Publicada
Las claves

La escalada argumental del Ejecutivo de Ceuta frente al Gobierno central ha alcanzado una nueva dimensión este jueves tras la reunión del presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Después del encuentro, Vivas ha lanzado una dramática llamada de auxilio.

"Cada día que pasa es peor y aumenta el riesgo de que ocurra algo que nadie quiere que pase, o algo que sea irreversible y tengamos que lamentar profundamente [...] Este estrés no se puede aguantar durante mucho tiempo".

La situación de la ciudad fronteriza con Marruecos es crítica y, en sus palabras, "de máximo riesgo". Vivas ha argumentado que todavía quedan alrededor de 9.000 invasores en la ciudad, casi el doble de los 5.000 que el ministro ha reconocido.

Vivas ha justificado el desajuste argumentando que en la playa de El Trampolín se están dando 4.500 comidas al día; las asociaciones dan otras 3.000 en otras localizaciones y en los centros de menores se reparten unas 500 raciones.

El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, durante la rueda de prensa tras la reunión con el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Efe

"Si sumamos todo, da 8.000". Si a eso se le añaden las personas que "no acuden a estos recursos", la cifra podría subir a 9.000. El problema, según sugieren fuentes del gobierno ceutí, es que no hay datos reales, sólo estimaciones.

"Le he dicho al ministro que para nosotros la única solución, la única salida, es el retorno a Marruecos de todas las personas que llegaron con motivo de la invasión y que a día de hoy permanecen en nuestra ciudad", ha añadido Vivas.

Sin embargo, Marlaska, que esta mañana fue abucheado a su llegada a Ceuta, no le ha dado plazos.

"No me ha contestado cuándo volverá la normalidad, que es cuando hayan salido todas las personas que han entrado. Pero debe ser algo inmediato, ya que de lo contrario Ceuta no va a aguantar".

Y ha añadido: "La salida [de los inmigrantes] debe ser en un plazo perentorio, corto, muy corto".

De hecho, las fuentes consultadas por EL ESPAÑOL aseguran que el retorno está siendo extremadamente lento. "Este jueves, por ejemplo, se han vuelto 200 personas a Marruecos".

Más tajante se ha mostrado Juan Jesús Vivas sobre el destino de quienes hayan cruzado la frontera o quieran hacerlo en el futuro.

"Retorno a Marruecos. Ninguna regularización. Ningún asilo. Ningún traslado a la Península. Debe quedar absolutamente claro".

Esa filosofía, la de la no regularización, es, en sus palabras, "una condición necesaria para el presente y el futuro de Ceuta", fundamental para "no volver a vivir esta pesadilla" y para "desactivar la posibilidad de que la presión migratoria pueda utilizarse para desestabilizar Ceuta o para vulnerar su integridad territorial".

Por ello, Juan Jesús Vivas ha pedido que la ciudad autónoma tenga una situación de singularidad en la que se permita desestimar "las solicitudes de asilo desde el inicio del procedimiento".

Dicha excepcionalidad, según el mandatario ceutí, se puede conseguir "estableciendo la excepción como frontera terrestre de Europa en África [...] y suspendiendo el otorgamiento de asilo en la ciudad".

"Hay que reforzar esa visión de que Ceuta es un lugar donde no hay posibilidad de regularizar, de obtener asilo o de tener un traslado a la Península; eso se hace desestimando las solicitudes de asilo desde que se presenta la instancia".

Un grupo de ceutíes abuchea a Marlaska este jueves. EFE

"Le he pedido también que se apuren todas las posibilidades legislativas para facilitar el retorno de los que llegaron en la invasión a Ceuta y todavía permanecen en la ciudad y para generar recursos estructurales para que esta situación no vuelva a repetirse. Ceuta debe tener un tratamiento singular por la razón de la vulnerabilidad que se deriva de su situación fronteriza".

Marlaska tampoco ha reaccionado a esa petición. "No me ha contestado", ha confesado Vivas ante las preguntas de los periodistas.

La cautela de Vivas contrasta con el tono empleado horas antes por el ministro del Interior.

Este había llegado el jueves a la Delegación del Gobierno entre pitos, abucheos y gritos de "traidor", "cobarde", "Ceuta no se vende" y "Gobierno dimisión" de los ciudadanos, que se concentraron a las puertas del edificio.

Marlaska, a diferencia de Margarita Robles, que se acercó a los ceutíes, entró directamente en el complejo oficial y mantuvo después sus reuniones con el delegado del Gobierno y los mandos de la Policía Nacional y la Guardia Civil.

El ministro defendió que Ceuta avanza hacia una situación de "relativa normalidad", cifró en unos 5.000 los inmigrantes que todavía permanecen en la ciudad y descartó que exista una amenaza terrorista derivada de la entrada masiva.

Acto seguido, ha elogiado la cooperación con Marruecos, pese a que Vivas –al igual que la mayoría de analistas consultados por EL ESPAÑOL– lleva días cuestionando que Rabat desconociera la movilización que precedió a la invasión.

Marlaska anunció, además, otros 45 agentes de la Unidad de Prevención y Reacción para reforzar la seguridad ciudadana y 20 efectivos de la Brigada Central de Extranjería y Fronteras destinados a agilizar los trámites relacionados con inmigración y protección internacional.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, junto con el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, este miércoles. Europa Press

"Serán suficiente si los ceutíes se sienten seguros", ha dicho el dirigente ceutí sobre el aumento de efectivos.

El contraste con Robles

La visita de Marlaska a Ceuta se ha producido apenas 24 horas después de la de la ministra de Defensa, Margarita Robles, que dejó una imagen radicalmente distinta.

A su llegada al Palacio de la Asamblea, la ministra rompió el cordón de seguridad para acercarse a Pepi, una vecina que lloraba y sufría un ataque de ansiedad.

"Tengo miedo, vivo sola y nunca me he visto así", le explicó la mujer, que confesó que había llegado a dormir con un cuchillo por culpa del miedo. Robles se quedó junto a ella hasta que consiguió tranquilizarla.

La titular de Defensa empleó además uno de los discursos más contundentes pronunciados hasta ahora por un miembro del Gobierno, aunque nunca negó el presunto papel de las mafias en la avalancha migratoria de los pasados 30 y 31 de julio.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, este jueves en la base de Retamares. EFE

"Ni a Ceuta ni a Melilla se les toca; cualquier agresión a Ceuta y a Melilla es a España en su conjunto", afirmó antes de sentenciar que lo ocurrido "no puede volver a pasar".

Robles aseguró también que las Fuerzas Armadas permanecerán apoyando a Ceuta "el tiempo que sea necesario".

Vivas salió de la reunión con la titular de Defensa satisfecho. Al menos, en un punto.

Según explicó, Robles coincidió con él en que lo sucedido "no fue una crisis migratoria", sino un ataque contra la integridad territorial de España, y le garantizó que Defensa no escatimaría medios para proteger la frontera.

Un entendimiento que contrasta con el encuentro de este jueves con Marlaska, del que Vivas ha salido sin obtener el dato que considera fundamental: cuándo se marcharán los miles de inmigrantes que todavía permanecen en Ceuta.

La sucesión de visitas ministeriales no ha logrado, por ahora, rebajar la sensación de abandono que Vivas transmite desde el comienzo de la crisis.

Para el presidente ceutí ya no basta con reforzar policías, militares o medios materiales.

Su exigencia se ha reducido a una sola petición: que la ciudad vuelva cuanto antes al escenario anterior al 30 de julio. Y, según ha advertido este jueves, Ceuta no dispone de tiempo ilimitado para conseguirlo.