La confesión de José Luis Rodríguez Zapatero sobre la procedencia de las joyas halladas por la UDEF en su despacho de la calle Ferraz vuelve a poner el foco en las relaciones de España y Arabia Saudí tras el 11-S y con el contrato del AVE a La Meca de fondo.
Según la versión dada por Zapatero al juez José Luis Calama, las joyas, que fueron tasadas en 1,2 millones de euros, fueron un regalo personal del rey saudí Abdalá.
Si lo explicado por el expresidente al magistrado fuera cierto, Zapatero evitaría ser investigado por los delitos de contrabando y contra la Hacienda Pública al haber prescrito ambos.
Juan Carlos I, el rey saudí Abdalá bin Abdulaziz al Saud y José Luis Rodríguez Zapatero protagonizaron una etapa de estrecha relación entre España y Arabia Saudí marcada por los regalos y dádivas saudíes a ambos en la primera década del siglo XXI.
Los contactos dieron al Régimen un escaparate diplomático para blanquear su imagen tras el 11-S, mientras algunas de las grandes empresas españolas pujaban por construir el AVE entre Medina y La Meca.
En aquellos años, Arabia Saudí afrontaba el escrutinio internacional por sus vínculos con la amenaza terrorista de Osama bin Laden y su organización, Al Qaeda.
Las dos monarquías intercambiaron visitas oficiales y Madrid acogió una Conferencia Internacional para el Diálogo promovida por Abdalá, con el respaldo del Ejecutivo español liderado por Zapatero.
En 2007, Juan Carlos I concedió al monarca saudí el Toisón de Oro. Aquella visita vuelve ahora al primer plano: Zapatero ha asegurado al juez José Luis Calama que fue Abdalá quien le regaló las joyas encontradas durante el registro de su despacho en la calle Ferraz.
En 2009, el propio Zapatero viajó a Arabia Saudí con una carta de Juan Carlos I apoyando la oferta del conglomerado de empresas españolas que pujaban por el proyecto del AVE entre Medina y La Meca.
El consorcio obtuvo el contrato en 2011, pero la obra acumuló retrasos, reclamaciones económicas y sospechas sobre pagos a intermediarios.
Comisiones que llegaron a señalar al propio Juan Carlos I. El monarca recibió 100 millones de dólares de Arabia Saudí depositados en una cuenta suiza vinculada al entonces Rey.
La Fiscalía documentó la transferencia y cómo esos fondos fueron a parar, años más tarde, a Corinna Larsen a través de una empresa en Bahamas.
El aval de España
Arabia Saudí buscó mejorar sus relaciones diplomáticas en Occidente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Quince de los 19 secuestradores de los aviones eran saudíes y Osama bin Laden había nacido en el país.
La amenaza terrorista que atemorizó Occidente en los años siguientes también golpeó a Arabia Saudí. Al Qaeda atentó contra objetivos en Riad en 2003 y las autoridades saudíes emprendieron operaciones contra sus militantes.
Un año después, el terrorismo liderado por Bin Laden golpeó Madrid el 11 de marzo de 2004 dejando 193 fallecidos y más de 2.000 heridos, en el mayor atentado terrorista en España.
El régimen saudí trató de presentarse ante sus socios como aliado en la lucha antiterrorista y como interlocutor para los conflictos de Oriente Próximo.
España aportó a ese proceso de blanqueo internacional una relación política activa. Los Reyes, Juan Carlos I y Sofía, viajaron oficialmente a Riad en abril de 2006, acompañados por los ministros Miguel Ángel Moratinos (Exteriores) y José Montilla (Industria).
La Casa Real destacó en aquel momento los encuentros institucionales y económicos de la visita. Tras aquella visita Abdalá fue recibido con honores en Madrid en 2007, con José Luis Rodríguez Zapatero al frente del Ejecutivo.
El apoyo español dio al reino saudí un escaparate en un país europeo. Esa proyección alcanzó su expresión más clara en la Conferencia Internacional para el Diálogo celebrada en Madrid en 2008, presidida por Abdalá y Juan Carlos I con Zapatero presente.
La secuencia de actos aquellos años documenta el respaldo diplomático español a Arabia Saudí dentro de una elaborada operación de blanqueo que el régimen saudí trataba de llevar a cabo.
Los regalos a Zapatero
Abdalá viajó a España entre el 18 y el 20 de junio de 2007. Días antes el rey Juan Carlos I le había concedido al monarca saudí el Toisón de Oro, la más alta distinción de la Corona española.
La visita saudí a Madrid está en el foco jurídico después de que José Luis Rodríguez Zapatero asegurara este miércoles al juez José Luis Calama que fue el monarca Abdalá quien le regaló las joyas que fueron encontradas en su caja fuerte durante el registro de su despacho en la calle Ferraz.
El expresidente responde así, tres meses después de lo prometido, a la pregunta del magistrado de la Audiencia Nacional sobre el origen de los objetos encontrados en su caja fuerte.
Las joyas, valoradas en la primera tasación solicitada por Calama en 1,2 millones de euros, no fueron los únicos regalos del monarca a Zapatero en aquel viaje.
Abdalá le regaló también un reloj de sobremesa dorado con esmeraldas. A diferencia de las joyas, ese presente sí fue registrado oficialmente y entregado a Patrimonio Nacional.
Detalle del reloj con esmeraldas recibido en 2007 e incorporado a Patrimonio del Estado.
El reloj consta en el Acta de Recepción en el Patrimonio de la Administración General del Estado y Afectación al Ministerio de la Presidencia.
Durante los ocho años de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del Gobierno recibió otros dos regalos por parte de la monarquía saudí. Un reloj de sobremesa más en junio de 2008 y un obsequio catalogado como 'artesanía' en julio de 2008.
