La extrema debilidad del Gobierno de Pedro Sánchez da pie a que Gianni Infantino le entregue la final del Mundial de fútbol de 2030 a Marruecos.
La batalla por albergar la final del Mundial de fútbol de 2030 ha dejado de ser una simple competencia entre estadios para ser una pugna geopolítica.
El partido que debe elegir quién relevará a la Selección española en el trono del fútbol mundial dentro de cuatro años ya forma parte de una operación política que mezcla las necesidades electorales de Infantino, la creciente influencia internacional de Marruecos y la pérdida de capacidad de presión del Gobierno de Sánchez.
The Times aseguró este miércoles que el presidente de la FIFA ha prometido a Marruecos la final del torneo a cambio de su respaldo para conservar el cargo. Una información que el organismo se ha apresurado a desmentir... como cada vez que se le ha pillado a su presidente en un renuncio.
Gianni Infantino atraviesa la mayor crisis de su década al frente del fútbol mundial.
Su propuesta para permitir que inversores privados adquirieran una participación en los negocios comerciales de la FIFA provocó una rebelión encabezada por la UEFA y abrió una fuga de apoyos a pocos meses de las elecciones presidenciales.
Marruecos aparece ahora como su principal refugio.
Rabat le mantiene su respaldo, controla una parte importante del voto africano y ofrece al dirigente suizo una estructura política y federativa cohesionada.
España, en cambio, llega a esta negociación enfrentada con algunos de los actores internacionales más próximos a Infantino y con pocos apoyos políticos incluso dentro del Viejo Continente.
El partido más deseado
España, Portugal y Marruecos serán los organizadores del Mundial de 2030, aunque no los únicos anfitriones. Argentina, Uruguay y Paraguay acogerán un encuentro cada uno como parte de la celebración del centenario del torneo, cuya primera edición se disputó en suelo uruguayo.
La FIFA confirmó la candidatura conjunta por aclamación en diciembre de 2024. Sin embargo, nunca atribuyó formalmente la final a ninguno de los tres organizadores principales. Esa decisión permanece abierta y depende, en último término, del Consejo de la FIFA.
El presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Rafael Louzán, proclamó en enero que el encuentro se disputaría en España. El Santiago Bernabéu se convirtió desde entonces en la apuesta preferida de la RFEF, por delante del Camp Nou.
Las palabras de Louzán expresaban una aspiración española, no un acuerdo cerrado. La propia FIFA recordó que la elección todavía no se había producido.
En los últimos días, fuentes federativas admiten ya una preocupación real ante los movimientos de Marruecos y el peso que ha ganado Rabat en los despachos.
Frente al Bernabéu, Marruecos levanta el Gran Estadio Hassan II en Benslimane, cerca de Casablanca. El recinto tendrá una capacidad prevista de 115.000 espectadores y ha sido diseñado con el objetivo declarado de acoger la final.
La crisis de Ceuta
El último deterioro de la posición española se ha producido en Ceuta. La entrada de más de 70.000 personas desde territorio marroquí desbordó durante varios días la ciudad autónoma, obligó a desplegar unidades militares y dejó más de un centenar de fallecidos.
Durante la crisis en Ceuta, Infantino viajó a Tetuán para asistir a la recepción por el 27º aniversario de la coronación de Mohamed VI. Fue el único invitado internacional sin rango diplomático que saludó al monarca en un acto que simboliza la relación del rey con sus súbditos.
Gianni Infantino saluda a Mohamed VI durante la celebración del 27º aniversario de la coronación del monarca marroquí
La crisis reveló de nuevo la vulnerabilidad de España ante el control migratorio ejercido desde el otro lado de la frontera. El Gobierno ha evitado acusar directamente a Rabat y defiende la colaboración de las autoridades marroquíes.
Esa posición ha provocado críticas dentro y fuera del Ejecutivo.
Sumar, socio minoritario de la coalición, ha registrado una iniciativa parlamentaria para revisar la organización conjunta del Mundial con Marruecos por su gestión migratoria y por las dudas sobre su respeto de los derechos humanos.
El movimiento tiene pocas posibilidades de alterar por sí solo la candidatura. Sin embargo, transmite una imagen de división institucional en un momento en el que los tres organizadores deben negociar el reparto de partidos, las sedes principales y el peso político de cada federación.
Marruecos cuenta con una estrategia de Estado. España presenta posiciones diferentes dentro del mismo Gobierno. Esa asimetría condiciona cualquier pulso ante la FIFA.
