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Las claves

El eslogan Estat Català ha vuelto a recorrer Barcelona un 11 de septiembre. Y esta vez, no fueron las unidades paramilitares de los escamots, inspiradas en los squadristi de Mussolini, las que han hecho cabalgar la vieja divisa del independentismo.

Ahora es Silvia Orriols quien, al frente de Aliança Catalana, se ha adueñado del nombre que expandieron los "camisas verdes" el siglo pasado para reivindicar su aspiración de crear un estado.

La pancarta que portaron los líderes de Aliança en la Diada de este viernes lucía esas dos palabras: Estat Català.

Entre las habituales escenas de violencia y quema de banderas españolas con las que los separatistas adornan el 11-S, Orriols fue la gran protagonista de la jornada, crecida por las encuestas que la ubican como la fuerza hegemónica del independentismo, y segunda del Parlament, tras el PSC.

Bajo el eslogan "Estado catalán. Libre, próspero, seguro y occidental", ya había lanzado un dardo a Carles Puigdemont en la víspera de la Diada: "Nosotros no vamos a Ítaca ni a Suiza ni a Waterloo. Nosotros vamos derecho a una Cataluña libre".

Mientras el líder de Junts espera en Bélgica una amnistía que ya parece cercana, la alcaldesa de Ripoll, con su discurso abiertamente xenófobo e islamófobo, se ha convertido en la líder en auge que amenaza con tomar la bandera caída del separatismo.

45.000 personas

Lejos de las grandes exhibiciones de fuerza, la manifestación de este viernes convocó en Barcelona a unas 45.000, según la Guardia Urbana, bajo el lema "Hi soc. Hi som. Independència" (Estoy. Estamos. Independencia).

Son 17.000 manifestantes más que el pasado año, pero lejos de los 60.000 de 2024 y de los 115.000 de 2023.

La cifra está todavía más alejada del millón de personas que consiguió concitar el secesionismo en los años más tensos del procés.

El partido de Orriols se situó unos 50 metros por delante del grueso de la manifestación, dentro de la denominada columna Present.

Al frente, la alcaldesa llevaba los brazos y la barbilla cubiertos como consecuencia de unas quemaduras fruto de un reciente accidente doméstico.

En paralelo, las demás fuerzas del soberanismo trataban de exhibir sus diferencias y marcar un rumbo diferenciado al de Orriols.

El más contundente fue el presidente de ERC, Oriol Junqueras, para quien "la mejor manera de defender la patria es incluir a todo el mundo que quiera sentirse partícipe".

"La mejor respuesta es un proyecto integrador, inclusivo, garantizador de derechos y de igualdad de oportunidades", añadió, en un claro mensaje a Aliança Catalana.

El presidente catalán, Salvador Illa, también atacó los discursos ultras y aseguró que Cataluña no puede "permitir que nadie ponga en peligro la convivencia".

"En nuestra casa, el odio no tiene cabida. Cataluña es y quiere seguir siendo un solo pueblo", señaló, antes de elogiar la capacidad de acogida de Cataluña que, dijo, es "admirada" por hacer que personas procedentes de otros países se sientan "catalanes de pleno derecho".

Junts titubea

Las mayores dudas, como suele suceder, estuvieron en el espacio postconvergente.

Por un lado, el secretario general de Junts, Jordi Turull, hizo un llamamiento a no convertir la "revuelta de las sonrisas", que quiso representar el procés, en una "revolución del odio".

Sin embargo, el expresidente Artur Mas abrió la puerta a llegar a acuerdos con Aliança Catalana.

En una entrevista publicada este mismo viernes, cuestionó directamente la utilidad del cordón sanitario a la extrema derecha.

"Tenemos que preguntarnos si funciona hacerles un cordón sanitario. Se ha aplicado en muchos países de Europa y no ha evitado el crecimiento de estos partidos", manifestó.

Mas defiende que la democracia implica reconocer la legitimidad de las formaciones que cuentan con representación: "Si Aliança o Vox tienen representación en el Parlament, hay que hablar con ellos".

Quema de banderas

Lo que no cambia en la Diada es la quema de banderas españolas.

La manifestación principal, convocada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC), acabó con una bandera española en el escenario a la que le prendieron fuego tres encapuchados.

Ocurrió después del discurso del presidente de la ANC, Josep Vila, que permaneció en el escenario durante la quema de la bandera, en la plaza Cataluña de Barcelona.

Los asistentes aplaudieron la acción entre gritos de "independencia".

Antes, Vila había anunciado en su discurso que convocará una cumbre con las entidades civiles independentistas para preparar una "gran movilización" para la Diada del año que viene, cuando se cumplirán 10 años del 1-O, como "primer gran paso de un nuevo embate" para conseguir la independencia.

Pero poco después, Orriols recuperaba involuntariamente el protagonismo: al acabar los discursos en la plaza Cataluña, tuvo que abandonar la manifestación escoltada por agentes de los Mossos ante los insultos e intentos de agresión de otros secesionistas.

La escena muestra a un soberanismo fragmentado con una estrella en auge que promete recuperar unos eslóganes que acercan al separatismo a sus raíces xenófobas.