Las claves
nuevo
Generado con IA
Vivimos en una época atravesada por la aceleración tecnológica, la sobreinformación y la incertidumbre. Ante este escenario, la pregunta no es solo qué deben aprender hoy niños y adolescentes, sino —quizá más importante— qué tipo de personas queremos que lleguen a ser. Ya lo señaló Aristóteles: no investigamos para saber qué es la virtud, sino para llegar a ser buenos. La virtud no es un talento innato, sino un hábito que se cultiva. Educar, por tanto, es acompañar ese proceso de formación interior, convertir valores en hábitos y pensamiento en acción.
En la misma línea, Nuccio Ordine defendía que invertir en enseñanza y en cultura significa educar a los jóvenes en el respeto a la justicia, la solidaridad, la tolerancia y la democracia. Una inversión que mejora el crecimiento económico y civil de un país. Sin embargo, la obsesión por preparar a los alumnos para un futuro incierto puede hacernos olvidar lo esencial, esto es, ofrecerles fundamentos sólidos en el presente. La educación no es anticipación ansiosa, sino construcción paciente de identidad, pensamiento y criterio. “El conocimiento no es una cantidad, sino una búsqueda”, reflexionaba Rodari.
El valor de la educación
En este contexto, la elección de los métodos y herramientas con los que trabaja una escuela no es una cuestión baladí. Las tecnologías pueden complementar el aprendizaje, pero no sustituir los procesos madurativos que requieren tiempo, reflexión y experiencia. La velocidad, tan celebrada en otros ámbitos, es ajena a la educación profunda. Cultivar habilidades en los alumnos requiere que el aprendizaje sea activo, real, donde el alumno sea verdaderamente el protagonista de su aprendizaje y para ello es necesario darle voz, porque en esta se encuentra su relevancia como ser humano, como defendía Aristóteles. Hoy más que nunca, la escuela debe proporcionar a los alumnos lo que la sociedad no les ofrece, como la lectura reposada, el sosiego para aprender y pensar, tiempo para elaborar y cultivar su mente, etc.
Espacios exteriores del colegio “Estudio” en Infantil
Howard Gardner apuesta por cultivar “las cinco mentes del futuro”: disciplinada, sintética, creativa, respetuosa y ética. Estas habilidades requieren modelos educativos que fomenten la reflexión, la integración de diversos ámbitos del saber, la capacidad de filtrar la sobreabundante información, la creatividad y la flexibilidad para encontrar nuevas soluciones y el compromiso con el entorno.
Por ello, lo relevante es qué elegimos enseñar y cómo. Señalaba Ortega que “no podemos vivir humanamente sin ideas. De ellas depende lo que hagamos, y vivir no es sino hacer esto o lo otro.” Los alumnos se superan cuando se enfrentan a retos cognitivos, emocionales y sociales en los que deben aplicar estrategias y habilidades. Estas habilidades de pensamiento crítico y ético son más esenciales que nunca, en un mundo donde la verdad queda, a menudo, relegada por el relato y donde no hay espacio ni tiempo para el sosiego que requiere pensar. “Lo esencial es potenciar el desarrollo de la mente, el enriquecimiento de la persona, la capacidad de integración de lo social y la facultad de adaptación a cambios imprevisibles del futuro”, defendían las fundadoras del colegio “Estudio”.
Cuando la innovación es volver a lo esencial
En este escenario, el proyecto educativo del colegio “Estudio” reivindica una innovación donde los conocimientos han de tener sentido hoy. Lo realmente innovador en educación, para “Estudio”, es leer en papel, el trabajo con las manos, pensar y desarrollarse en contacto con los entornos naturales para pensarse, conectarse y aprender a mirar el mundo sin vulnerar lo que somos, lo que nos humaniza.
Cuaderno de un alumno del colegio "Estudio"
Por eso en el colegio, los alumnos elaboran sus propios materiales, cuadernos y ficheros que les ayudan a desarrollar habilidades como ordenar, clasificar, encuadernar, numerar o trabajar el gusto estético. Esta forma de aprendizaje exige comprensión de los contenidos, capacidad de resumir, identificación de la información esencial, comparación, esfuerzo de atención, búsqueda de información complementaria, elaboración de dibujos, mapas y reproducciones de edificios u obras de arte para ilustrar el contenido.
Para cultivar esa mirada, los profesores ponen en contacto a los alumnos con textos referentes y esenciales de nuestra cultura y los guían en la comprensión de su significado. “Nos afanamos porque aprecien que sus conocimientos están integrados en su vida, que no son cosa aparte”, señalaba Jimena Menéndez Pidal, una de las fundadoras del colegio. Los paseos en la naturaleza, el descubrimiento de la ciudad en los textos literarios, en las huellas históricas y en los monumentos, la recreación teatral, el dibujo del natural, la investigación en el laboratorio, los libros como fuente de consulta, etc., son esenciales para configurar la propia mente y para conocer nuestro acervo cultural.
Una de las seis bibliotecas del colegio “Estudio” Valdemarín
“Todo lo inteligente ya ha sido pensado, solo hay que intentar pensarlo una vez más”, sugería Goethe. Lo que la neurociencia avala en la actualidad era, para las fundadoras del colegio “Estudio”, un valor irrenunciable, como la elaboración de los propios cuadernos con la escritura a mano o la dedicación diaria a la actividad física y deportiva, el contacto con el entorno natural, el trabajo manual, la lectura de múltiples fuentes, etc.
El colegio se convierte en un espacio donde tienen lugar experiencias significativas, como los trabajos o proyectos que elaboran los alumnos, donde los mayores comparten el conocimiento con los alumnos pequeños en los laboratorios o en las actividades que integran a alumnos de las diferentes etapas. Metodologías y conceptos pedagógicos relevantes en la actualidad, como la evaluación continua, la enseñanza a través del juego, la matemática manipulativa, el trabajo colaborativo y cooperativo, la realización de proyectos que integran varios ámbitos de conocimiento, el aprendizaje experiencial, la educación en valores o la potenciación de la creatividad del alumno, ya fueron desarrollados por “Estudio” desde sus inicios.
Educación para un mundo global
En un mundo tan cambiante, la flexibilidad intelectual y emocional se convierte en una competencia clave; debemos “sentirnos cómodos con lo desconocido”, defiende Harari. Conocer otras culturas, abrirse a perspectivas diversas y comprender la complejidad global es una necesidad, no un complemento. Por ello, en “Estudio” promueven viajes e intercambios internacionales (Bruselas, Washington, París, Praga, Marsella, Roma, México, Sídney o Copenhague), una ocasión única para conocer y relacionarse con alumnos de otras nacionalidades y culturas. El colegio también ofrece la participación en eventos nacionales e internacionales de simulación del Modelo de Naciones Unidas, como el evento RYSMUN en Dinamarca, o la participación en varias experiencias MUN en España para formar a los alumnos en la relevancia que tienen las relaciones internacionales y donde sus alumnos obtienen excelentes resultados. Todas estas experiencias permiten a los alumnos desarrollar pensamiento crítico, habilidades sociales y conciencia global.
Tal vez ahí resida el verdaderopropósito de la educación: volver a pensar con rigor y serenidad, qué significa formar personas libres, críticas y éticas arraigadas en el presente para poder comprender el futuro. “Cultura es lo que salva del naufragio vital, lo que permite al hombre vivir sin que su vida sea tragedia sin sentido, explicaba Ortega.
