
Esto no quiere decir que en caso de seísmo se vayan a desplomar como ha pasado en Latinoamérica, no obstante, "hay que comenzar a actuar para que, de darse un terremoto, los daños sean mucho menores".
La clave está en saber cuáles son los puntos débiles de las infraestructuras para así, en el momento de hacer una reforma en ellas, de paso se mejoren algunos aspectos. "De esta forma se evitan daños mayores que acarrearían reparaciones muy costosas".
La palabra que toma mayor fuerza es "ductilidad". Es decir, que "el edificio sea capaz de disipar la energía que introduce el terremoto a través de pequeños daños muy distribuidos, en lugar de grandes daños en un solo elemento que puede llevar a colapso". Todos los elementos "deben trabajar juntos".
Además, habría que prestar especial atención a elementos no estructurales que, desprendiéndose, pueden causar daños, como cornisas u otros motivos ornamentales.
La profesora explica también la importancia de la disposición de las casas: "Los armarios tienen que estar sujetos a la pared, si hay un busto muy pesado no debe ir en una estantería alta".
O lo que es lo mismo, pequeños detalles que pueden marcar la diferencia.
Inundación
Para saber cómo actuaría Isla Cristina en caso de inundación, primero hay que saber cómo es su terreno. Un suelo "llano y blando".
Estas dos características afectarían durante un seísmo y un tsunami.
La falta de cuestas impediría evacuar a la población a una colina -por ejemplo- en el primero de los escenarios, mientras que la composición del terreno haría que las ondas sísmicas se notaran más en el segundo.
Zapico sostiene que, debido a estos factores, si se diera una inundación en la localidad onubense lo correcto sería "subir hasta la zona más alta de los edificios". Prohibido estaría también bajar a los garaje s a por los coches o a los trasteros.
Asimismo, subraya la "importancia de contar con un plan de evacuación".
Deficiencia energética
El último punto que se está investigando es la deficiencia energética y habitacional en las barriadas de la posguerra.
La arquitecta señala que en estos bloques "hay ancianos que viven en un tercer piso y no tienen ascensor y gente que no puede aclimatar sus casas en las diferentes épocas del año".
Por ello, entre las soluciones que se deben adoptar en futuras intervenciones se encuentran la de "implantar actuaciones de envolvente térmica".
Todas estas medidas preventivas "son extrapolables a otras zonas de Andalucía" puesto que este tipo de infraestructura se repite en más municipios de la comunidad.
Actividad sísmica en Andalucía
Andalucía es una comunidad "con actividad sísmica media".
Además, tal y como explica la experta, conviven dos tipos.
La parte oriental se caracteriza por registrar temblores de forma más periódica pero con menos potencia y la parte occidental episodios mucho menos frecuentes pero más fuertes.
Esto hace que los andaluces que viven en las provincias de Granada y Almería estén más concienciados sobre los terremotos, algo que no pasa entre los que habitan en el resto de territorios de la comunidad.
Es más, según Beatriz Zapico, Granada, la provincia que lleva temblando prácticamente desde el pasado sábado, registra "la peligrosidad más elevada" y Huelva "la media".
Aún así, recalca, la clave no es alarmar, sino estar preparados y saber cómo actuar.