Ceuta también ha mostrado las dificultades de Sánchez para obtener una respuesta exterior alineada con sus intereses.
El presidente tuvo que solicitar una reunión de los ministros de Interior de la UE después de recibir críticas de varios gobiernos por la gestión de la crisis. Varios de los socios europeos criticaron a España y Marruecos quitó peso a su responsabilidad en todo lo ocurrido.
Gianni Infantino y Donald Trump sostienen la copa del mundo en la última final del Mundial de fútbol.
El eje Trump
La posición española resulta aún más delicada por el deterioro de su relación con Estados Unidos.
Donald Trump ha dirigido durante los últimos meses ataques públicos contra España por el gasto militar, la política de defensa y las discrepancias con Washington sobre Oriente Próximo.
En julio llegó a calificar a España como un "socio terrible" y ordenó verbalmente cortar el comercio, aunque la medida quedó, por el momento, en sólo una amenaza. El Gobierno español trató después de rebajar el alcance del enfrentamiento.
La relación de Trump con Marruecos se encuentra en el extremo opuesto. Washington reconoció durante su primer mandato la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental como parte del acuerdo que permitió la normalización de relaciones entre Rabat e Israel.
El presidente estadounidense ha reafirmado esa posición durante su segunda etapa en la Casa Blanca. Su Administración mantiene el plan de autonomía marroquí como la única base viable para resolver el conflicto, una decisión que concede a Mohamed VI uno de sus principales objetivos diplomáticos.
Infantino también ha construido una relación estrecha con Trump. Esa cercanía se reforzó durante el Mundial de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá y quedó expuesta de nuevo en el proyecto para privatizar parte de los negocios de la FIFA.
La operación contemplaba la creación de FIFA Forward Enterprise, una filial destinada a gestionar competiciones y derechos comerciales.
El plan pretendía atraer unos 20.000 millones de dólares mediante la venta de una participación a inversores encabezados por una firma vinculada a Joshua Kushner, hermano del yerno de Trump.
La oposición de las confederaciones obligó a Infantino a retirar la propuesta. La UEFA amenazó con emprender acciones legales y varias federaciones nacionales retiraron las cartas que apoyaban su reelección.
En ese triángulo de relaciones, Marruecos presenta una doble ventaja. Mantiene una alianza estratégica con Washington y ofrece a Infantino una base electoral en África.
España, por el contrario, mantiene un conflicto abierto con Trump y pertenece al bloque europeo que encabeza la ofensiva contra el presidente de la FIFA.
Gianni Infantino inaugurando la oficina de la FIFA en Rabat, en julio de 2025.
Los guiños a Marruecos
Infantino buscará un nuevo mandato el 18 de marzo de 2027. La elección se celebrará en Rabat, una decisión que ya representaba un gesto político hacia Marruecos antes de que estallara la crisis por el proyecto de privatización.
La capital marroquí acogerá a las 211 federaciones con derecho a voto. África reúne 54 asociaciones. Su apoyo ha resultado esencial para Infantino desde su primera victoria electoral en 2016.
Fouzi Lekjaa desempeña un papel central en ese entramado. Preside la Real Federación Marroquí de Fútbol, ocupa un asiento en el Consejo de la FIFA y ejerce como ministro delegado de Presupuesto dentro del Gobierno marroquí.
Su posición conecta directamente el poder deportivo con los recursos del Estado. Lekjaa figura además entre los principales dirigentes africanos que han mantenido públicamente su respaldo a Infantino después del fracaso de FIFA Forward Enterprise.
La respuesta contrasta con las retiradas de apoyo registradas en Europa. Para Infantino, conservar el respaldo africano puede compensar una parte de las pérdidas sufridas entre las federaciones de la UEFA.
Una final en Casablanca tendría, en este contexto, un valor superior al deportivo. Serviría para reconocer la fidelidad marroquí, reforzaría el liderazgo de Lekjaa y ofrecería a Infantino un argumento de enorme peso ante el electorado africano.
La lista de 'favores'
La relación entre la FIFA y Marruecos no comenzó con la actual crisis. Infantino ha concedido durante los últimos años una sucesión de torneos, estructuras administrativas y gestos institucionales que han convertido a Rabat en uno de los centros de poder del fútbol mundial.
El primer gran movimiento fue la entrada marroquí en la candidatura de 2030. Pedro Sánchez había planteado ya en 2018 una propuesta conjunta con España y Portugal durante una visita oficial a Mohamed VI.
Luis Rubiales habló entonces de la implicación del presidente del Gobierno. La oferta permitió a Marruecos regresar a la carrera mundialista después de cinco candidaturas fallidas para organizar las ediciones de 1994, 1998, 2006, 2010 y 2026.