El segundo se lo entregó el entonces príncipe heredero saudí y hoy monarca, Salman bin Abdulaziz, y fue entregado a Patrimonio.
El tercer regalo, también donado al Estado, es una "representación de una escena en el desierto" con "palmera, jaima y figuras de personajes en oro y plata sobre base de jade", de acuerdo con la descripción del listado, y fue de nuevo un regalo de Abdalá.
Los otros dos obsequios de la monarquía saudí a Zapatero e incorporados a Patrimonio del Estado.
Conferencia para el Diálogo
Entre el 16 y el 18 de julio de 2008 se celebró en Madrid la Conferencia Internacional para el Diálogo, una cumbre organizada bajo el patrocinio de Abdulá y acogida por el rey Juan Carlos I.
El objetivo de este encuentro era reforzar los lazos entre Oriente y Occidente tras los atentados terroristas que golpearon a varios países, entre ellos España.
El monarca español ofreció un discurso en el que expresó su deseo de que aquel encuentro sirviera para avanzar hacia "un mundo que acabe para siempre con la inaceptable barbarie terrorista, que luche contra el hambre, la enfermedad y la pobreza, que sea respetuoso con los derechos del ser humano y que promueva la defensa del medio ambiente".
Los lazos entre España y Arabia Saudí se reforzaban año tras año y las figuras de ambos monarcas lideraban las relaciones políticas en cada movimiento.
El AVE a La Meca
La relación política entre España y Arabia Saudí aquellos años tuvo una vertiente empresarial millonaria: el tren de alta velocidad entre Medina y La Meca.
El reino saudí hizo pública la licitación en 2006 y, dos años después, convocó el concurso para la fase que incluía vías, trenes, puesta en servicio y mantenimiento.
Las grandes empresas españolas del sector se unieron con dos socios saudíes en el consorcio denominado 'Al Shoula'. Entre ellas estaban: Renfe, Adif, Talgo, Indra, OHL y Copasa.
El Gobierno y la Casa Real se implicaron en la candidatura para lograr que el conglomerado se adjudicara el millonario contrato.
En noviembre de 2009, José Luis Rodríguez Zapatero viajó a Yeda portando una carta de Juan Carlos I apoyando la oferta española. La gestión precedió en casi dos años a la adjudicación.
El consorcio se impuso a una propuesta francoárabe. Arabia Saudí aceptó la propuesta en octubre de 2011 y el contrato se formalizó en enero de 2012. El importe inicial del proyecto se cifró en 6.736 millones de euros.
España había logrado una obra de referencia internacional, pero afrontó el reto de llevar a cabo un proyecto con muchas complicaciones técnicas debido al complejo entorno en el que tenía que llevarse a cabo.
Las obras acumularon retrasos y reclamaciones por costes millonarios adicionales. El consorcio y la entidad ferroviaria saudí renegociaron los plazos y la inauguración se retrasó hasta septiembre de 2018.
La otra controversia afectó a las millonarias comisiones que Arabia Saudí pagó a los intermediarios del proyecto. La Fiscalía examinó un contrato de asesoramiento con la consultora Shahpari Zanganeh cuya retribución pactada, tras una modificación, rozaba los 96 millones de euros.
También identificó otro acuerdo de 120 millones con el príncipe saudí Abdulaziz bin Mishal. No fueron las únicas comisiones que afloraron; Juan Carlos I también fue señalado.
100 millones para Juan Carlos
En plena negociación por el contrato del AVE a La Meca se produjo una transferencia que años después abrió una investigación sobre Juan Carlos I.
El 8 de agosto de 2008, el Ministerio de Hacienda saudí ingresó 100 millones de dólares, equivalentes entonces a 64,9 millones de euros, en una cuenta del banco Mirabaud de Ginebra.
La cuenta pertenecía a la fundación panameña Lucum y su beneficiario real era el entonces Rey de España, según la Fiscalía.
El dinero permaneció bajo la estructura de Lucum hasta 2012. Ese año, el monarca ordenó transferir los activos de la fundación a una cuenta en Bahamas de Solare Investors, sociedad vinculada a Corinna Larsen.
Juan Carlos I comunicó al banco que se trataba de una donación irrevocable a quien había sido su pareja. El saldo total transferido fue de 65 millones de euros.
La sospecha de que los 100 millones constituían una comisión por el AVE llevó a investigar su origen. La Fiscalía española concluyó en 2022 que no había podido establecer ni siquiera un vínculo indiciario entre aquel ingreso y la adjudicación de 2011.
Por su parte, la Fiscalía de Ginebra archivó en 2021 la causa por presunto blanqueo relacionada con el recorrido del dinero al no reunir pruebas suficientes para formular una acusación.
El archivo de la causa no borró otros hallazgos. La Fiscalía española detectó rentas y rendimientos de Lucum que Juan Carlos I no incluyó en sus declaraciones tributarias.
Apreció posibles delitos fiscales, pero los consideró prescritos y cubiertos por la inviolabilidad del jefe del Estado en aquel momento.
El efecto institucional quedó a la vista en marzo de 2020. Felipe VI anunció que renunciaba a cualquier derecho que pudiera corresponderle sobre Lucum y retiró a su padre la asignación de la Casa del Rey.
El 3 de agosto de ese año, el ya rey emérito trasladó su residencia a los Emiratos Árabes Unidos con el objetivo de facilitar el ejercicio de las funciones institucionales de su hijo, el rey Felipe VI.
Las buenas relaciones de Juan Carlos no solo con Arabia Saudí sino con las demás monarquías de la región le permitieron encontrar una nueva residencia, en la que sigue hoy en día, y evitar la presión jurídica y mediática a la que estaba sometido.
