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Las claves

El 'popular' Juan Jesús Vivas lleva un cuarto de siglo presidiendo Ceuta. Pero estas últimas 48 horas seguro que las recordará como unas de las más duras de su mandato.

La ciudad autónoma ha sido el escenario de una llegada masiva de migrantes irregulares.

El miércoles, en conversación con EL ESPAÑOL, el ceutí ya advertía de que se precisaban "medidas excepcionales". Pero el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska contestaba, desde Madrid, que bastaba "con los medios que hay en la ciudad" para contener la avalancha.

"Hablo todos los días con todos los ministerios implicados, pero necesito un mando único", decía al inicio de la semana, cuando ya se acumulaban 1.000 jóvenes nuevos y el CETI ya tenía más gente durmiendo fuera que dentro.

Esa noche, Vivas ya no podía más. Y convocó de urgencia la Junta de Portavoces. Ya eran 1.800 los llegados a la ciudad autónoma. Y al día siguiente, por unanimidad, la Asamblea condenó la "lenta e insatisfactoria respuesta" del Gobierno central.

Era la primera vez, que se recuerde, que Vivas criticaba en público a un Ejecutivo español. Acababa de hablar con Sánchez por teléfono, y el presidente o no se enteraba de la gravedad de la situación, o no quería demostrarlo, explicó Vivas a su entorno.

"Sólo si viene él a la ciudad, podremos obligar a Marruecos a colaborar", explicó a los suyos, señalando por primera vez la responsabilidad de Rabat.

Finalmente, unos 60.000 marroquíes lograron rodear a nado el espigón de la playa de Tarajal -donde está ubicada la frontera- y entrar en el territorio español bajo la mirada prácticamente impasible de las autoridades de su país y la frustración de las españolas por no poder hacer nada para evitarlo. Además, lo ocurrido se ha cobrado la vida de al menos 34 personas.

Un 'polvorín' que podría volver a estallar en el futuro. Y es que, según declaró el líder local, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no le ha dado garantías de que la situación no vaya a repetirse.

"Después de lo que pasó en 2021, pensamos que no se iba a volver a dar y ha vuelto a ocurrir esto", lamentó el ceutí.

El caos que inundó la ciudad en tiempo récord -unas 36 horas- hizo que hasta ella se desplazaran Sánchez y Marlaska. Ambos con la intención de conocer de primera mano la situación y dibujar junto a Vivas la hoja de ruta a seguir para acabar con ella cuanto antes.

Insultos a Sánchez a su llegada

Ambos llegaron en helicóptero y con la misma banda sonora de siempre: "Pedro Sánchez, hijo de puta"; "Pedro Sánchez, dimisión". También con la denuncia de los afectados, quienes gritaban que "Ceuta no se vende".

Según las autoridades, la avalancha de inmigrantes se debió a una sentencia reciente del Tribunal Supremo (TS) que sostiene que aquellos que lleguen a nado a las costas españolas -a pesar de ser de forma irregular- no podrán ser extraditados. Esta noticia se habría corrido como la pólvora a través de redes sociales, desembocando en la llegada masiva de marroquíes.

Tras un encuentro de poco más de media hora con Vivas, Sánchez compareció junto a Marlaska en el Salón del Trono del Palacio de la Asamblea de Ceuta -el ayuntamiento-.

Ni rastro del ceutí durante la rueda de prensa por "razones logísticas". Oficialmente, tenía que "estudiar qué había dicho el presidente nacional". En el fondo, estaba muy molesto, como demostró, una hora después, cuando salió él a hablar en público.

Medidas

En su comparecencia, Sánchez denunció que lo vivido en Ceuta se trataba de un "ataque a la integridad territorial española" y anunció que usaría "todos los recursos" para garantizar la seguridad.

En unos 20 minutos, el jefe del Ejecutivo dictó cuáles eran las soluciones para acabar con el conflicto.

La más llamativa de todas, unas boyas colocadas en el espigón con las que se creará "una barrera de contención. Una barrera física, en términos al menos visuales, para que desde el punto de vista administrativo se pueda facilitar el retorno a la frontera, dando por tanto cumplimiento" a lo dictado por el TS.

También "agilizar todo lo relativo a los expedientes y la repatriación de los migrantes que han entrado de manera irregular, fundamentalmente desde el pasado jueves".

El socialista tampoco se olvidó de sacar pecho sobre la "inversión en materia de seguridad" del Gobierno central en la ciudad autónoma.

"Un 10 % en la Guardia Civil y la Policía Nacional, combinados con el despliegue de las Fuerzas Armadas del Ejército de Tierra y el aporte de la Armada". Todo esto "para garantizar la tranquilidad y seguridad de Ceuta y la de sus vecinos."

Estas fueron las medidas que ofreció el Ejecutivo central al ceutí. Ni rastro de la activación del Plan de Emergencia Nacional que tanto ha pedido el presidente de la ciudad y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Un dispositivo que hubiese permitido el despliegue del ejército en el territorio y un mayor control de la situación.

La "extrema vulnerabilidad de Ceuta"

El caos que ha inundado el territorio ha dejado patente, una vez más, la "extrema vulnerabilidad" de la que es la "única frontera terrestre de Europa con África" y sus "estrechas espaldas".

En palabras de Vivas, lo vivido ha sido la prueba de que "Marruecos utiliza a su gente para desestabilizar España", una postura que no va en sintonía con la de Sánchez.

En su comparecencia, el presidente comparó la situación que se vivió en 2021, después de que el país acogiese al líder del Polisario, con la que ha atormentado a los ceutíes durante las últimas 48 horas. Y, según él, sí hay diferencias en el comportamiento de las autoridades vecinas.

Mientras que durante la avalancha de hace cinco años los agentes marroquíes actuaron con total pasividad, en esta ocasión el secretario general del PSOE les ha "agradecido su voluntad de cooperar para que se materialicen cuanto antes las repatriaciones" de aquellos inmigrantes que no se han ido por su propio pie.

Alrededor de 40.000 han vuelto voluntariamente

Y es que hay que destacar que alrededor de 40.000 personas han decidido volver a su país voluntariamente, según los locales, "porque llevaban un día sin comer ni beber nada".

El caos que asoló la ciudad -con la llegada masiva de familias con sus hijos, jóvenes solos o en grupos- hizo que "los vecinos de Ceuta decidieran cerrar sus comercios y permanecer en sus casas por miedo a lo que pudiera pasar".

Al final, en las calles solo quedaban marroquíes vagando a sus anchas y militares y agentes de Policía Nacional, Guardia Civil desperdigados por algunas zonas de la ciudad.

Finalmente, tras días de tensión, Ceuta recupera muy poco a poco la normalidad, aunque las heridas políticas y sociales siguen abiertas.