El proyecto terminó tomando forma en 2023, cuando Marruecos sustituyó a Ucrania dentro de la candidatura que preparaban España y Portugal. Un año después, las 211 federaciones que conforman la FIFA ratificaron la designación tras la petición de aclamación de Gianni Infantino.
La decisión entregó a Rabat el Mundial que había perseguido durante tres décadas. También permitió a la FIFA presentar el torneo como una unión entre Europa, África y Sudamérica.
Algo decisivo para que Infantino agasajara a otro socio clave de la FIFA: Arabia Saudí. Con Europa, África y América (Norteamérica, por el Mundial 2026; y Sudamérica por los partidos inaugurales del 2030) fuera de juego, todo apuntaba a Asia para el Mundial 2034.
Arabia Saudí consiguió su Mundial sin oposición y por aclamación del organismo presidido por el dirigente suizo.
En enero de este año, Marruecos perdió la final de la Copa África ante Senegal (1-0). FIFA concedió el título continental a Marruecos alegando que la decisión de los jugadores senegaleses de abandonar temporalmente el terreno de juego durante 17 minutos en protesta por un penalti pitado era merecedora de suponer la eliminación.
Además, en diciembre de 2024, Infantino firmó el acuerdo para instalar en Rabat la principal oficina de la FIFA en África. El centro comenzó a operar en 2025 y se convirtió en una base para los programas de desarrollo, formación y cooperación con las federaciones del continente.
El propio presidente explicó que desde allí se diseñaría "el futuro del fútbol africano". La oficina acerca a Marruecos a los responsables que gestionan los programas FIFA Forward y permite al país albergar reuniones, seminarios y actos institucionales.
Marruecos también recibió la organización del Mundial de Clubes de 2022, disputado en febrero de 2023 en Rabat y Tánger, la tercera ocasión en la que el país acogía el torneo.
La concesión más excepcional llegó con el Mundial femenino sub-17. La FIFA eligió a Marruecos para organizar cinco ediciones consecutivas, desde 2025 hasta 2029, después de convertir la competición en un torneo anual con 24 selecciones.
La decisión garantiza al país una presencia continuada en el calendario internacional y rompe con el modelo habitual de rotación entre anfitriones.
A esos torneos se suman la apertura de instalaciones, los programas de formación y el acuerdo para construir campos del proyecto FIFA Arena en territorio marroquí.
Cada medida cuenta con una explicación deportiva o administrativa. En conjunto, sin embargo, dibujan una relación privilegiada que España no ha logrado igualar.
Pedro Rocha, durante la firma de la carta de intenciones para acoger el Mundial 2030.
La batalla decisiva
La final todavía no pertenece oficialmente a Marruecos. The Times atribuye la promesa a fuentes internas, mientras la FIFA sostiene que Infantino no ha ofrecido el partido a Casablanca para comprar apoyos electorales.
Existe además otro elemento de incertidumbre. La decisión personal de Infantino podría revisarse si el dirigente pierde las elecciones o abandona el cargo próximamente.
Sus adversarios dentro de la FIFA ya han advertido de que ningún compromiso informal resultaría vinculante para un sucesor.
España conserva argumentos sólidos. Dispone de grandes estadios, una industria futbolística consolidada, mejores conexiones con el mercado europeo y la condición de principal sede del campeonato.
La RFEF insiste en que liderará la organización. Pero los grandes torneos no se deciden únicamente mediante informes técnicos.
Las relaciones políticas, los equilibrios electorales y las alianzas entre federaciones condicionan las decisiones del Consejo de la FIFA.
Marruecos ha trabajado durante años mucho mejor que España para llegar a ese momento con un proyecto unificado. Cuenta con unidad interna, una federación integrada en la estructura del Estado, una alianza estratégica con Estados Unidos y una red de apoyos dentro del fútbol africano.
España afronta el mismo pulso con un Gobierno dividido, una relación deteriorada con Washington y una nueva crisis migratoria que ha vuelto a mostrar su dependencia de Rabat.
Pedro Sánchez participó en la incorporación de Marruecos al proyecto mundialista. Ocho años después, aquella decisión amenaza con ser el 'Caballo de Troya' y conceder a su socio el gran símbolo del torneo.
La final del Mundial de 2030 no está adjudicada. Sin embargo, la distancia que separaba al Santiago Bernabéu del estadio Hassan II se ha reducido y la balanza puede caer del lado marroquí.
